
Guillermo Ochoa-Montalvo
Querida Ana Karen, El mundo es una pequeña isla en el Universo donde las personas terminan encontrándose unas a otras en cualquier momento y en cualquier lugar. La casualidad no existe, los encuentros son causales no casuales.
Uno siempre conoce a alguien nuevo por alguna razón inmediata o posterior, pero siempre existe un motivo en todo encuentro. Pedro Domínguez se entretenía interpretando viejas melodías de blues y boleros desde un rincón de la cafetería del parque de Tonalá a una hora de la noche en que todas las mesas permanecían vacías. Quizá en otros años, este lugar haya gozado de una excelente vista hacia el parque central de Tonalá, pero ahora, la proliferación de puestos semifijos sobre la banqueta obstruye la vista y sólo permiten ver el metal gris y deslucido de los comercios improvisados.
A pesar de ello, decidí cenar en ese lugar atraído por la música y la tranquilidad de verme sólo. A cada acorde final le correspondía con un aplauso como si se tratara de un gran concierto. Pedro Domínguez inclinaba la cabeza en muestra de agradecimiento y así mantuvimos un prolongado diálogo entre músico y melómano.
Con una interpretación de Luis Alcaraz concluyó su rutina. Eso era todo por esa noche. Se acercó a saludar con especial cordialidad mientras se disculpaba por no ser un excelente músico sino apenas un modesto apasionado de la música y los instrumentos a quien sus padres le negaron la oportunidad de estudiar en el Conservatorio. Él deseaba ser como el famoso Pedro Domínguez Castillo de la agrupación “Son Marabú”. Grabando sus canciones ignoré la grabadora para sorprenderme más tarde con su conversación completa en la cinta magnética.
El clima no puede faltar en ninguna conversación entre recién conocidos, así que me comentó que el calor de Tonalá, por estos días, estaba insoportable. “Tampoco es muy grata la temporada de huracanes, por supuesto; en mayo inicia la temporada de Huracanes, y ya veremos cómo nos va”, me dijo como recordando algo.
“Fíjese que hace como 15 años tuvimos una racha de vientos y aguaceros incontenibles. Yo caminaba por el extremo opuesto a mi casa cuando las ráfagas de viento empezaron a empujarme con fuerza al grado de no poder sostenerme en pie. Quise avanzar bajo la tormenta cuando sentí que algo me goleaba en el pecho, pero continúe caminando hasta refugiarme bajo el porche de una casa. Ahí, me di cuenta que llevaba un enorme papel pegado al pecho. Lo desprendí pensando que se trataba de alguna propaganda comercial cuando descubrí que era una fotografía de estudio. Lo más increíble es que se trataba de un retrato mío de cuando tenía 17 años, casi en la época en que llegué a vivir a Tonalá”. “Este incidente me hace pensar en los mensajes ocultos que la vida nos brinda. Pero hasta ahora, no sé cómo pudo llegar hasta mí esa fotografía”
“Debo decirle que de eso que le comento ya llovió. Vivo en Tonalá desde hace 50 años y en ese tiempo he visto transformarse este pueblo en ciudad de la misma forma en que he presenciado su época de auge, así como su descenso. Llegué en la mejor época del ferrocarril a trabajar en una tienda que abastecía a sus trabajadores. El traslado de productos agrícolas, ganado, camarón y transmigrantes era intenso. El ferrocarril era prácticamente lo único que nos vinculaba al centro del país. Nuestro enlace con la civilización.”
“Salí de Piedras Negras, Veracruz muy joven, dejando atrás a mis padres. ¿Conoce Piedras Negras? Esta cerca de Córdova”. Asentí con la cabeza, pero no quise hacer mayor comentario acerca de su pueblo y mucho menos de Córdova donde conocí a Dante Delgado cuando pretendía la alcaldía de ese municipio. Así que preferí escucharlo sin interrumpir.
