1. Home
  2. Columnas
  3. De taza en taza: el pasaporte que convirtió el café en una aventura inolvidable / Relatos Escritos

De taza en taza: el pasaporte que convirtió el café en una aventura inolvidable / Relatos Escritos

De taza en taza: el pasaporte que convirtió el café en una aventura inolvidable / Relatos Escritos
0

Nadia Ruiz

Hay viajes que comienzan con un destino claro… y otros que empiezan con un simple sorbo de café. Este es de los segundos: un recorrido que no solo despierta el paladar, sino también la curiosidad, la memoria y las ganas de seguir explorando.

Todo inició casi sin darme cuenta. Entre los días —una persona especial— que decidió llevarme por un camino distinto: el del café. Me hablaba de aromas, de procesos, de notas que yo aún no entendía, pero que poco a poco comencé a reconocer. Cada salida era una excusa perfecta para probar algo nuevo, para descubrir que detrás de cada taza hay una historia que merece ser contada.

Pero lo que no esperaba… es que ese recorrido no solo me enseñaría a amar el café, sino también a disfrutar profundamente la compañía. Porque sí, esta ruta no la camino sola. La recorro acompañada de esa persona especial, y eso transforma cada parada en algo más íntimo, más cálido, más memorable. El café sabe distinto cuando se comparte… y los viajes también.

Fue así como empezó mi búsqueda… hasta encontrar el indicado.

El famoso “BLENDS”, o como yo decidí bautizarlo: el “Café de Niñas Bien”.

No es solo un nombre coqueto. Es toda una experiencia. Este tipo de café pasa por un proceso importante, preciso, que da como resultado un sabor equilibrado, suave y profundamente delicioso. Pero, claro, no basta con el café… también importa el ritual.

Mi ritual favorito: preparado por mi persona especial en el método de Moka Italiana, con leche deslactosada —pero no cualquiera, LALA deslactosada y espumada, por supuesto—, pierna cruzada, clima frío y tiempo detenido. Porque sí, el café también se toma con actitud… y si es en buena compañía, mejor.

Pero la historia no termina ahí.

Una tarde cualquiera, entre risas y antojos, llegamos a un lugar que cambiaría todo: Tierra Sagrada.

Desde que cruzas la puerta, el ambiente te envuelve. El aroma del café recién molido se mezcla con la calidez del espacio, y de pronto entiendes que no estás en una cafetería más… estás en un lugar donde el café se respeta.

Ahí probé un moka cremoso que aún recuerdo como si lo tuviera frente a mí: intenso, suave, con notas que parecían abrazarte. Y mientras compartíamos ese momento, entre miradas y comentarios sobre el sabor, entendí que ese tipo de experiencias no se repiten igual… porque están hechas de café, sí, pero también de compañía.

Fue en ese instante donde supe que había encontrado algo más que una bebida… había encontrado una experiencia.

Y justo ahí, entre tazas y conversaciones, apareció algo inesperado: el Pasaporte del Café de Especialidad Chiapas (segunda edición).

Un pequeño cuadernillo… con un gran propósito.

No tardamos en descubrir que no era solo un recuerdo turístico, sino una invitación abierta a recorrer, descubrir y saborear lo mejor del café chiapaneco. Cada página representaba una cafetería, un sello, una historia distinta… y juntos comenzamos a llenarlo.

Regresamos más de una vez a Tierra Sagrada —sí, por ese moka inolvidable—, pero también coincidimos con Rafael Rodríguez, el impulsor de esta iniciativa que hoy conecta a amantes del café con los rincones más auténticos del Soconusco.

Su idea nació con algo sencillo: crear un pasaporte local en Tapachula para que las personas vivieran la experiencia del café y supieran a dónde regresar. Pero lo que empezó como un proyecto pequeño, creció gracias a la confianza de la gente y al amor por el café.

Hoy, ese pasaporte se ha convertido en una ruta que atraviesa municipios y emociones.

Desde Tapachula, Belisario Domínguez, Jaltenango de la Paz, hasta llegar a San Cristóbal de las Casas y Tuxtla Gutiérrez.

Cada cafetería es un universo distinto. Algunas te reciben con espacios minimalistas, otras con esencia tradicional; unas te sorprenden con métodos como prensa francesa o chemex, y otras te enamoran con bebidas creativas que reinventan el café.

Pero todas tienen algo en común: La pasión.

Porque el café no es solo una bebida. Es cultura, es historia, es trabajo de manos que cultivan, recolectan, seleccionan y transforman cada grano.

Es una excusa perfecta para viajar.

Es un pretexto para quedarse.

Y es, también, una forma de conectar.

Hoy puedo decir que aquel recorrido que empezó con curiosidad, se convirtió en una aventura compartida. Cada sello en el pasaporte es una memoria construida entre dos, cada taza una historia que comentamos, cada cafetería una parada que se vuelve más especial por la compañía.

Así que si amas el café… o si estás por descubrirlo, esta es una invitación abierta:

Atrévete a recorrer la ruta.
Déjate sorprender por los sabores.
Comparte el viaje con alguien que haga cada sorbo más significativo.

Porque tal vez —solo tal vez—, en alguna de esas tazas también encuentres algo más que café:
un momento que se quede contigo para siempre.

El café de niñas bien no se toma… se presume, se disfruta despacio y se convierte en el detalle más elegante de una historia bien vivida.

LEAVE YOUR COMMENT

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *