
Guillermo Ochoa-Montalvo
Querida Anna Karen,
Atravieso el parque central por el costado poniente, ahí donde hace esquina la nevería “La Michoacana y el restaurante La Esquina de Belisario. Con el sol en el cenit desde la distancia observo a la COFRADÍA DE LOS DECANOS DE COMITÁN charlando amenamente como ayer, anteayer y hace años desde sus jubilaciones o sus rentas como comerciantes, profesionistas o empresarios. El oficio poco importa cuando se reúnen a platicar sus cuitas de amor, sus aventuras de jóvenes, de las enfermedades y remedios propios de la edad. Ellos son la memoria de Comitán; alrededor de la misma mesa de la Esquina de Belisario, toman café como quien celebra la amistad día con día. Unos días son ocho, otros, un poco más. Siempre llegan, se saludan, sonríen, beben su taza de café, discuten y al final, se despiden. Quizá, ya falte alguno de los habitués por haber migrado o fallecido. Lo ignoro.
Para mis adentros considero que en esa mesa sería conveniente la presencia de jovencitos jovencito ávidos por conocer las venas de Comitán a través del tiempo; así como en los tiempos inmemoriales de la antigua Grecia donde los jóvenes abrevaban él conocimientos y sabiduría de los viejos. En esa cofradía reside el tuétano de la noble cultura de Comitán merecedora de que algunos de ellos la publique como legado viviente a favor de las nuevas generaciones.
Ellos rememoran a personajes del pasado y presente, recuerdan a mujeres y hombres de la educación, el comercio, las empresas y la cultura; hablan de los ranchos y comunidades, de los Barrios y sus iglesias y los aderezan con ricas anécdotas; discuten de política, uno a favor o en contra de algún partido; critican a los gobiernos, que sin gastan demasiado en adornos florales en el parque cuando hace falta el agua potable en las casas y los pavimentos en la ciudad; que si el servicio de limpia es o no eficiente. Lo cierto es que la cultura de limpieza es parte de sus habitantes. Al final, cada uno de ellos aporta sus argumentos según el cristal con el cual perciben al gobierno. Charlan de sus viajes y sus planes, porque aún siendo mayores, conservan la energía que brinda una ilusión.
Ese grupo es icónico en la vida cotidiana de los cositias y su riqueza reside en la divergencia y pluralidad de ideas. Conocen a la perfección la evolución de este Pueblo Mágico con sus fiestas y celebraciones paganas y religiosas. Añoran épocas pasadas; ven detrás de sus anteojos las transformaciones de la sociedad a partir de las tecnologías modernas; unos a favor y otros con sus reservas, pero todos opinan. Saben que el debate no es combate y desde ahí, crean consensos y disensos amigablemente. Hasta las conversaciones triviales aportan datos para los fuereños. A la pasar frente a ellos, quienes me conocen, me saludan, el resto permanece indiferente.
La Cofradía de los Decanos son parte del paisaje y la cultura urbana de la Ciudad de las Flores, del recinto de las Nueve Estrellas, del Balun Canán de Rosario Castellanos, de la ciudad fundada por un león inexistente en la región o por un jaguar sediento. Uno de ellos, me contó la leyenda de la Pilita. Dicha leyenda cuenta que los pobladores del entonces Balún Canán buscaban un lugar para asentarse cuando siguieron el rastro de un jaguar. El felino los guio hasta un manantial donde bebió agua tranquilamente. Esta señal de paz fue interpretada como un augurio y dio origen a la ciudad en la zona de La Ciénega. El hallazgo de esa fuente de agua dio pie a la construcción de “La Pila”, un manantial icónico que se convirtió en el corazón fundacional del actual barrio de La Pila, alrededor del año 1556. El asentamiento original fue trasladado a su ubicación actual por el misionero Diego Tinoco y un grupo de indígenas tojolabales, marcando la traza colonial de la ciudad.
El Espíritu del Jaguar en la cosmovisión maya, representa fuerza, coraje y protección, atributos que están profundamente arraigados en la identidad cultural de la región.
Frente a la Cofradía de los Decanos deambulan los tojolabales con su vestimenta colorida y faldas tan larga o ligeramente por encima de la rodilla de acuerdo a su situación civil, edad o comunidad. Las mujeres visten blusas de manta o popelina, destacan por su corte recto y bordados a mano. Se caracteriza por tener colores muy vivos con motivos florales o geométricos en el cuello, los hombros y las mangas. Sus faldas son tradicionalmente de satín o seda brillante, es larga hasta los tobillos o rodillas como ya dijimos, de corte amplio con muchos tablones y suele estar decorada con encajes en la parte inferior. Se adornan con fajas tejidas en telar, collares de cuentas y rebozos que reflejan su herencia
Los hombres visten de Camisa y pantalón confeccionados en tela de manta, sin botones, de color natural o blanco. Se complementan con un sombrero de palma, huaraches de cuero y una morraleta tejida que cruzan al frente. En algunas comunidades se utiliza un cinturón de estambre de lana conocido como sindor.
Los tzeltales y tzotziles atraviesan las calles con sus propias vestimentas los más conservadores. Cada grupo con sus tradiciones, pensamientos, lenguas y acentos fácilmente distinguibles llenan de colorido las calles de Comitán. Todos ellos son bienvenidos a los restaurantes; están lejos de ser indigentes, algunos reciben remesas que uno no gana en meses.
El universo cosmogónico en ellos resulta tan impresionante como indescifrable para los extraños.
En la actualidad, en especial los jóvenes de los pueblos originarios, ya visten de tenis, gorras, mezclilla y camisetas modernas, igual que las chicas, especialmente quienes acuden a colegios y universidades.
De esta pluriculturalidad de Comitán también habla la Cofradía de los Decanos.
En todo Chiapas, y conozco el 90 por ciento de sus municipios y pueblos, Comitán se distingue por su afabilidad, buenas costumbres y educación. Aquí se dan los buenos días a cualquier desconocido; las buenas tardes o noches al caer el Sol. Los automovilistas y aún los taxistas, ceden el paso a los peatones; la actividad cultural es intensa, aunque le faltan estrategias de difusión; abundan los muesos, esculturas, teatros y foros como en ninguna otra ciudad chiapaneca. Su clima, aunque dicen que ha cambiado, sigue siendo agradable y sus vientos son algo especial, sus rachas llegan hasta 70 kilómetros por hora. Siendo una zona asísmica, apenas su actividad telúrica es sumamente leve.
La Cofradía de los Decanos ha concluido su sesión de hoy, se levantan despidiéndose ceremoniosamente entre risas y hasta adioses que de seguro anticipan al día siguiente.
Habrá de seguro, otras cofradías en los bares, cantinas y botaneros, pero mi favorita es la que se reúne en La Esquina de Belisario como una cuestión de amor.