“Pues en la época dorada del café, Tonalá disfrutó también de esos beneficios. El dinero fluía como agua en manantial. Luis Echeverría estaba dispuesto a duplicar y hasta triplicar la producción del aromático e instruyó al titular de esa área a superar la cosecha. Como el ingeniero no aceptó el reto, entonces nombró a Fausto Cantú Peña con quien se alcanzaron metas insospechadas.
“¡Claro! A ello contribuyó una helada en Brasil en 1975 que elevó los precios del café durante 1976 y 1977. Gracias a la intervención estatal y al INMECAFE, los precios que recibían los pequeños se triplicaron; eso de las heladas de Brasil y el alza de precios ya había sucedido en 1953 y luego en 1998”.
“Con el INMECAFE en los años setenta y ochenta, la cafeticultura campesina da un gran salto y convierte a México en el cuarto productor mundial de café. Mientras duró el sistema de cuotas en el mercado internacional el volumen principal de café exportado era realizado por el mismo gobierno mexicano. Entonces sólo existía un reducido grupo de comercializadores y exportadores de la iniciativa privada”.
En Chiapas, el gobierno creó las UEPC’s (Unidades Económicas de Producción y Comercialización), mediante las cuales el INMECAFÉ desarrolló su política hacia el cultivo y la comercialización del grano. Estas Unidades agrupaban a los cafetaleros de cada localidad y a ellas el Instituto destinaba los recursos para financiar la producción, brindar asesoría técnica y acopiar el café en forma de pergamino; y fueron el mecanismo mediante el cual se promovió un paquete tecnológico basado en el monocultivo y en el uso de insumos químicos para el control de malezas, plagas y enfermedades y para la fertilización del suelo.
“La tragedia del café para mi gusto, dice Pedro Domínguez, inicia en 1972 con la Ley de Torrefacción, la cual regula la elaboración y venta de café tostado en grano, molido, instantáneo, granulado y pulverizado dando ventaja a marcas cono Nescafé, Oro y otros similares.”.
“Esta ley no exige que el contenido de café sea total, y tampoco es clara en torno a la calidad. La ley debía señalar que las presentaciones del aromático especificaran en el etiquetado el contenido del producto, ya que en la elaboración del soluble se han utilizado semillas de garbanzo y habas, pero se desconoce su composición real. Un amigo dice que, si la gente consumiera un buen café, el mercado estaría asegurado. Pero esa costumbre no existe y por eso es tan limitado el consumo. Las empresas productoras de café soluble recurren a importaciones del aromático de países como Indonesia, donde se cultivan las plantas más corrientes”.
El comentario me recuerda la reunión del Consejo Mexicano del Café en Inglaterra en donde el Senador Fidel Herrera Beltrán acudió a invitación del Consejo Mexicano del Cate, a las reuniones de la Organización Internacional del Café en Londres, Gran Bretaña. Guarde silencio para seguir escuchando.
“Ahí, Roberto Giesemann S., presidente ejecutivo del Consejo Mexicano del Café, el embajador José Aguilar Salazar, Fernando Celis Martínez, Marco Miguel Muñoz Ruiz y Rodolfo TrampeTaubert ratificaron que México seguiría representando a Cuba, Guatemala, Ecuador y Jamaica en dicha Junta”.
“Pero también se acordó a exhortar al Consejo Internacional del Café para que resolviera autorizar al director ejecutivo, Dr. Néstor Osorio, que solicitara oficialmente 5 puntos: a) el reingreso de los Estados Unidos de América a la Organización Internacional del Café. b) acelerar la ratificación del Convenio Internacional del Café 2001 en el caso de varios países, particularmente Rusia y Guatemala, que no han culminado sus procesos legislativos. c) impulsar el proyecto de promoción del consumo de café en países productores, que en mayo de 2002 fue sometido por México. d) Continuar las acciones para el aumento al consumo del café en Rusia y China, que han mostrado avances satisfactorios. e) autorización para apoyar con recursos económicos al Instituto de Estudios del Café de la Universidad de Vanderbilt, en investigaciones sobre los beneficios que el café tiene para el tratamiento de enfermedades como el Alzheimer, la depresión y el alcoholismo y f) elección de Papúa Nueva Guinea para la Presidencia y de México para la Vicepresidencia de la Junta Ejecutiva, en el año cafetalero 2002/2003”.
