
José Antonio Molina Farro
José Saramago, premio Nobel de Literatura 1998 dice: vivir en armonía con nuestra propia conciencia, con nuestro entorno, con las personas que se quiere, con los amigos. La armonía es compatible con la indignación y la lucha. Por eso es preferible hablar de armonía y no de felicidad, porque esta última es egoísta. La felicidad es ciega e ingenua, y niega todo aquello que no la sostenga. Es utópica y egoísta, solo piensa en sí misma. Vivir en armonía no niega el no tener conflictos sino convivir con ellos con serenidad.
Armonía, en la mitología griega era la diosa de la concordia y de la unión entre personas, la unión entre el amor y la guerra. Encarnaba la paz y el equilibrio, y su equivalente romano era la Concordia. Armonía no sobrevive solo en las buenas, también en la mala. Es amor y guerra. Esencial para vivir con serenidad. Permite el equilibrio, la paz, la moderación, antagónica de la discordia, la ruptura y el conflicto.
APATHIA. La ausencia de pasiones irracionales o perturbaciones emocionales en el alma, eran el objetivo de pensadores estoicos como Séneca, Marco Aurelio y Epicteto. Liberarse de las pasiones por medio del autocontrol. La alegría por actuar con virtud y la voluntad de hacer el bien. Ellos lo llamaban eupatheiai, pasiones racionales.
ATARAXIA. Tranquilidad mental. Lo decía Epicuro, la felicidad se encuentra en la ausencia de dolor (aponia) y la ausencia de perturbación mental (ataraxia). Nos advertía contra deseos innecesarios o no naturales como la riqueza material, la fama y el poder.
EUDAIMONÍA. Saramago encaja con Aristóteles, apostar por aquélla armonía que nos permite convivir con los problemas. Es el florecimiento de un ser humano, y se alcanza usando la razón, deseando el bien por el bien, deseando el amor por el amor, deseando la paz por la paz, sin que el egoísmo pueda entrar en escena.
P. S. Las referencias a Saramago tuvieron su inspiración en la siempre bien valorada Celia Pérez León.
EDUARDO RAMÍREZ AGUILAR. El prestigioso columnista Salvador García Soto hizo una disección minuciosa del periodo de gobierno 2018-2024. “Los chiapanecos vivieron un periodo de inseguridad y violencia narca que ´transformó´ la vida del territorio chiapaneco por la presencia del Cártel Jalisco Nueva Generación, cuyos líderes locales recibían protección e impunidad desde el gobierno estatal…”.
En diferentes contextos hace referencia a Valdovinos Mendoza, a Nemesio Oseguera “El Mencho”, a Sinar Corzo y su artero asesinato, a Ismael Brito Mazariegos; las fuertes presiones y amenazas al ex alcalde de Arriaga David Parada. También hay referencia al ex munícipe de Cintalapa Ernesto Díaz. Adán Augusto no sale bien librado por el columnista. La Barredora, Hernán Bermúdez, José Manuel Cruz Castellanos, todos ellos también referidos en la columna.
Sin ditirambos el muy connotado periodista dice: “Tras las elecciones de junio de 2024 y el triunfo del hoy gobernador Eduardo Ramírez Aguilar, la impunidad de la que gozaron los grupos criminales en el sexenio de Rutilio Escandón se terminó. Llegado al cargo con el discurso de acabar con la narcoviolencia que asfixiaba a Chiapas y con la impunidad de los criminales, Ramírez Aguilar comenzó a dar golpes contundentes contra el CJNG y su influencia en el estado”.
García Soto también se refiere a la detención de delincuentes generadores clave de la violencia en Chiapas.
Los chiapanecos, en su mayoría, sabemos apreciar y valorar la firme determinación de ERA por consolidar la ansiada paz social en Chiapas, acompasada de un crecimiento económico distributivo. Gobierna en diferentes frentes y con visión integral. Lo está logrando con la participación ciudadana. Ha hecho ajustes en su equipo, creo seguirá haciéndolos. ERA se ha ganado a pulso el reconocimiento de sus paisanos.
Encuestadoras de alto prestigio también lo han reconocido. Y es tanto lo que falta por hacer.
P. D. “Es preferible tenerlos dentro de la tienda para que orinen de dentro para afuera y no de fuera para adentro”. Lyndon B. Johnson


