
Sr. López
Tía Chelo (Consuelo), de las de Autlán, aparte de guapa de descarrilar un tren, era de natural sosiego, nunca hacía escenas y años y años, le aguantó muchas a tío Gaspar. Lo más que hacía era decirle sin alzar la voz, “te vas a arrepentir, Gaspar”. Y le cumplió: una vez que regresó sin calcetines de otra de sus parrandas, incendió la casa. No quedó nada… de la casa ni del matrimonio, claro.
Primero, pongámonos de acuerdo en que el tal Trump es un delincuente. No sufre este menda un ataque de patriotismo modelo “el acero aprestad y el bridón”, no, es un hecho, el tipo es un delincuente convicto, varias veces.
La más reciente, el 30 de mayo de 2024, cuando fue encontrado culpable de 34 cargos de falsificación. El juez del caso, Juan M. Merchan, de la Corte Suprema de Manhattan, suspendió la sentencia que le tocabade hasta cuatro años de cárcel (hay que entender: iba a verse fatal que el Presidente de los EU, despacharatras las rejas).
También en diciembre de 2022, su empresa Organización Trump, fue declarada culpable de 17 cargos penales. Luego, en enero de 2023, lo multaroncon cerca de un millón de dólares, porque “recurrerepetidamente a los tribunales para vengarse de sus adversarios políticos”.
Luego fue condenado a pagar 5 millones de dólares de multa en mayo de 2023, por abuso sexual contra la señora E. Jean Carroll, y otro jurado federal lo encontró culpable en enero de 2024, de difamación contra la misma señora y lo condenó a pagar 83.3 millones de dólares por daños (imagine usted cuánto daño habrá hecho el Trump para que lo multaran con esa barbaridad de dinero). Y no se nos olvide que a lo largo décadas, ha sido acusado por 25 mujeres de acoso y abuso sexual. Se puede dudar de una denuncia, digamos, dos… bueno, tres… ¿de 25?
Ese es Trump. Eso es Trump. Es la prueba viviente de que no es la gran idea elegir por voto popular al jefe de Estado; que no es así en varios países muy seriecitos, como Reino Unido, Alemania, Israel, Italia, Grecia, Irlanda, Hungría, Singapur, República Checa, la India, ni en otros pero falta espacio y además es otro asunto (y si es usted católico, tenga muy presente que es la hora que no se eligen por voto popular obispos, cardenales ni papas y algo han de saber, son dos mil años de experiencia).
El punto es que por lo que sea y como sea, esa sabandija del Trump es el presidente del país más poderoso del mundo; y con él tiene que lidiar la presidenta Sheinbaum, que ojalá tenga muy presente que con esa calaña del hospedado en la Casa Blanca, hay que andar con cuidado, mucho cuidado, como aconsejaba José José.
No basta torearlo, señito. No alcanza con ceder en casi todo (como hace, no nos hagamos). No es suficiente con desdeñar las habladas de ese delincuente diciendo que “ya sabemos cómo habla”. Y su tan ingeniosa frase de la “cabeza fría”, da frío… usted con cabeza fría y la situación en llamas.
Señito, el Trump es un delincuente, es peligroso y sus patrióticas proclamas de usted, defendiendo la soberanía nacional, a él le dan risa; para mayor información, dirigirse a Venezuela, Irán, Cuba, sin olvidar que nada más en este su segundo mandato, el Trump también ha bombardeado a Yemen, Siria, Irak, Somalia, Níger y Nigeria; y en su primer mandato (2017-2021), lanzó bombardeos y ordenó operaciones de fuerzas especiales en Somalia, Siria, Yemen, Irak, Irán (sí, señor), Libia y Afganistán (les echó la bomba convencional más potente que existe, la MOAB, ‘Madre de todas las bombas’). Y quería el Nobel de la Paz.
Hay un agravante: mucho se equivoca quien piense que el problema es el Trump, un viejo niño rico berrinchudo que en lugar de soltar una maldición cuando se pone de malas al recordar las deficiencias de presión hidráulica propias de su provecta edad (el 14 de junio cumple 80… contra los 55 de Melania, digo), avienta bombas a otros países… no, los EU no funcionan así. No es Trump el que por sus chones decide semejantes cosas, aunque por supuesto él las agrava porque carece de convicciones éticas, morales y políticas.
No es que el Trump sea como es, un barbaján. El muy educadito y caballeroso Joe Biden, tan correcto él, ordenó bombardeos y acciones militares contra Siria e Irak (febrero y junio de 2021; marzo de 2023 y febrero de 2024); Yemen; Afganistán (antes de sacar de esa guerra a su país, en 2021, se dio el gusto de machacar su capital, Kabul, ciudad con 3,500 años de antigüedad y casi cinco millones de habitantes).Agregue a eso, sus envíos de tropas y armas a Polonia, Rumania (por si Putin se ponía en mal plan).
Nada de eso en ese país, sucede por decisión unipersonal de su Presidente, no es como acá. Allá sí hay gobierno con poderosas instancias internas que no se dejan mangonear, no es como acá. Allá sí hay proyecto nacional, que no, que no es como acá, con nuestra caricatura de plan de desarrollo sexenal: allá es por siglo, en serio y lo cumplen en serio, para bien o para mal del vecindario y del mundo. No de balde -ni por buenecitos-, hicieron de su país la principal potencia mundial.
Y ahora resulta que la Presidenta de México cree que puede darle por su lado al Trump y con eso mantener a raya a los EU… ¡dioses!, un puñado de funcionarios corruptos cómplices de delincuentes de monte, no asustan al tío Sam, de botana se los come.
Son ya muchas advertencias del Trump y del mundo: el crimen organizado está incrustado en el gobierno nacional, como nunca antes. Apenas el 10 de marzo de este año, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos, declaró que “el crimen organizado en México es una crisis estructural”; ¿necesita traducción, señora Sheinbaum?, la estructura del país es el gobierno.
El viernes pasado el Trump dijo: “Me ofrecí a deshacerme de los cárteles en México y por alguna razón ella (usted, doñita), no quiere hacer eso (…) los cárteles, nos guste o no, están manejando México”.
Doña Sheinbaum, todos sabemos qué quieren los EU, le guste o no. Es hora de cumplirle a México.


