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Vientos de y en la calle / Al Sur con Montalvo

Vientos de y en la calle / Al Sur con Montalvo
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Guillermo Ochoa-Montalvo 

Querida Anna Karen, 

Cierro el libro de Rafael Álvarez Solís sintiendo el Viento helado en el Alma al ver a los pequeños y pequeñas niñas saliendo de sus refugios improvisados en alcantarillas, casas abandonadas… Ese Viento congela, hace hierve la sangre, al mismo tiempo.  

La obra “TRES FEAS POR UNA BONITA” me traslada al año 1989, hace 37 años, cuando siendo delegado de Defensa del Niño Internacional en México, se logró la aprobación en España, de la CONVENCIÓN SOBRE LOS DERECHOS DEL NIÑO, (CDN), adoptada en México y en 195 Estados para “garantizar derechos económicos, sociales, culturales, civiles y políticos a menores de 18 años sin discriminación. “Su aplicación abarca la protección, educación, salud y el derecho a la identidad”. 

LETRA MUERTA EN MÉXICO, como en otras naciones donde la miseria humana, ciega a quienes medran cariño, protección y ayuda; y en vez de ello, se les mira como parte del paisaje urbano; como objetos serviles a quien encomendar labores indignas a estas pequeñas almas deambulado en la gran ciudad con una franela, tragando fuego; cargando cubetas en el panteón; arrastrando los “diablitos” en los mercados. A su lado camina un joven vigoroso cuidando que ese niño de 11 años no les robe la mercancía, mientras su madre regatea a la comerciante. 

Son niñas y niños a quienes, les robamos la infancia y la adolescencia cruelmente con nuestra indiferencia con nuestra indiferencia. Niños quienes ignoran las leyes que debieran protegerlos.  

Ahí, en un lujoso espacio, estábamos reunidos con la gente elegante de UNICEF, Banamex, la UNAM; el gobierno del Distrito Federal; empresarios de cuello blanco; señoras perfumadas de organizaciones filantrópicas. Casi a mi lado, se encontraban los representantes de Casa Alianza y muchos otros hablando de las y los NIÑOS DE Y EN LA CALLE buscando conceptos para clasificarlos cuál peces y anfibios en un acuario.  

Todo estaba planchado de antemano: las Actas de Acuerdo prefabricadas. ¿Quienes participarán en la 

COMISIÓN PARA EL ESTUDIO DE LAS Y LOS NIÑOS DE Y EN LA CALLE EN LA CIUDAD DE MÉXICO? La pregunta sobraba. Patrocinadores, directivos y los organismos ya estaban designados. El resto de los asistentes enmudeció cuando vieron que se trataba de trabajar y no de organizar suntuosos eventos de recaudación de fondos entre perfumes y joyas lujosas. Ellos hicieron mutis y quedamos como representantes de las ONG: DNI-MÉXICO y la organización del padre Alejandro García Durán conocido como el “padre Chinchachoma”, fundador de los 18 albergues de la famosa “HOGARES PROVIDENCIA”. 

El Acta de colaboración señalaba a la titular de la Secretaría de Protección Social y Ayuda Comunitaria del DDF como directora de la COESNICA; mencionaba a patrocinadores, a la Facultad de Medicina y a otros en el área ejecutiva. Entonces, escuché mi nombre como coordinador del área de Comunicación y Medios. 

Al día siguiente, supimos que ya se tenían 500 puntos de encuentro en la Ciudad de México donde se trabaría 24/7 durante un año para contar a los niños de y en la calle.  

—¿Cuál es el propósito de contarlos?, preguntó Claudia, –mi pareja en ese momento. La directora respondió:  

—El conteo es el inicio de un amplio programa para cumplir con el CDN de 1989. Las cifras de las organizaciones difieren y debemos conocer cuál es el universo real de estas criaturas para brindarles la atención que merecen, explicó la funcionaria del DDF. Porque según esto, existían diversidad de versiones nada sustentada. Casa Alianza asegura que son 5 millones; otros, los estimaban en 2 millones y así, las estadísticas sin fundamento, oscilaban entre medio millón hasta lo 5 millones. Con esas discrepancias, era imposible trazar estrategias eficaces y eficientes.  

Se mapearon los polígonos de los 509 puntos de encuentro; después se capacitó a un número enorme de estudiantes de la Escuela Nacional de Antropología y la UNAM para realizar el conteo durante tres turnos al día para todo el año y con ello, validar que, en la Ciudad de México, según el Censo del año 1991, revelaba que únicamente existían, 11,172 niños y niñas que trabajaban o vivían en las calles de la Ciudad. 

