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¡Ah! Nubes, viento y sol / Al Sur con Montalvo

¡Ah! Nubes, viento y sol / Al Sur con Montalvo
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Guillermo Ochoa-Montalvo

Primera Parte 

Querida Ana Karen,  

Froilán despertó con el frío de la mañana tras consultar el aviso del meteorológico anunciando 3 grados de sensación térmica con cielos nublados y rachas de viento hasta de 70 km por hora; al retirar la aldaba abrió la puerta para encontrarse con una agradable temperatura fresca con un día soleado tanto, como la sonrisa de Susana. Salió de su habitación decidido a vivir. Caminó lentamente hacia el jardín de su casa recreando escenas del sueño que aún lograba retener a fin de dibujar aquel rostro en alguna parte del cielo. 

< Mis chihuahuas, -pensó-. debo servir el alimento de mi perra y mi perro, tender la cama y preparar algo de café antes de salir al jardín a escribirle a Susana. El tiempo es traicionero, de pronto me sobra y en ocasiones debo robarle minutos o incluso horas para terminar mis labores. ¡El tiempo!, el tiempo siempre pasa, y nosotros con él. > 

Regresó sobre sus propios pasos para alimentar a Gala con sus inusuales 20 años y al Duby. Al retornar al jardín, se detuvo; sacó la cajetilla de cigarros del bolso de su pijama de franela y lo encendió dando una larga bocanada con los ojos entrecerrados pensando en Susana. De forma instintiva, se recargó en uno de loas pilares de la vetusta casa del Siglo XIX. Sus perros lo siguieron corriendo al césped perdiéndose entre las plantas. El macho levantó la pata para regar las plantas; la hembra, muy sentadita y propia como princesa, hizo lo propio. Froilán les sonrió agradecido por su amorosa compañía. Lanzó volutas de humo del cigarro viéndolas revolotear en el aire; cerró los ojos hasta encontrarse con el infinito de su mente, divisó el infinito del Universo plagado de ideas; al abrir los ojos, se encontró con el infinito de su propio cuerpo ya gastado por viejo con una vida intensa, viajero y aventurero.  

Recorrió el jardín antes de dejarse caer en el sofá adonde llegó otra hoja de buganvilia. Un colibrí se posó en la fuente a beber agua antes de entregarle a Froilán los mensajes espirituales de sus muertos y deseándole amor, alegría y salud. De inmediato, le vino a la mente la silueta de Camila a quien creyó ver debajo de la caída de agua. En silencio agradeció la visita, justo, cuando llega un enorme grillo al que se le conoce como esperanza; profundamente verde para mimetizarse entre las plantas verdes. < Debe ser Camila, cruelmente violentada y violada durante la guerra de narcos, -pensó-, esta maldita guerra entre unos y otros que, para mí, son los mismo, a excepción de los civiles quienes encuentran la muerte entre el fuego cruzado. El país viste de sangre sus montaña, río y mares hasta que termine este sexenio, o quizá, se prolongue hasta terminar en dictadura. 

El viento soplaba suave y fresco. La esperanza se le subió al hombro; Froilán la miró con ternura. Empezó a leer su libro de portada amarilla. < ¿Tiene sentido reparar en el color? Froilán se respondió sí, significa luz, conocimiento, sabiduría >, dándole una larga chupada al cigarro. Las nubes formaban pequeños estratos en un cielo claro. < ¡Ah que la tía de las muchachas! Tengo mucho trabajo por realizar para andar divagando en tonterías; el pasado, pisado > -pensó-. Froilán empuñó la pluma fuente de tinta sepia; un regalo espontáneo de una amiga, tal como le agradaba ante su aversión a solicitar favores convencido que dar es mejor que recibir.  

Froilán inició la carta dirigida a Susana sin dejar de mirar de reojo a la Esperanza, la cual se paseaba plácidamente por su cuerpo cubierto de suéteres debajo de la polera negra con la leyenda impresa, la cual leyó: <just be cool>; lo repitió en francés: <Sois juste cool > y de inmediato en castellano, < Sos, simplemente genial. Froilán lo repitió fonéticamente en francés < suagisti cool. Suena bien. Así deseo vivir este día de cielo soleado y este viento travieso >. Volvió a sentir el fresco ambiente.”,  

Al comparar este día con el de ayer de cielo nubla y fuerte vientos, recordó el único accidente automovilístico que vivió hacía muchos años cuando viajaba hacia Cuernavaca, en ese sitio conocido como “La Pera”. Primero se preocupó por su pequeño hijo y su esposa, quien puso cara de haber visto un fantasma, pero fue él quien no lo vio por más fluorescencia que despedía. Eso provocó el choque contra el muro curvo diseñado para regresar los autos a la cinta asfáltica evitando volcarse. Froilán recogió las piernas quedando en forma de feto. Reanudó su escrito; sus manos estaban entumidas equivocando las teclas que oprimía con dificultad. Revisó su escrito. < ¿Habré escrito la frase o sólo lo imaginé? Mi memoria es tan volátil como el viento. No lo sé, quizá el viento se la llevó, ¿en dónde depositará el viento, las palabras que se lleva? > 

Froilán pensó en todas esas palabras sopladas al oído, < ¡Tanta falsedad! quebrando ilusiones con la facilidad de romper un vaso de vidrio > -se dijo-. 

Tampoco era su caso, pero meditó sobre el placer que encuentran sus amigas tras una fuerte decepción amorosa. < Sentir dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional. ¿De qué sirve meter el dedo en la herida sin dejarla cicatrizar? Bueno, algún placer encontrará Bertha en esa parafilia, provocándose el gozo sexual, que no han encontrado en ninguno de sus amantes o fallidos amores”. 

Froilán cerró y lacró los sobres de las cartas a Susana y a Camila. 

Inició el texto de su columna. Tenía una hora para enviarlo a su paciente editor quien, conociendo su estado de salud, le obsequiaba consideraciones inusuales. < Para nada, este texto es un fiasco >. Se reprendió así mismo mientras la Esperanza seguía recorriéndolo.  

Buscaba las palabras en el cielo; pero de seguro, el viento las alejaba de su mente. Su tema le era conocido, pero su memoria débil. Ya no recordaba ni siquiera las clases que impartía de Filosofía en la preparatoria. Recurrió al libro de “El Mundo de Sofia”, escrito por Jostein Gaarder. Leyó una frase al azar, <Yo opino, como tú, que ella es muy afortunada. Pero a quien le toca la lotería de la vida también le toca la de la muerte. Pues la condición humana es la muerte.>, pensó en Camila, su amiga recién muerte en la guerra de narcos. Volvió a abrir el libro pronunciado dos números, el primero le indicaría la página del libro y el segundo, el párrafo a leer.  < Lo triste es que no sólo nos habituamos a la ley de la gravedad conforme vamos haciéndonos mayores. Al mismo tiempo, nos habituamos al mundo tal y como es >.  

Froilán pensó en su propia vejez y canten ó siguiendo la voz de Gardel que sonaba en su pequeño altavoz 

< Volver con la frente marchita; las nieves del tiempo platearon mi sien. Sentir que es un soplo la vida. Que 74 años no es nada… Siempre se vuelve al primer amor. >, la canción le evocaba a Susana. Envió su columna y se levantó alegre cantando para depositar las cartas. salió de su casa vestido de Sol hasta desaparecer elevado por el viento, mirando el cielo con un Sol brillante; tan luminoso como su ánimo y con sólo un pensamiento: “viviré”.

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