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10 de mayo, día de las madres. Nada que celebrar 

10 de mayo, día de las madres. Nada que celebrar 
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Madres buscadoras en exposición Nombrarles a todxs

Susana Escobar Fuentes 

Siempre me ha incomodado el día de las madres, creo que es por la parafernalia del amor a mamá como una simulación social para vender, lucrar e invisibilizar el trabajo de ser madre.  Fue a raíz de que empecé a maternar que la incomodidad tiene más contundencia y se consolida comoenojo, me molesta el día de las madres porque es el vivo reflejo de la hipocresía social, del fracaso rotundo hacia las mujeres que maternamos.  Es duro aceptarlo, pero es real, porque como dicen muchas mamás ¡No hay nada que celebrar! 

Nada que celebrar en un país de más 130 mil personas desaparecidas, de madres buscadoras organizadas en colectivos haciendo un trabajo que no debería existir, buscar restos humanos con la esperanza de encontrar a sus hijos, a sus hijas. 

Qué vamos a festejar en un país donde muchas de esas madres han sido asesinadas, como Marisela, Teresa, Sandra o Esmeralda, qué vamos a festejar con los feminicidios diarios, las violencias atroces y sistemáticas. 

No digo que el 10 de mayo no haya que celebrarlo, porque ser madre por elección, con una red amorosa de apoyo y cuidado es digno de celebración, pero esa realidad es casi una utopía y un privilegio, porque ser madre en un país como México es sumamente violento. Cómo vamos a criar si la carga de jornadas laborales dobles va a costa de nuestros cuerpos; cómo haremos para disfrutar a nuestros hijos, a nuestras hijas, si para pagar las cuentas hay que dejarles al cuidado de alguien más, y a veces sólo llegar a verles dormir. Qué hacer con la carga mental que rompe la delgada línea de la cordura, y muchas madres se pierden en el intento de no enloquecer porque están sosteniendo tanto siempre.

Yo celebro mi maternidad, pero no puedo evitar pensar en las mujeres que maternan en esta sociedad tan hostil y violenta. No dejo pensar en las madres que padecen de violencia vicaria, aquellas que viven con su violentador y no pueden escapar porque están aisladas, social y económicamente. Pienso en esas mujeres que están cuidando a sus hijos con discapacidad, que duermen a lado de sus hijas hospitalizadas. No salen de mi mente las madres enfermas o diskas, las mujeres migrantes que cargan a sus hijas con ellas, o que dejan en otro país a sus hijos. Pienso en esas mujeres que llevaron vida en su vientre por un breve tiempo y cuya pérdida es silenciosa e incomprendida; pienso en las niñas obligadas a ser madres por un cruel mandato moral yreligioso. Pienso en las mujeres mamás que sostienen la vida con la idea de sacrificio, de sumisión y obediencia, un camino doloroso, cansado y sumamente cruel porque las coloca en un espacio de profunda soledad.

Para que podamos celebrar el 10 de mayo con justicia y dignidad, esta sociedad y el estado debe trabajar en muchas cosas: encontrar a todas las personas desaparecidas, tener un sistema de cuidados que acuerpe a las mujeres, que las sostenga en la crianza y las libere de cualquier tipo de violencia, debemos trabajar para que haya políticas públicas donde la igualdad entre géneros sea un principio fundamental. Necesitamos visibilizar el trabajo de las madres, reconocerlo y retribuirlo dignamente. Debemos dejar de asentar en el cuerpo de las mujeres, todo el peso social del cuidado, despojarlas de la culpa de no cumplir las expectativas de una sociedad y un sistema económico que las esclaviza. 

Basta ya de romantizar ser madre sólo con regalos y flores el 10 de mayo, basta de burlarse, ridiculizar y violentar a las mujeres en todos los tornos: personales, escolares, laboralese institucionales, basta de hipocresía con cara de restaurantes al tope de gente, y una mercadotecnia rampante para no aceptar que nuestras madres, y las madres que somos, nos ahogamos sin que nadie haga nada. 

Urge una celebración contundente, amorosamente rebelde, donde las mamás no seamos un objeto de fiesta mercantilista y falsa, necesitamos celebrar con ternura radical, crítica y consiente, debemos acompañar y acuerpar a las madresprecarizadas, las que sufren, las que luchan, las que resisten, necesitamos celebrar la esperanza de que los 10 de mayo sean por fin un día de fiesta real. 

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