De acuerdo al estudio, el 9.2% de los niños vivían completamente en la calle, mientras que el 90.8% desarrollaba ahí, su trabajo callejero. Aunque el estudio se apegó al método científico asesorado por el IMEOP, la veracidad de la información recogida por los estudiantes era dudosa para cumplir con el propósito de investigar, censar y analizar la situación de los niños, niñas y adolescentes que vivían o trabajaban en las calles de la capital. La primera acción fue recoger a los niños de la calle sin hogar, para trasladarlos al Albergue de Protección Social. 

Ahí conocí al “Pecas”, un chavo de 14 años, ágil de mente y platicador que sin preguntarle me informó sobre el modus vivendi de los niños y niñas para sobrevivir a las amenazas, abusos y violencia de parte de las autoridades y habitantes de la Capital, y entre ellos, al pelar con los “chavos banda” por algún territorio. 

—La encargada del Albergue, me comenta que no quieren dormir sobre las camas; que ni siquiera se quitan la ropa ni los zapatos; ¿Por qué se comportan así?, -le pregunté al “Pecas”.  

—Pus la cama se mueve como las lanchas de Chapultepec. Nos acostumbramos a vivir sobre el suelo, listos para huir, en cualquier momento, de la “chota” o de las bandas que nos pegan, o nos quitan el dinero, o se llevan las sobras de alimentos que los taqueros de la calle, nos regalan, – me comentó el “pecas” expresando su deseo por salir del Albergue. 

—Se sienten incómodos aquí?, le pregunté con curiosidad. 

—De la comida y la gente de aquí, no nos quejamos; pero somos perros callejeros y deseamos vivir en libertad sin que nadie nos ordene qué tenemos que hacer. Yo estudié toda la primaria hasta que mi madre murió… a mi padre, ni siquiera lo conocí por el oficio de mi pobre mamá. El Pecas” nos señaló los principales puntos en donde los niños suelen reunirse. Díganles que van de mi parte para que no huyan. 

Esa misma noche llegamos a un puente donde encontramos, bajo una alcantarilla a niñas y niños inhalando “chemo”; al fondo, un niño de 10 años fornicaba con otra niña de 8 años. Les explicamos que éramos amigos del “Pecas”, y después de muchas preguntas, nos acomodamos a platicar con ellos. Mientras yo los entrevistaba, Claudia grababa las escenas de la charla en una cámara VHS, previo permiso de los infantes. 

A esa noche, le siguieron muchas otras en los mercados, panteones, cruceros, funerarias, área de estacionamiento… lugares, donde los niños en la calle obtenían sus ingresos bajo la vigilancia de sus padres de algún adulto, que los obligaba a vender dulces, cigarros, chatarras… y la mayoría, sin asistir a la escuela. Los proxenetas, los vendían a los pedófilos como mercancía, igual que a los niños y niñas de la calle. Sin embargo, los niños de la calle, se sentían libres e independientes. Viajaban, en época de vacaciones, a los centros turísticos donde obtenían bastante dinero gracias a los extranjeros; quienes les pagaban hasta por tomarse fotografías. 

Todos ellos, eran y siguen siendo víctimas nuestras. Unos por explotarlos y abusar de ellos, y nosotros por tolerarlo, y muchas veces, propiciarlo. Ni el gobierno, y mucho menos desde el 2018; ni las organizaciones filantrópicas, nadie hace nada por ellos. Son Vientos invisibles que se sienten, pero nadie parece verlos. 

En realidad, en estos 37 años, la situación jamás cambió, ni con la CDN, ni con las múltiples recomendaciones de la Organización Mundial del Trabajo, OIT. La indiferencia es criminal. Más, cuando los ingresaron a la red del narcotráfico y de la delincuencia organizada para realizar los trabajos sucios a cambio de sentir el Poder entre las manos que muchos pagaron con la cárcel o el entierro. 

Fueron cientos de niños los que conocimos y cada uno de ellos, carga con su propia novela de drama y tragedia. 

Por ese motivo, seguimos colaborando en la COESNICA, con la esperanza de presenciar un cambio; pero nada sucedió. Solamente los explotadores los hacen visibles; la sociedad civil, jamás. Y la pregunta es, ¿hasta cuando se comprenderá que la protección y desarrollo integral de las niñas y niños indefensos terminará? Comprendamos que nuestra empatía y sensibilidad, merece una lucha frontal a favor de esas criaturas como una elemental cuestión de amor.  

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