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Pronóstico reservado / La Feria

Pronóstico reservado / La Feria
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Sr. López

Tía Flor era una de las tías bisabuelas que nomás vivió 109 años (eran tan longevos que su muerte fue una sorpresa), y todo el tiempo contaba recuerdos de su “papacito”, que oyéndola parecía que había sido santo y sabio. Pero, tía Rosita (la que murió de 117), un día se aburrió y le dijo: -Deja en paz a tu padre que fue un borrachote desobligado que regó hijos por todo Toluca -silencio… era cierto.

Ayer sobraron asuntos de buen condimento… pero la Presidenta va mano.

Ya ratificado que la Secretaría de Educación sí es parte de su gabinete, la nota principal de varios diarios nacionales, fue que siempre no se cambia el calendario escolar y que Mario Delgado -mientras el gobierno de los EUA no mande por él-, seguirá ejerciendo de secretario de Educación, cargo para el que solo tiene el 100% de lealtad (y no a ella).

Resuelto eso, ayer en su gustada madrugadora, aclaró la Presidenta que el exsecretario de la Marina, el tal Rafael Ojeda, no ha sido citado a declarar por la FGR, en relación con el asuntito del huachicol fiscal, porque fue el quien lo denunció. Lástima que al ratito, la FGR aclaró que Ojeda no denunció nada y que no lo ha citado… porque no denunció… fíjate que suave diría Manolín (el de Shilinsky). ¡Ay, señito!

Otra: ayer ratificó nuestra primera mandataria (no se ría), que no tiene mucha idea sobre historia de México. Echándole pullas a Hernán Cortés, dijo que “(todavía) hay mexicanos que piensan que México inició cuando llegaron los españoles” (así habla, disculpe usted, se dice México SE inició). Como sea, lo que nació fue el Virreinato de la Nueva España, después México. Pero sin españoles ni lo uno ni lo otro y los indios solos… ni lo otro ni lo uno.

Ya encarrerada en su patriótico discurso, alegría de chicos y grandes, añadió la siguiente bizarra declaración (bizarra por valerosa y extravagante):

“(…) la grandeza cultural de México viene de los pueblos originarios, de los del norte, del centro, del sur, con su gran diversidad y el reconocimiento de los valores del pueblo de México …” (le faltó oriente y occidente, ahí para la otra), yremató de pecho: “reconocemos la dignidad del pueblo de México por encima de todo y esa viene del legado de grandeza de los pueblos originarios”.

¡Ay, doñita!, eso pasa por andar leyendo lo que le escriben a su mentor, el Pejestorio. Si la dignidad del pueblo de México viene del legado de grandeza de los indios y si veras lo español es de pena ajena, no hable en español, digo, es de España, y cámbiese el nombre, por ejemplo, ClaudiayácatlSheinbaumyoltzin (Yoltzin es Corazoncito, hay cariño).

Si va a tomar ejemplo de los valores de los indios de antes de la conquista, la cosa se va a poner fea, por ejemplo por el canibalismo (que no era ritual, ahí están los códices con recetarios para cocinar la carne dulce, la humana, por ejemplo el ‘pozolli’, maíz de hombre, nuestro delicioso pozole con cerdo, claro).

Esos idílicos “originarios”, tenían costumbres, digamos, peculiares: los niños que no respetaban a sus papás, el tribunal los castigaba con palizas o los desheredaba y a los hijos desobedientes de los nobles, les tocaba pena de muerte.

Eran disparejos, a la señora que ponía los cuernos a su marido, le recetaban ser estrangulada, apedreada o desollada, en público; pero al hombre casado no le pasaba nada mientras no se metiera con una casada (ni locos). Por cierto, el aborto lo castigaban con pena de muerte… ¡éntrele doñita!

Esos idílicos indios no daban el mismo trato a hombres que a mujeres, ni en la muerte. El varón era incinerado (si era de la nobleza junto con algunos esclavos), y la mujer por noble que fuera, era enterrada con sus enseres domésticos (ni en la otra vida les tocaba descanso).

¡Ah!, y de tolerancia, cero: al hombre homosexual activo (usted entiende), lo enterraban vivo en cenizas ardientes (los aztecas lo empalaban, cosas de ellos); al pasivo (usted entiende), lo ejecutaban sacándole las entrañas por el orificio de atrasito (usted entiende); el lesbianismo se castigaba con muerte por garrote (asfixia con una cuerda al cuello y un palo dando vueltas).

Su manía de obsequiar penas de muerte, tal vez fuera porque no tenían cárceles; sí tenían el ‘teilpiloyan’, una estrecha jaula para castigar los que tenían deudas y otra igual, el ‘cuauhacalli’, para esperar la ejecución o sacrificio, daba lo mismo.

Aunque… ¡caray!… a lo mejor conviene tomar de los indios de ese entonces algún ejemplo como el castigo a funcionarios corruptos, a los que robaban tributos, los que recibían sobornos o cometían abusos de autoridad: si era la primera vez, los destituían, los rapaban en el mercado (a veces les echaban lumbre encima), les demolían la casa y les confiscaban sus bienes; si eran reincidentes… ¿qué cree?… ¡claro!, su favorita pena de muerte (degüello o estrangulamiento). ¿Se imagina las mordidas que ofrecerían los funcionarios de ahora para salvar el pellejo?… no, mejor, no.

La señora debe pensar que los indios eran retrasados mentales como para haberse dejado conquistar por unos 800soldados de Cortés, siendo ellos por ahí de 10 millones. No señora, los indios fueron seducidos por una religión que no sacrificaba gente; y por una evidente cultura superior, sin negar que hubo salvajadas… igual que ahora las hay, no nos hagamos.

Mientras estos importantísimos asuntos ocupan la atención de la Presidenta de la república, ayer, en el Senado de los EUA, el titular de la DEA, Terry Cole, afirmó sobre el crimen organizado mexicano: “No cabe duda de que los narcotraficantes y altos funcionarios del gobierno mexicano han estado involucrados durante años (…) son igualmente responsables de la muerte y destrucción de una cantidad récord de estadounidenses al cooperar, conspirar y ayudar a producir este veneno para que cruce la frontera (…) esto es solo el comienzo de lo que está por venir en México”.

Señito, si lo hace por distraernos, no nos distrae; si ella es la distraída, la espera una sorpresa de pronóstico reservado.

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