
Juan Carlos Toledo
* Hay dependencias que nacen para resolver problemas. Y hay otras que nacen para simular que se resuelven.
La flamante Secretaría de Pesca y Acuacultura, presentada como una nueva etapa para el sector pesquero, parece estar cayendo peligrosamente en la segunda categoría.
Porque cuando uno revisa lo que se está haciendo en los esteros —y con qué se pretende hacerlo— el entusiasmo institucional se convierte rápidamente en escepticismo técnico.
El ejemplo más claro son las dragas que se anuncian como la solución al azolve de los esteros.
Primero: al parecer son usadas.
Segundo: son pequeñas.
Estamos hablando de dragas de “14 a 16 pulgadas”, cuando cualquier técnico que haya trabajado en dragado de esteros sabe que, para que el trabajo sea mínimamente eficiente, se requieren “equipos de 18 a 20 pulgadas”.
No es un asunto de lujo ni de capricho: es capacidad de bombeo, volumen de sedimento y distancia de arrastre.
Porque el dragado no termina cuando se succiona el lodo.
El material tiene que “transportarse al menos unos 100 metros” para formar las llamadas “tarquinas”, zonas de depósito donde el sedimento queda fuera del sistema hidráulico del estero.
Con equipos pequeños, el arrastre es corto. Muy corto.
¿El resultado? El sedimento apenas se mueve unos metros, se deposita cerca y en cuanto llegan las lluvias o cambia el flujo del agua… regresa exactamente al mismo lugar de donde salió.
Es decir: se gasta dinero público para mover el lodo unos cuantos metros… antes de que vuelva a entrar al estero.
Ingeniería circular.
Pero lo más preocupante no es el tamaño de las dragas.
Lo preocupante es la sensación de que no existen proyectos ejecutivos serios detrás de estos trabajos.
Sin estudios batimétricos claros.
Sin cálculo de volúmenes.
Sin planeación real del manejo de sedimentos.
Lo que se perfila es lo de siempre: dragados al aventón, obras hechas al “ahí se va”, como si los sistemas lagunares fueran zanjas de rancho y no ecosistemas complejos que sostienen la economía de cientos de pescadores.
Mientras tanto, desde el escritorio se insiste en que el sector pesquero está “en el corazón” de la Secretaría.
Y sí, probablemente lo esté.
El problema es que entre el corazón y la cabeza hay una desconexión preocupante.
Porque prometer rescate de esteros con dragas subdimensionadas es exactamente lo que en el pueblo se conoce como “dar atole con el dedo”.
Aquí vale hacer una pausa. El gobernador Eduardo Ramírez ha insistido en que su gobierno debe trabajar para fortalecer al sector pesquero y a las familias que viven del mar. Esa intención es clara y muchos pescadores la reconocen.
Pero justamente por eso preocupa que, desde la Secretaría encargada del tema, las cosas se estén haciendo con tanta improvisación.
Porque cuando las decisiones técnicas fallan, el problema no se queda en la oficina: termina pegándole directo a quienes viven del estero y del mar.
Y si la titular de Pesca sigue desafinando el vals sobre las olas, no sólo se va a quedar el estero lleno de lodo.
También se va a empezar a llenar de dudas una Secretaría que ni siquiera termina de arrancar… y ya parece vieja.


