1. Home
  2. Columnas
  3. La crisis de la política / A Estribor

La crisis de la política / A Estribor

La crisis de la política / A Estribor
0

Juan Carlos Cal y Mayor

De mis años de infancia yo recuerdo que los políticos eran unos señorones, gente admirable, con enorme personalidad. Yo crecí en un medio donde se hablaba de política todos los días. Había formas, había fondo, había cierto decoro que correspondía a la investidura. Podían ser cercanos, carismáticos, incluso afectuosos, pero no caían en el exceso. Desde un caballero como lo fue José Castillo Tielemans a personajes como don Samuel León Brindis o don Juan Sabines Gutiérrez.

No cualquiera era secretario de Estado, ni mucho menos diputado como sucede ahora, que los eligen por tómbola. De los jueces del acordeón mejor ni hablar. Recuerdo a señores ministros de la Corte, gente de amplia trayectoria, honorabilidad y conocimientos. Ciertamente no buscaban el aplauso ni el halago de las multitudes.

Ahora hacer política exige contacto popular, aunque sea fingido. Hoy ese contacto con el pueblo se ha vuelto una farsa demagógica. Basta con ir a comerse un taco a una taquería popular para darse baños de pueblo y aparentar una cercanía que en realidad está diseñada para la foto. Aunque, por otro lado, ya sabemos que pagan pastosas cuentas y piden las mejores viandas y vinos en los mejores restaurantes.

DE LA ORATORIA A LA CONSIGNA

Ya no es el discurso, ya no es la gran oratoria. El poder de la palabra. Ahora son frases hechas que se repiten hasta el cansancio. ¿Para qué salirse del guion si eso es lo que vende?

Han reducido al ciudadano a simple porrista y repetidor de consignas. “Es un honor estar con Obrador”, repiten como mantra. Ese liderazgo casi religioso, que Enrique Krauze llamó el “mesías tropical”, terminó por sustituir la discusión seria.
Bastaba una palabra para calmar ánimos, aunque todo fuera mentira. El “no robar, no mentir y no traicionar” se convirtió en lema… pero en sentido inverso.

LA NEGACIÓN COMO MÉTODO

Se han vuelto especialistas en negar la realidad. Todo lo que los perjudica política y electoralmente es falso, exagerado o culpa del pasado. Conspiraciones conservadoras y golpistas. Y si hay que elegir un villano, ahí está Felipe Calderón, convertido ya en caricatura recurrente. Si algo sale mal, es su culpa. Si alguien critica, es conservador, enemigo de la patria o resentido por privilegios perdidos. Y al tiempo de sostenerlo disfrutan plenamente de todos esos privilegios. La presidenta viaja en avión comercial a Europa para sostener ese montaje publicitario.

EL POPULISMO COMO SOSTÉN

Para sostener ese relato, tiran la casa por la ventana con programas sociales. El problema es que, en ese intento, nos están dejando sin casa a todos. El déficit no importa, la deuda tampoco. Se colocan bonos, se compromete el futuro y que lo paguen los que vienen. La receta es sencilla: redistribuir la riqueza sin preocuparse por generarla. Y detrás de eso, una maquinaria de comunicación financiada con dinero público que repite sin descanso que todo va bien, manipulando algoritmos para alimentar a sus huestes hambrientas de venganza.

LA PREGUNTA DE FONDO

¿En qué momento se pudrió todo? ¿Cuándo dejamos de creer en las instituciones? ¿Cuándo decidimos que todos los políticos, sin excepción, son ladrones? Porque esa generalización también es parte del problema. El que no es ladrón paga por todos porque nadie se apiada de él cuando ya no tiene poder ni tampoco le erigen una estatua.

La honradez no se premia, como tampoco se oculta lo robado. Los votantes de amlo deberían estar indignados ante el asalto en despoblado y el atraco archimillonario de sus hijos en todo tipo de negocios. No les bastaron cientos de millones, sino cientos de miles que no van a gastar ni en 10 generaciones.

Después de la caída del Muro de Berlín, Francis Fukuyama habló del “fin de la historia”. Se pensó que bastaba con democracia y libre comercio para prosperar. Y no. La democracia por sí sola no resuelve nada. Los electores también se equivocan. Y cuando se equivocan, todos pagamos las consecuencias. Y lo peor es que seguimos sin aprender.

LO QUE SÍ FUNCIONA

El libre mercado ha demostrado resultados. Ahí están los ejemplos: Corea del Norte y Corea del Sur, una misma historia con dos destinos distintos. Berlín partido en dos, con resultados opuestos. Prosperaron quienes apostaron por la apertura económica. No es ideología, son datos.

Mientras tanto, quienes se dicen socialistas observan con absoluta indolencia el desastre de Cuba. Más de seis décadas sin democracia ni prosperidad. Y desde aquí se repite el discurso de la “libre determinación de los pueblos”, como si eso no fuera una burla para quienes no pueden ni elegir a sus gobernantes.

LA DEMOCRACIA INCOMPLETA

El ciudadano creyó que votar era suficiente y lo sigue pensando. Que la democracia operaba en automático. Y como no fue así, vino la decepción. De ahí la idea de que todos son iguales. De ahí el descrédito de la política.

Hoy no vemos estadistas. No hay figuras como Winston Churchill, Margaret Thatcher o Mijaíl Gorbachov. Tampoco líderes morales como Nelson Mandela, Martin Luther King Jr. o Mahatma Gandhi. Nos quedan como referencia, pero no ejemplo a seguir.

¿Y AHORA QUÉ?

La pregunta es inevitable: ¿dejamos la política en manos de esta bola de facinerosos, frívolos e ignorantes que hemos permitido que se enquisten en el poder?

Ante esta decadencia, en México y en buena parte del mundo, la política no puede abandonarse. Coincido con Cayetana Álvarez de Toledo: hay que reivindicarla, resignificarla. Porque, nos guste o no, sigue siendo el único medio pacífico para acceder al poder… y también para engrandecerlo.

LEAVE YOUR COMMENT

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *