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Desde el Tepeyac, obispos de Chiapas claman por paz, justicia

Desde el Tepeyac, obispos de Chiapas claman por paz, justicia
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  • En un mensaje emitido desde la Basílica de Guadalupe, los obispos de la Provincia Eclesiástica de Chiapas denunciaron la violencia, las desapariciones forzadas, la pobreza estructural, la crisis migratoria y el deterioro ambiental que afectan al estado

Desde el altar de la Virgen de Guadalupe, en la Basílica de Santa María de Guadalupe, los obispos de la Provincia Eclesiástica de Chiapas lanzaron un enérgico llamado a la reconciliación, la justicia y la paz, al tiempo que hicieron un diagnóstico crítico de la realidad que enfrenta la entidad, marcada por la violencia, las desapariciones, la pobreza, la migración forzada y los daños al medio ambiente.
El mensaje, titulado “Desde el Tepeyac: un grito de fe, justicia y esperanza por nuestro pueblo”, fue firmado el 31 de mayo de 2026 por el arzobispo de Tuxtla Gutiérrez, monseñor José Francisco González González; el obispo de San Cristóbal de Las Casas, monseñor Rodrigo Aguilar Martínez; el obispo de Tapachula, monseñor Luis Manuel López Alfaro, y el obispo auxiliar de Tuxtla, monseñor José Luis Mendoza Corzo.
Los prelados señalaron que realizaron la peregrinación al Tepeyac llevando consigo “el polvo de los caminos del centro, la selva, la costa y los altos” de Chiapas, así como el clamor de una tierra que, pese a su riqueza natural y cultural, continúa enfrentando profundas heridas sociales.
En el documento, los obispos describieron cinco grandes problemáticas que consideran las principales heridas del estado.
La primera de ellas es la violencia y la inseguridad. Afirmaron que Chiapas ha vivido una de las etapas más difíciles de su historia reciente debido a la presencia y disputa de grupos criminales que han fracturado la paz social, provocado desplazamientos forzados y limitado la libertad de numerosas comunidades.
También expresaron preocupación por la desaparición forzada de personas, fenómeno que calificaron como un drama permanente para cientos de familias que continúan buscando a sus seres queridos. En ese contexto, manifestaron solidaridad con las madres buscadoras y con quienes enfrentan la incertidumbre derivada de estas ausencias.
Otro de los temas centrales fue la pobreza estructural. Los obispos sostuvieron que la violencia actual tiene raíces en una deuda histórica con Chiapas, donde amplios sectores de la población continúan padeciendo rezagos en educación, salud, desarrollo económico y acceso a oportunidades.
La crisis migratoria ocupó igualmente un lugar destacado en el mensaje. Señalaron que la entidad se ha convertido en una ruta de sufrimiento para miles de migrantes y refugiados que buscan mejores condiciones de vida, mientras que numerosos chiapanecos se ven obligados a abandonar sus comunidades por falta de seguridad, empleo y perspectivas de desarrollo.
Asimismo, denunciaron el deterioro ambiental que afecta a la entidad. Advirtieron sobre la contaminación de ríos, la deforestación, la explotación indiscriminada de recursos naturales y los proyectos que ponen en riesgo ecosistemas estratégicos, al considerar que estas prácticas comprometen el futuro de las próximas generaciones.
A la luz del mensaje guadalupano, los obispos reivindicaron la dignidad de los pueblos originarios de Chiapas, a quienes describieron como custodios legítimos de la tierra y de una riqueza cultural invaluable.
Subrayaron que las comunidades indígenas han conservado formas de organización social y valores que pueden contribuir a fortalecer la paz, la convivencia y el respeto mutuo en el estado.
También retomaron la imagen de la “Casita Sagrada” solicitada por la Virgen de Guadalupe a Juan Diego como símbolo de una nación donde nadie sea excluido. En ese sentido, señalaron que la verdadera paz no puede existir sin justicia social ni mientras persistan privilegios para unos cuantos frente a las necesidades de amplios sectores de la población.
En materia ambiental, recordaron las enseñanzas del papa Francisco sobre el cuidado de la Casa Común y señalaron que la defensa de la naturaleza está estrechamente vinculada con la defensa de la dignidad humana y el bienestar colectivo.
Los jerarcas católicos insistieron en que la fe debe traducirse en acciones concretas y dirigieron mensajes específicos a distintos sectores de la sociedad.
A los jóvenes los exhortaron a no dejarse seducir por las falsas promesas del crimen organizado y a convertirse en constructores de paz dentro de sus comunidades.
A las parroquias y comunidades católicas les pidieron fortalecer la escucha y el acompañamiento a las víctimas de la violencia y la desaparición, así como promover iniciativas de economía solidaria y defensa del territorio.
A las autoridades de los tres niveles de gobierno les recordaron que el poder debe ejercerse como servicio y no como privilegio. Además, las llamaron a garantizar la seguridad, combatir la impunidad y atender las causas profundas de la pobreza mediante políticas que respeten la dignidad de los pueblos.
En uno de los pasajes más contundentes del documento, los obispos dirigieron un mensaje a quienes generan violencia en la entidad, pidiéndoles detener las agresiones y abrirse al arrepentimiento y la reparación del daño causado a las víctimas.
Pese al diagnóstico crítico, el documento concluye con un mensaje de esperanza. Los obispos afirmaron que Chiapas está llamado a convertirse en un espacio de encuentro, fraternidad y desarrollo integral, sustentado en la justicia y la solidaridad.
Bajo la protección de la Virgen de Guadalupe, expresaron su convicción de que la entidad puede superar sus problemas mediante la participación ciudadana, la reconciliación social y el compromiso permanente con la paz.
“¡Chiapas, levántate y camina en verdad, con solidaridad y justicia!”, concluye el mensaje pastoral difundido al término de la peregrinación de la Provincia Eclesiástica de Chiapas al Tepeyac.

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