
Sr. López
Grave la abuela Virgen (la de los siete hijos), se negaba a que le pusieran la serie de cinco inyecciones que le recetó el médico; solo tía Jose podía verle la pompa a la tontuela de más de cien kilos, pero la tía estaba en España. En los casos urgentes o graves, la familia materno-toluqueña, sabía que el padre de este menda, señor decidido (de Autlán), y fuerte como toro, no fallaba. Y no falló. Preparó la jeringa (había que hervirla), entró a la recámara de la abuela, se oyó un gritito y al poco, salió diciendo: -Vengo mañana -cumplió las siguientes cuatro veces. Se curó la abuela pero meses no le dirigió la palabra.
Hay cosas que parecen indiscutibles, que de tan repetidas son generalmente aceptadas, con tal apariencia de bien que dudar es herejía. Y hay que discutirlas. La soberanía es una.
Sin meternos en honduras de teoría política, es común entender que al decir soberanía, nos referimos a que no intervenga un país en los asuntos de otro, cuantimenos que lo invada o ataque. Error. Soberanía se refiere a otra cosa, al soberano, al poder supremo que mantiene el orden y decide los asuntos del Estado.
En México, define la soberanía el artículo 39 de la Constitución: “La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de este (…)”; nada que ver con que no haya injerencias extranjeras, la soberanía es el pueblo decidiendo a quién le da el poder para su propio beneficio. Es cuento bonito, aunque el otro cuento era más bonito, cuando el poder venía de Dios, cuestión de gustos.
La soberanía como defensa del himen patrio para impedir que un extraño enemigo profane con su planta nuestro suelo, es como usan la palabra nuestros políticos mínimos de ogaño (hay de otros, no se crea), como coartada: la soberanía como derecho absoluto libre de todo escrutinio, en especialextranjero, para hacer lo que les venga en gana dentro del sacrosanto territorio nacional.
De esa manera, la soberanía, la autodeterminación, no es sino discurso para no rendir cuentas; para negar crisis internas -de derechos humanos, de seguridad, de corrupción,de tolerancia, alianza o pacto con el crimen organizado-;para proteger los intereses de la gavilla gobernante; para garantizar la impunidad de quienes forman parte del estamento superior del Estado -fuente de su aparente unidad que es simple complicidad-; y así, predican la defensa de la soberanía nacional, al tiempo que aplican discrecionalmente la ley y conservan poder y privilegios . Les funciona.
Por cierto, sí hay pérdida de soberanía cuando la autoridad que la debe ejercer, no controla todo el territorio, cuando otro grupo o grupos se lo disputan, como ya sucede en México en las amplias regiones en que el crimen organizado impone su ley, la de la violencia y la atrocidad. En este caso, hablar de soberanía es pura y simple simulación.
El concepto de soberanía no es tan antiguo. Empezó por ahí del siglo XVII (pacto de Paz de Westfalia, 1648), cuando el soberano era el rey y era absoluto, reclamando su exclusiva autoridad como juez incuestionable en todo asunto interno, con derecho a hacer lo que le pegaba la gana con la gente de su nación y provocando un estado de guerra continuo porque cada soberano (rey), pretendía tener derecho a imponer su voluntad a otros Estados. Absolutismo en lo interno, anarquía en lo externo.
Eso fue cambiando, las guerras se hicieron infames. La soberanía de la autoridad de cada Estado, empezó a limitarse. En 1899 y 1907, se fijaron reglas en las convenciones de La Haya, sobre qué se aceptaba o no, en las guerras; por algo se empieza. Luego la abuela de la ONU, la Sociedad de las Naciones, restringió el derecho a declarar la guerra. Siguió el Pacto de París, en 1928, después de la pavorosa Primera Guerra Mundial, firmado por 15 países, renunciando a la guerra ofensiva como instrumento político.Pasada la aún peor Segunda Guerra Mundial, en la ONU se acordó la obligación de los Estado miembros a “resolver sus controversias internacionales por medios pacíficos”.
Papel mojado, a la vista de tanta barbaridad que se sigue cometiendo, pero una cosa quedó muy clara: la soberanía de los Estados, de la casta gobernante, no es poder ilimitado en particular respecto de su población.
Así las cosas, en 2005 en la ONU se aprobó por unanimidad el compromiso político global llamado “Responsabilidad de Proteger” (R2P o RtoP), que establece la premisa fundamental de que la soberanía de cada Estado implica laresponsabilidad de proteger a toda su población de crímenesde lesa humanidad y violaciones de los derechos humanos, México firmó.
Cuando un Estado soberano falla en eso y se agotan todos los medios pacíficos para que corrija, la ONU puede mandar y ha mandado fuerza militar (los famosos ’Cascos Azules’ que es un ejército multinacional), a poner orden. Han realizado unas 70 misiones con su ejército, entre otras en Haití, Malí, Afganistán, Angola, Ruanda, Somalia, Bosnia y Herzegovina, Camboya, El Salvador y Guatemala. ¿Violaron sus soberanías?, SÍ, en buena hora.
Que nuestros cuatroteros gobernantes le vayan pensando: son once los crímenes de lesa humanidad (Estatuto de Roma,1998). En México suceden seis: 1. Homicidio intencional; 2. tráfico de personas; 3. Desplazamiento forzado; 4. Privación ilegal de la libertad; 5. Prostitución forzada; 6. Desaparición forzada sin búsqueda de la autoridad.
El mundo sabe qué pasa acá: en los últimos ocho años de 2018 a 2025, hubo 260 mil homicidios y tenemos 92 mil cadáveres sin identificar en las morgues, aparte de fosas clandestinas regadas por todo el país, más 132 mil desaparecidos. Y aunque no se les preste atención, tenemos unas 390 mil personas desplazadas por el crimen organizado.Sin dejar de lado la enormidad de territorio bajo la ley del crimen organizado.
¿Soberanía?…
No, no tenemos una autoridad soberana, tenemos, a escoger, cómplices o inútiles… o las dos cosas, en todo caso, farsantes.


