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Ni perdón ni olvido / La Feria

Ni perdón ni olvido / La Feria
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Sr. López

Allá en la primera mitad del siglo pasado, en la familia materno-toluqueña, los católicos todo terreno, cayó muy mal la boda de tía Queta con tío Samuel, masón y ateo que ni para casarse entró al templo (fue un apoderado suyo al pie del altar, en serio). Y fueron buen matrimonio. Ya muy viejita y muy viuda, le aconsejó a una sobrina bisnieta: -Para casarte, búscatelo decente, la religión es lo de menos… y si te sale ‘cumplidor’, pues mejor que mejor -sabía de qué hablaba, tuvo quince hijos; ‘cumplidor’ el difunto.

Todo gobierno de izquierda es malo; todo gobierno de derecha es bueno. No es cierto.

La derecha entendida como ideología conservadora del orden social existente, protectora de las tradiciones religiosas y patrióticas, del valor del individuo ante el gobierno (el Estado), y del respeto a la propiedad privada.

La izquierda -dejando de lado a Carlitos Marx, prueba suprema de lo rentable que es equivocarse en alemán-,  entendida como ideología que pregona la justicia y la igualdad sociales y la intervención del Estado, para distribuir equitativamente la riqueza, asegurar derechos y servicios públicos.

Ser de derecha o de izquierda no garantiza nada. Ha habido pésimos gobiernos en ambos bandos. Del lado derechopiense en la España de Franco o el Portugal de Oliveira Salazar; la Nicaragua de los Somoza, la Argentina de Videla y por supuesto, la Italia de Mussolini, por poner unos ejemplos. Del lado zurdo, bastaría con recordar la Rusia de Stalin pero hay otros insalvables: Mao en China, los Castro en Cuba, la Camboya de Pol Pot, la Nicaragua de Ortega y otros.

El factor común de ambos extremos de lo esperpéntico, es que la ideología fue su coartada para conseguir el poder y retenerlo. Ninguno consiguió el progreso de sus pueblos, ni respetó sus derechos. 

También ha habido buenos gobernantes de la derecha, Konrad Adenauer en Alemania, Margarita Thatcher en el Reino Unido, José María Aznar en España o Ronald Reagan en los EUA.

La diferencia con la izquierda es que ningún gobierno realmente de izquierda ha sido aceptable; los buenos gobiernos de izquierda no han sido de izquierda sino socialdemócratas, como prueban ya 60 años de modelo nórdico (Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia), con fuerte intervención estatal en salud, educación y todo lo que asegure el estado de bienestar, pero respetando la propiedad privada, la libertad del individuo y sus derechos,no han sido de “izquierda moderada”, no fueron ni son de izquierda.

No es difícil de entender: si un gobierno no respeta el derecho a la propiedad, va contra la misma naturaleza de los de nuestra especie. Desde la noche de los tiempos, el cavernario que se jugaba la vida con un mamut, se sentía y era dueño de sus chuletas y las compartía con quien quería…y seguramente establecía relaciones comerciales con los de las cuevas vecinas, de trueque, pues. Y respetar la propiedad resulta de respetar al individuo, su libertad, sus derechos, no al revés.

Por acá en Latinoamérica, de 1998 en adelante, la izquierda pareció enseñorearse. Si no recuerda mal este junta palabras, aparte de Cuba y Nicaragua, la izquierda llegó a ser gobierno en doce países, Bolivia, Honduras, Chile, Argentina,Ecuador, Brasil, El Salvador, Panamá, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela. No queda uno. Brasil con Lula no cuenta porque es de esa centroizquierda amiga del capitalismo que no se anda con cuentos con la propiedad privada; lo mismo en el Uruguay de Yamandú Orsi también de centroizquierda, moderado, muy alejado de radicalismos. En los demás países, la izquierda entregó los bártulos.

Curiosamente, será cosa del clima, la corrupción parece ser una enfermedad endémica en nuestra Latinoamérica; en los gobiernos de derechas como enfermedad secreta  (así les decían antes a las venéreas), y en los de izquierda, negándolo enfáticamente pero con la cara llena de granos y fístulas supurando pus.

La izquierda de nuestra región añade a su afición por lo mal habido, el financiamiento ilegal, la concentración del poder, el mangoneo de leyes, el debilitar las estructuras de gobierno y el clientelismo. Todo en salsa de corrupción.

El gobierno de Morena se autodefine de izquierda. Este menda tiene la certeza de que si los presidentes Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto, hubieran sido de izquierda, el Pejeremías hubiera sido de ultraderecha; quería llegar al poder a como diera lugar, nunca dejó de ser un priista estilo Echeverría pero de mala factura, modelo chancla pata de gallo.

El problema con el Pejestorio y el gobierno que nos heredócon su sucesora designada, no es que se digan de izquierda, sino que con tal de llegar, sumaron de todo a su movimiento, haciendo un muégano de tránsfugas de todos los partidos, más duros de izquierda que no ven la suya (ni la verán); y de remate, aceptaron el apoyo del crimen organizado.

La Presidenta debería pensar en otros como el expresidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, quien purga sentencia de 45 años de prisión por proteger cárteles del crimen organizado, y su hermano, cadena perpetua; Manuel Noriega, expresidente de Panamá, estuvo sus últimos 27 años de vida en la cárcel, por lo mismo; Nicolás Maduro que ya está preso en EUA, también por eso.

Otros presidentes condenados por andar en tratos con el crimen organizado: Otto Pérez Molina de Guatemala, 16 años de cárcel; Ricardo Martinelli de Panamá, 10 años de prisión; Mauricio Funes, de El Salvador, condenado a 28 años de prisión (huyó a Nicaragua); Elías Antonio Sacatambién de El Salvador, 10 años, este nada más por corrupto.

Haga lo que haga, use como use los instrumentos del poder, con manifestaciones, marchas y discursos patrióticos, la etiqueta de narco-gobierno, de narco-políticos, no se las quita nadie, es su divisa. No era necesario sostener esa complicidad. Era el Peje o México, señora.

Desatar persecuciones políticas como el envión contra la gobernadora de Chihuahua, puede distraer al peladaje, pero no a los EUA… esos, ni perdón ni olvido.

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