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Maquillaje / La Feria

Maquillaje / La Feria
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Sr. López

Lo dice don Miguel de su Quijote: “se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el celebro de manera que vino a perder el juicio”(‘celebro’, cerebro con ortografía de hace 400 años… más o menos).

A veces este menda teme quedar loco por leer diario siete periódicos nacionales, no completos, tampoco, las secciones de Deportes, Espectáculos y Moda, solo las ojea -no las ‘hojea’, eso es pasar las páginas-, pero lo demás lo lee, incluidas las columnas de analistas e impostores; y encima, todas las mañanas para el cotidiano regreso a la realidad, el primer café es viendo en pijama todavía, un noticiero en la  televisión (el de Ciro, no es secreto).

También todos los días, todo el día, está atento a las noticias del momento y a algunos muy buenos periódicos digitales, porque a veces tecleando sobre el asunto escogido, las entre ocho y nueve horas que consume cada Feria, de repente hay que borrar todo porque parió la abuela (es un decir), porque brincó un tema gordo ineludible.

Como sea, por ese vicio profesional, ya se imaginará la clase de mole negro que es el cerebro de su texto servidor al regresar a dormir.

De esa congestión de información sobre los asuntos nacionales, resulta una como desilusión, un esánimo,un algo pariente del pesimismo que lleva al mal pensamiento de que este país no tiene remedio y es nada recomendable caer en la tentación del derrotismo, feo vicio de la voluntad que anestesia el afán de mejorar, ya abatido desde antes del arranque, perdido el sentido del esfuerzo, de antemano derrotado. ¡Y eso sí que no!

Cuando esa ave negra de la desesperanza sobre el destino de nuestro país, como que aletea cerca de uno, lo primero es tocar tierra, recapacitar en que mientras no sea noticia que una mamá dio pecho, mientras no sea noticia que mamás y papás se desloman trabajando para sus hijos, mientras no sea noticia lo bueno, es porque es lo normal y que normalmente la gente, la inmensa mayoría, se comporta y le cumple a la vida.

También vale hacer el esfuerzo de entender la realidad completa del país, no solo los despropósitos de gobernantes y políticos (no todos, hay de todo), y ver la verdad, nuestra verdad: México no es una birria.

Tan no lo es que por mérito de empresarios y trabajadores, no del gobierno, somos el país que másle vende a los EU, el año pasado, 534,874 millones de dólares (mdd) y asómbrese, también México es el país al que más venden los EU, 337,960 mdd en el mismo 2025. Estamos arriba de China y Canadá.

No es moco de pavo, esa monstruosa cantidad de dinero en intercambio comercial, en especial por haber sido el año estelar de los aranceles del fétido Trump; y con saldo favorable a nuestro país, mucho muy a favor, casi 200,000 mdd. Sume ventas y compras y verá que el año pasado eso fueron 872,834 mdd… más de 43,000 millones de pesos ¡diarios!, casi 1,800 millones de pesos por hora.

Mencionar a favor de la realidad de México lo del comercio con la primera potencia del mundo, no es culto al dinero, de ninguna manera, sino porque a la hora de asustarnos por las que nos puede hacer el barbaján del Trump, hay que recapacitar en que allá, en su país, importantísimos y muy poderosos grupos empresariales, y millones y millones de consumidores, le van a parar el alto. México necesita a los EU, claro, pero ellos ya se fregaron: sin México se les destorlonga su país.

No dice este su junta palabras (no babea el teclado), que México tenga agarrado por mal lugar al tío Sam, no, por supuesto reventaríamos en un enfrentamiento comercial con ellos, en tanto que allá, aunque con incomodidades, sin duda aguantarían, son de un tamaño que sobrecoge. El asunto es que con ese enorme volumen de intercambio comercial, a los EU no le conviene testerear las cosas. A esta piñata no le van a dar de garrotazos, les convenimos mucho, muchísimo… tanto como 872,834 millones de dólares. Y no se le olvide, el tío Sam huele dinero y se pone como loca de cabaret.

Hay por supuesto muchas otras cosas que están bien en el país (mundialistas, absténganse), falta espacio para mencionarlas, aparte de las individualidades de que podemos estar muy orgullosos, en las artes plásticas, en la música, en la literatura.

El segundo por supuesto es que hay muchas cosas que están mal, que van mal y no todas son responsabilidad del gobierno, pero sí las más graves, en particular el rediseño del país que sin pedirlo nadie nos están queriendo imponer los cuatroteros.

El 5 de septiembre de 2019, Ricardo Monreal publicó en la prensa lo siguiente:

“(…) si los Gobiernos fracasan, y precisamente eso es lo que le ocurrió a México antes de la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia, la reconstrucción no se puede hacer esperar. Justamente, reparar este fracaso es lo que se denomina cuarta transformación. Esta tarea titánica requiere, primero, derrumbar el edificio dañado, las ruinas del fracaso y toda la corrupción que formaba parte integral del sistema, la colusión entre política y capital, el favoritismo de élites que gozaban de prebendas y regímenes especiales, los excesos, lujos y privilegios”.

Quédese con que su propósito, primero, era “derrumbar”… bueno, ahí van, no han terminado pero ahí van, derrumbando al país. Y de lo otro, lo de “la corrupción que formaba parte integral del sistema”, no hubo avances, pero sí lo perfeccionaron a una escala insospechada, para ellos en corrupción, el cielo es el límite, piense en el huachicol fiscal, mínimo 600 mil millones de pesos de evasión y 200 mil millones de ganancias… ¡sí se puede!

De “la colusión entre política y capital, el favoritismo de élites que gozaban de prebendas y regímenes especiales, los excesos, lujos y privilegios”… bueno, también han superado a todo lo conocido.

El México de antes de la cuatroté no había fracasado, iba saliendo adelante. Y con la cuatroté, va para atrás en todo lo de gobierno y en su octavo año se les borróel maquillaje.

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