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Los Javieres y un general… / Columna vertebral

Los Javieres y un general… / Columna vertebral
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Raúl Vera

Se fue uno de los protagonistas del conflicto entre los dos Javieres del gabinete del general de división Absalón Castellanos Domínguez, gobernador de Chiapas, 1982-1988: Javier López Moreno y Javier Coello Trejo.

Desde el inicio, la designación del general de división Absalón generó oposición. Lo poco que se sabía de él estaba asociado a la masacre de campesinos de Golonchán, ocurrida el 15 de junio de 1980, en la que participaron elementos de la 31.ª Zona Militar, entonces bajo su mando.

En aquel tiempo, al Ejército se le abrían espacios mediante candidaturas y cargos públicos. Hoy, en cambio, ya ni siquiera necesitan las urnas: se les entrega el control de obras, aduanas, trenes, aeropuertos y negocios cada vez más turbios.

El otro mérito era su linaje: como en las viejas monarquías, se invocaba su condición de nieto del prócer Belisario Domínguez. Pero, más allá de esa herencia familiar, no se le reconocía trayectoria política ni mérito propio alguno.

Para equilibrar su gobierno, nombró a Javier Coello Trejo, el “fiscal de hierro”, como secretario general de Gobierno; y, en la Secretaría de Educación, colocó a Javier López Moreno para atender la insurgencia de la CNTE. Hasta entonces no sabíamos de los grandes negocios que, desde siempre, ha logrado la inquebrantable dirigencia de líderes proletarios —puño izquierdo en alto— convertidos en poderosos empresarios, propietarios de casonas, desde Ancheita Bringas hasta Pedro Gómez Bamaca.

Los años 80 fueron marcados por los movimientos magisterial y campesino, en un Chiapas donde no hay más que eso, pues no hay industria. Así que el general, por un lado, trataba de negociar con la CNTE por vía de Javier López Moreno —clásico priista de verbo ágil y dicharachero—, mientras encomendaba a Javier Coello Trejo el trato con garrote para los movimientos campesinos; quien no dudaba en desalojar y soltar macanazos a quien se insubordinaba.

En lo que ahora es Canal 10 existe un espacio en la videoteca, en el que se resguarda la memoria de desalojos a ranchos y pequeñas propiedades. Sería bueno buscar esos cassettes.

El general Absalón era presa de todo tipo de motes y apodos por parte de los chiapanecos, entre otros: “el Rayo-Vac”, porque andaba de feria en feria coronando reinas; también le apodaron “el semáforo de Juan Crispín”, porque nadie le hacía caso.

Ante la ausencia de poder y el vacío político, los dos Javieres se la pasaban echando pleito. Lo cierto es que, entre los tres, conformaban una visión arcaica que abonó al atraso económico del estado: por un lado, Absalón, un gobernador de estirpe ganadera; por otro, Javier Coello, abogado de mano dura; y, para concluir, Javier López, abogado político que, a la postre, terminó siendo gobernador, pero que solo se dedicó a repartir dinero entre los dirigentes.

Javier Coello Trejo fue señalado por varios líderes populares de dirigir personalmente las torturas. Daniel Fernández Simón, dirigente estudiantil del movimiento por bajas tarifas del transporte urbano en Tuxtla, en 1982, platicaba que Javier Coello Trejo lo torturó personalmente, lastimándolo en una herida que tenía en la rodilla derecha.

Javier Coello Trejo aplicó la ley y, también, las leyes no escritas del poder en Chiapas, un estado que, en esos años, acarreaba un rezago histórico en el reparto agrario, fenómeno al que se señalaba como una causa del atraso económico de la entidad.

Cabe señalar que, para 1995, se habían repartido 255 mil hectáreas sin que este reparto haya mejorado las condiciones de vida y, por el contrario, la pobreza se ha profundizado.

Las prácticas de represión no pararon con la salida del gobierno de Javier Coello Trejo. Es famosa la foto donde se ve a un policía a punto de golpear con la culata del rifle al fotográfo  Fabricio León, del periodico la Jornada, 1985,  mientras era secretario general de Gobierno Daniel Sarmiento Rojas.

El otro lado de la moneda fue Javier López Moreno. Tanto en su primer cargo como secretario de Educación, como en su gobierno de diez meses, reinó el desorden y el reparto de dinero. Era famosa la imagen de los líderes sociales con su camioneta Cheyenne, su gran chequera y su botella de whisky. Un día le preguntaron sobre una posible caída del sistema de cómputo del Instituto Electoral: “El sistema está preparado para caídas, porrazos y trancazos”. En su gobierno, que sustituyó a Elmar Setzert Marseille, anunció 10 mil obras construidas en diez meses; algo que nadie vio. Hasta hoy día, en Chiapas…

Con Javier López Moreno dieron inicio los diálogos para pacificar la zona zapatista, pero también, con él, comenzó el reparto de dinero a líderes, cosa que se institucionalizó con la llegada de miles de millones de pesos a Chiapas para acabar con “las causas estructurales” del levantamiento. ¿Le suena conocido el argumento? Es el mismo que se sigue usando. Bajo esta idea, llegarían a Chiapas los recursos equivalentes a un “Plan Marshall y medio”, según datos del doctor en Economía Jorge López Arévalo: unos 95 000 millones de dólares en 30 años, desde el levantamiento de 1994.

“Las causas estructurales” ahí siguen, y también una buena cantidad de nuevos ricos, todos salidos del gobierno del estado o de las ONG que se declaraban zapatistas.

Una vez le escuché al exgobernador Patrocinio González Blanco: “La pobreza es una gran fábrica de millonarios”. Creo que en eso se puede resumir esa etapa que dio inicio con la batalla de los dos Javieres y un general…

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