
José Antonio Molina Farro
Goethe fue el hombre más ilustrado de la humanidad; demasiado ilustrado para ser un filósofo en el sentido técnico del vocablo o para someter a ese mundo salvaje a la ortopedia de una terminología sutilmente cerebral.
George Santayana
Ha sido el escritor más grande de la lengua alemana. Sus obras han ejercido una profunda influencia en el pensamiento literario, político y filosófico del mundo occidental desde finales del siglo XVIII hasta la actualidad. Goethe es la única figura literaria alemana cuyo alcance y prestigio internacional iguala a los de los filósofos más importantes de Alemania –quienes a menudo se han inspirado en sus obras e ideas- y compositores- quienes han musicalizado sus obras, entre ellos Mozart, Beethoven, Schubert, Liszt, Wagner y Mahler-.
Considerado desde niño un superdotado y con una enfermiza curiosidad, hizo prácticamente de todo, acumulando una vastísima cultura. En primer lugar estudió lenguas, aunque era más aficionado al arte, y nunca, a lo largo de su vida, dejó de dibujar. Al mismo tiempo se interesó por la geología, la química y la medicina. En 1770 entregó su tesis doctoral en Estrasburgo donde estudió Derecho. Los teólogos consideraron su tesis escandalosa, y uno de ellos calificó a Goethe de “demente que desprecia a la religión”.
Trabó amistad con Herder, quien lo liberó del neoclasicismo francés y de la confianza en la razón de la Ilustración alemana. En 1774 escribió Las penas del joven Werter, y el desencanto de las jóvenes generaciones representadas en el protagonista tuvo tal impacto que provocó una epidemia de suicidios en todo el país.
Al servicio del príncipe heredero Carlos Augusto, fijó su residencia en Weimar hasta su muerte. Con el príncipe pasó de ser consejero de legación y secreto, a una especie de ministro supremo. Bajo su dirección la Biblioteca ducal llegó a ser una de las más importantes de toda Alemania. En esa época inicia sus investigaciones científicas, interesado en la óptica, la geología, la química y la osteología. Desde un puesto tan importante tuvo la oportunidad de relacionarse con la alta aristocracia y conoció a Napoleón, Beethoven y Shopenhauer. El propio Duque Carlos Augusto antepuso a su apellido la preposición von y le entregó su diploma de noble, pese a las protestas de la nobleza para que formara parte de la Corte.
Se considera que su condición de masón influyó en su obra Fausto. Merced a Goethe, Weimar se convirtió en el auténtico centro cultural de Alemania. En las dos versiones de su grandioso Fausto se encuentra el último mito que fue capaz de engendrar la cultura europea, el de cómo la grandeza intelectual y la sed omnímoda de saber pueden, sin embargo, engendrar la miseria moral e intelectual.
Por otra parte, la lectura de Spinoza encuentra también un consuelo al desequilibrio romántico que le embargaba. Sobre Baruch Spinoza escribe: “Después de haber buscado en vano todo el mundo un medio de expresión cultural para mi extraña naturaleza acabé por caer en la Ética de ese filósofo. Lo que pude extraer de esa obra, y lo que añadí de mi propia cosecha no sabría explicarlo, pero encontré en él, el apaciguamiento de mis pasiones, una perspectiva enorme y libre sobre el mundo sensible y el mundo moral que parecía abrirse ante mí… La calma de Spinoza, que todo lo apaciguaba, contrastaba con mi impulso, que todo lo agitaba; su método matemático era el opuesto a mi carácter y a mi orientación poética… y era ese método regular que se considera impropio para tratar materias morales, lo que me convirtió en su discípulo apasionado y su admirador más decidido… Me entregué a esa lectura y creo, examinándome a mí mismo, no haber tenido jamás una visión más clara del mundo”.
Como muy pocos de los grandes, Goethe disfrutó en vida de fama, respeto, prestigio y admiración. Muchos de los jóvenes de la época quisieron conocerle personalmente, ver su efigie. En la cultura literaria de los países de habla alemana Goethe ha ocupado una posición tan dominante que sus escritos se han descrito como “clásicos”.
En palabras de George Elliot [Goethe es el más grande hombre de letras alemán]… y el último verdadero hombre universal que caminó sobre la Tierra. Sus novelas, poesías, dramas e incluso controvertidos tratados científicos, sirvieron como constante fuente de inspiración para todo tipo de obras. La novela Wilhelm Meister fue citada por Arthur Schopenhauer como una de las cuatro mejores novelas jamás escritas, junto con Tristram Shandy, La Nouvelle Heloise y Don Quijote, mientras que el filósofo y ensayista estadounidense Ralph Waldo Emerson incluyó a Goethe como uno de los seis “hombres representativos” en su obra homónima (junto con Platón, Emanuel Swedenborg, Michel de Montaigne, Napoleón y William Shakespeare).
Los comentarios y observaciones de Goethe constituyen la base de varias obras biográficas, en particular Conversaciones con Goethe de Johann Peter Eckermann. Su apellido da nombre al Goethe-Institut, organismo encargado de difundir la lengua y cultura alemana en todo el mundo, equivalente al Instituto Cervantes.
Desde una perspectiva europea, aparece como el representante central e insuperable del movimiento romántico, lato sensu. Podría decirse que mantiene la misma relación con la cultura de la época que comenzó con la Ilustración y continúa hasta nuestros días que la de William Shakespeare con la cultura del Renacimiento o la de Dante con la cultura de la Alta Edad Media.
Su Fausto, aunque eminentemente teatral, es también el poema extenso más grande de Europa desde El paraíso perdido de John Milton, si no desde La divina comedia de Dante. Existe también una muy fuerte crítica de Ortega y Gasset en su ensayo: Pidiendo un Goethe desde dentro.


