
Ernesto Gómez Pananá
Como ya se ha expresado tanto en esta su dominical columna como también en EntreSemana.Podcast, su podcast de confianza, la coyuntura política de las semanas recientes constituye una oportunidad invaluable para la primera presidenta de México, una oportunidad para confirmar su liderazgo como primer mandataria al dar una muestra contundente de congruencia y combate a prácticas corruptas y vicios que, paradójicamente, son las que dieron origen a Morena.
Al hacerse pública la lista de diez funcionarios sinaloenses investigados por el gobierno de los EEUU, la primera reacción de la presidenta Sheinbaum fue demandar elementos de prueba contundentes. Más allá de detalles procedimentales, desde el discurso y desde su posición al frente del país, la reacción fue la correcta, pero en torno a ello se han dado acontecimientos que dibujan una muy calculada y firme reacción de fondo.
En primera instancia, la Fiscalía General de la República anunció que iniciaría las respectivas investigaciones. A los pocos días, no obstante su reacción inicial en la que argumentó que todo estaba en orden en el estado, el gobernador Rocha Moya presentó el día dos de mayo una solicitud de licencia temporal a su cargo ante el Congreso del Estado. Desde entonces no ha tenido apariciones públicas y su paradero no es del todo claro.
Al paso de los días, ya a finales de la semana reciente, se supo que la Unidad de Inteligencia Financiera del gobierno de México congeló las cuentas de Rocha Moya -se especula también que las de las empresas de sus hijos- y los otros nueve personajes señalados por el gobierno norteamericano. Es de comprenderse que en su papel, la presidenta puede expresar mesura y hasta distancia institucional sobre esto, dejándolo en la cancha técnica de la UIF, pero es claramente comprensible que para una acción de este calado, hace falta -cuando menos-, informar a la presidenta y contar con su aval, cosa que en este caso es no solo reconocible sino desde luego plausible.
Ya para el jueves reciente, la prensa informó que dos de los personajes listados por los EEUU se encontraban ya detenidos en Brooklyn, el primero, el general Gerardo Mérida Sánchez, exsecretario de Seguridad Pública de Sinaloa, quien se entregó voluntariamente a autoridades de Estados Unidos.
El lunes once de mayo, el general Mérida cruzó por su propio pie la garita de Nogales, Arizona y de inmediato fue detenido por agentes federales estadounidenses y posteriormente trasladado a Nueva York. El gobierno norteamericano lo acusa de conspiración para importar narcóticos a territorio norteamericano, así como de posesión y conspiración para poseer ametralladoras y dispositivos destructivos presuntamente vinculados con operaciones del Cártel de Sinaloa. De ser declarado culpable, podría enfrentar una condena de entre 40 años de prisión y cadena perpetua.
Enrique Alfonso Díaz Vega, exsecretario de Administración y Finanzas de Sinaloa, se entregó voluntariamente a autoridades federales estadounidenses el 15 de mayo de 2026. Compareció ante una corte federal en Nueva York, luego de viajar presuntamente desde Europa. Estados Unidos lo señala como operador financiero vinculado a la presunta red de corrupción y protección política relacionada con el Cártel de Sinaloa, incluyendo posibles operaciones de lavado de dinero y triangulación de recursos. La acusación federal en su contra incluye cargos por narcotráfico y delincuencia organizada, conspiración para importar narcóticos, además de posesión y conspiración para poseer ametralladoras y dispositivos destructivos. En caso de ser encontrado culpable por los cargos imputados, enfrenta igualmente un rango potencial de condena de entre 40 años de prisión y cadena perpetua.
En ambos casos, según lo que hemos podido conocer, la entrega fue voluntaria -por no decir que pactada- y, permítaseme la especulación, estimados 31 lectores, lectoras y lectoros, pero cómo estaría el escenario para ambos personajes, que la perspectiva de un mínimo de cuarenta años en una cárcel norteamericana es el mejor escenario disponible. Una cárcel, valga mencionar, en la que no es posible pagar para tener televisión y microondas, una en la que no se permiten ni las fiestas ni los teléfonos celulares. Una especie de infierno en vida.
Al día siguiente de saberse esto, la presidenta, desde Mérida, señaló con contundencia que “ninguna persona que no sea honesta, que no sea honrada” tiene cabida en el gobierno que ella encabeza ni tampoco en la cuarta transformación. En política nada es casualidad, no lo son estos dichos luego de los hechos narrados en párrafos previos.
Hace décadas, los franceses Denis Jeambar e Yves Roucaute publicaron un libro particularmente incómodo y provocador titulado “Elogio de la traición”, una reflexión sobre el poder y la paradoja que implica gobernar, pues con frecuencia esto implica traicionar pactos, inercias, lealtades e incluso partes de la propia identidad política para preservar algo mayor. La historia está llena de gobernantes destruidos por no atreverse a romper con los suyos y también de otros que consolidaron su liderazgo precisamente al hacerlo, porque llega un momento en el que la lealtad deja de ser virtud y se convierte en complicidad.
El escenario actual, reitero lo expresado al iniciar mi texto, es una oportunidad invaluable y tal vez irrepetible para la presidenta de México. La reacción de fondo es indispensable desde la perspectiva moral interna pero también en el entendido de que, de no ir nosotros a la raíz del problema que implica combatir la alianza perversa entre delincuencia y personajes de la política -del color que sea-, los EEUU y el gobierno de Trump actuarán de formas que no nos conviene que actúen, que tampoco serán amables y que no necesariamente podremos impedir. Tenemos todo para que de esta crisis emerjan una nación más madura, un gobierno depurado y una presidenta fortalecida y más respaldada por la ciudadanía.
La verdadera prueba histórica no es preservar intactos ni al movimiento ni a la nomenklatura. La verdadera prueba consiste en depurarlo, incluso al costo de fracturarlo, de romper y arrancar las ramas podridas.
Oximoronas 1. El director de la CIA se reúne con representantes del gobierno cubano en La Habana. Vaya tiempos inimaginados. Sea para bien de Cuba. Sea para bien de su sociedad.
Oximoronas 2. Hace casi cincuenta años, los Tigres del Norte hablaban de un auto que cruzó la frontera con las llantas repletas de hierba mala. La escena palidece frente al cáncer que hoy nos inunda y nos tiene en el límite de una crisis sin precedentes. La traición a los traidores es el primer paso para empezar a erradicar el contrabando. Sea.


