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La tempestad / La Feria

La tempestad / La Feria
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Sr. López

Una tía de la que es prudente reservar el nombre, del lado de Autlán, enviudó con cinco hijas y las cinco salieron muy bravas para eso del pantalón, unas redomadas güilas, aparte de que esa tía, también tuvo sus historias (varias). Alguna vez la tía dijo a la abuela Elena que ella nunca supo nada de sus hijas, y le respondió: -Pues entonces eres muy bruta -enmudeció el palenque. 

La presidenta Sheinbaum, trae todo el tiempo en la boca (aparte de la lengua), la palabra soberanía. Es machacona: “la soberanía de México no se negocia, no se vende, la patria se defiende”. Y no deja el tema: “colaboración no subordinación” con los EU (el Trump), “intervención extranjera, no”. Y ya encarrerada, encantada de oírse a sí misma, también ha dicho: “¡la soberanía por encima de los intereses neoliberales!”. ¡La marcha de Zacatecas!, ¡el himno nacional!… ¡viva, viva!

Por supuesto este su texto servidor, sufriría un torzón, un sofoco, una grave inflamación del hígado, si los EU, otra vez nos violaran la soberanía, una vez más. ‘Yankees go home!’

Pero, hay que estar alertas, pueblo, patria, soberanía, son palabras de uso fácil que pueden ser voces vacías, ‘flatus vocis’, como decía sobre los universales, el nominalista Roscelino de Compiègne (1050-1125)… este menda siempre al día… pero, no nos desviemos, aquí importa saber si doña Sheinbaum, sabe de qué va eso de la soberanía y a lo que se arriesga.

El Trump, es un deslenguado que le podría recordar a nuestra Niña Heroína, que cuando políticos y gobernantes,están coludidos con el crimen organizado que manda drogasy trafica con personas que introduce ilegalmente a otro país, se viola la soberanía de ese otro país. Los EU que bien pueden alegar que nuestro actual gobierno cuatrotero, está violando su soberanía, porque la está violando.

Cuando los criminales de un país actúan sin la complicidad de los gobernantes, se trata de actos criminales, no de la violación de la soberanía de otro país. Es distinto.

No se ha dado cuenta doña Sheinbaum que los EU (no el Trump), le están tendiendo la cama. Dejaron muy claro desde el año pasado que nuestro gobierno, este, el transformador, mantiene una “alianza intolerable” con el crimen organizado al que proporciona “refugios seguros”.

También han dicho los EU que su gobierno (el de Sheinbaum), no hace lo suficiente: no se contenta el tío Sam con narcos de monte… no, porque es del todo imposible la escala del crimen organizado mexicano, sin la complicidad de políticos y gobernantes (no todos, tampoco, pero sí los necesarios). Nada más piense usted que esas organizaciones criminales tienen  más integrantes que Pemex, la cadena Oxxo y la Guardia Nacional con sus 130 mil soldados (que eso son), frente a entre 175 mil y 200 mil criminales muy bien organizados que hemos de creer, viven escondidos, ¡sí, cómo no!

Tal vez no sepa doña Sheinbaum, que se le acaba el tiempo. Los EU no aflojan con el tema y nuestra Presidenta está en la disyuntiva de desmantelar la protección política al crimen organizado o esperar acciones unilaterales del país vecino… no, no nos van a invadir, pero sí pueden destapar el podridero, ofrecer recompensas por no pocos políticos y gobernantes, abrirles expediente judicial y exigir su extradición… ¿Qué va a decir la señora del segundo piso, que pide pruebas?… sí, eso va a decir y se instalará ella solita en cómplice, protectora. 

Dios nos guarde. Los EU no respetan pelo, color ni tamaño y México está en sus manos, en lo del T-MEC y porque tenemos reservas para menos de una semana de gasolinas y gas. ¡Espabile, señora!

Hasta aquí lo de la gallarda defensa de nuestra soberanía, de parte de doña Juanita Escutia frente a las amenazas yanquis. Muy bien. Es su papel (y le sirve para envolverse en la bandera). Pero sería de desear que la señora defendiera nuestra soberanía perdida en amplias regiones del país, de parte del crimen organizado. ¿O va a pedir pruebas?

A lo largo del año pasado y este, el tal Trump ha insistido en que el crimen organizado “controla porciones significativas del territorio mexicano”. Bueno, eso es perder soberanía.

Supongamos que no es en “amplias porciones”; supongamos que de veras, los homicidios ya son casi rareza, gracias al ingenio de doña Sheinbaum; supongamos que no hay 132 mil 534 desaparecidos en México; supongamos que no hay 72 mil cadáveres sin identificar en las morgues del país; supongamos que no se han encontrado más de 4,500 fosas clandestinas; supongamos que no hay decenas de miles de restos humanos sin identificar; supongamos que lo del huachicol fiscal, el robo de petróleo y el contrabando de combustibles, se exageró y ya se acabó. Supongamos.

Lo que no podemos suponer es que sea mentira lo que la propia hospedada en Palacio acepta: que no ha podido disminuir la extorsión y que de hecho según ella, es el “único delito de alto impacto que sigue creciendo” (con su importe estimado de 26 mil millones de pesos anuales). No se puede discutir eso.

Y tampoco se puede discutir que un país pierde soberanía cuando alguna organización distinta a su gobierno, ejerce funciones propias del Estado. La extorsión es un impuesto de los criminales a la población, el crimen organizado cobra impuestos, función exclusiva del Estado y su enormidad es tal que aumenta el precio de la canasta básica.

Defender del Trump nuestra soberanía es la parte cómoda que da para aparentar un patriotismo facilón.

La otra soberanía, la nuestra, la que debe garantizar el gobierno, es contra la que el crimen organizado atenta. No hay soberanía si el crimen invade facultades del gobierno, si controla territorio (poco o mucho), si corrompe instituciones oficiales, si limita la libertad cotidiana de la gente, si cobra impuestos.

El Estado mexicano está fusionado con el crimen organizado. Si doña Sheinbaum no rompe el pacto implícito (suponiendo lo menos grave), con los políticos del país y su gobierno, cómplices y socios de los criminales, sembrará vientos y será responsable de la tempestad.

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