“En esa reunión de septiembre del 2002, México anunció la puesta en marcha de un sistema informático que identificará todas las operaciones comerciales que se lleven a cabo en los ciclos cafetaleros, y el compromiso de cumplir con el Programa de “Retiro de Café de Baja Calidad”. Además, en el seno del Consejo Internacional del Café se acordó también la creación del Grupo de Países Productores de Café
Arábicos Lavados, así como la propuesta de este Grupo a la Asociación de Cafés Finos de los Estados Unidos (SCAA) para establecer un contrato de largo plazo en cafés de alta calidad, que permita diversificar los conductos comerciales en las operaciones del mercado de café de Nueva York”.
Los comentarios acerca del café me llegan justo cuando acabo de leer una nota que sostiene que “El Ejército
Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), en Chiapas, y el Ejército Popular Revolucionario (EPR), en Guerrero, aglutinan a 99% de los productores de café, que también han tenido que recurrir al cultivo de amapola y marihuana para obtener mayores ganancias. El año de 1989 fue clave para las trasnacionales con la desaparición del INMECAFÉ. En ese entonces se distribuyeron los mercados de exportación. Empresas como Rothfos AG., DE & F Man, Volkart, Cargill, J. Aron, Rayner, Bozzo, Sueden, Philip Morris, Nestlé, Procter & Gamble y Sara Lee reestructuran el mercado de exportación en esa fecha. El reacomodo fue tal que ya no es la Organización Internacional del Café (OIC) la que regula el precio en el mercado, sino estos conglomerados a través de la bolsa de valores”.
“Pero mire usted lo que son las cosas”, me dice Pedro Domínguez, “La situación del café hoy es grave y se resiente en todas partes. Este restaurante es ahora de mi hija, lo fue también de mi cuñado Miguel Palencia Padilla, tío de Ramón Gutiérrez Gasparín un hombre de talento, trabajador y emprendedor a quien usted debe conocer allá en Tapachula” “El (Ramón) es un hombre ejemplar, tanto como su esposa, son gente de bien por eso siempre logran lo que se proponen”. Le sorprende saber que la esposa de Don Ramón acababa de fallecer y apenas puede contener el impacto que le produce la noticia.
“Mire usted, mi cuñado Miguel fundó la Cruz Roja en Córdova, más tarde la creó en Piedras Negras y al final no se conformó con dedicarse a sus negocios y fundó la Cruz Roja en Tonalá. Esa fue su vocación, su misión en la vida. La institución lo condujo a la quiebra de sus negocios y también a la muerte, que encontró al acudir al auxilio de unos accidentados. Al bajar de la ambulancia un automóvil lo arrolló. Esas son las paradojas de la vida. Por la Cruz Roja dio su fortuna y su vida, literalmente”.
Las anécdotas de vida se suceden unas a otras mientras compartimos la mesa tras cinco o seis cafés. Pedro dice no ser un músico profesional. Quizá no lo sea, pero este hombre acaricia el teclado con el corazón y de ahí logra interpretar a toda una generación en la música del bolero, el blues y el jazz.
La conversación ha retornado al tema de la música. Me invita a sentarme a su lado mientras interpreta diversas melodías que voy reconociendo por su título y compositor. Su rostro se transforma hasta adquirir una expresión casi infantil. Sonríe al sentir la música y sé que esas notas llevan la nostalgia de las mejores épocas en Tonalá y Chiapas. Una añoranza que se mantiene de la misma forma en que los recuerdos perduran, en que la gente se encuentra en algún momento y en algún lugar, como esa fotografía pegada al pecho como significando del encuentro con uno mismo, con su propia historia. La música nos hace olvidar el transcurso del tiempo, evocar a quienes nos legaron esa herencia musical es también una cuestión de amor.


