José Antonio Molina Farro
“la vejez es un terreno fecundo para la creación y la rebeldía.”
EDGAR MORIN
Este experto (104 años) alerta sobre el triunfo del pensamiento simplista en Europa e invita a recuperar los valores de la amistad y la solidaridad.
La voz de Morin merece ser escuchada. El filósofo francés ha tenido una larga vida dedicada al pensamiento sobre el ser humano. Es más, a su avanzada edad, todavía sigue escribiendo y transmitiendo su sabiduría. Afirma encontrarse en una fase vital apasionante.
En contra de la idea de que la edad trae fragilidad, ostracismo o, incluso, aburrimiento, el filósofo reivindica que todavía a sus años siente curiosidad. Percibe dentro de él todas las edades que ha atravesado, sus distintas versiones, en este sentido, no han ido muriendo sino que se han ido quedando con él.
Conservo la curiosidad de la infancia, las aspiraciones de la adolescencia, las responsabilidades del adulto y, ya anciano, trato de nutrirme de la experiencia de las edades que he atravesado. Estas palabras han dado la vuelta al mundo en las últimas semanas, generando micha admiración por el anciano filósofo.
Lo que se conoce como proyecto de vida, es decir, la razón para levantarse todos los días, la acción que de sentido a nuestra existencia temporal, es a menudo señalada como un factor indispensable no solo para una vida plena sino también feliz. Encontrar pasión o mantener la curiosidad por algo, como Morin parece encontrarlo en el análisis social, puede cargar de energía a la persona de cualquier edad.
Y, además su pensamiento es muy vital, caracterizado por una invitación a “despertar”.
BARBARIE DEL PENSAMIENTO.
“Lo inhumano se extiende, lo humano se desmorona, el comportamiento simplista triunfa, la complejidad retrocede”. “La civilización occidental, sobre todo, está siendo corroída por una profunda crisis”.
Morin es impulsor del pensamiento complejo, que busca comprender los problemas como parte de un todo y no de manera aislada. Por eso insiste en la necesidad de conocer la historia.
La barbarie del pensamiento reside en la simplificación, la disyunción, la separación, la racionalización en detrimento de la complejidad, las conexiones inseparables e incluso los sueños y la poesía”.
“El pensamiento se ha reducido en una ayuda para el cálculo, que originalmente se concibió como una ayuda para el pensamiento”.
Y remata: “La llamada inteligencia artificial puede ser aterradora, pero temo sobre todo a la inteligencia humana superficial”.
Advierte sobre la necesidad de reformar la educación en Europa. “El cerebro se enseña en biología, la mente en psicología, y las humanidades descartan cualquier idea de humanidad biológica”. Todas estas materias deberían colaborar.
Nunca ha habido tanto conocimiento sobre la humanidad, y nunca se ha sabido tan poco sobre lo que significa ser humano: existe una especie de agujero negro en nuestro conocimiento de nosotros mismos, y esto dificulta el entendimiento mutuo.
Y ¿cómo empezamos a rescatar a nuestra sociedad?, hacer uso de los valores más humanos como el amor, la amistad, la solidaridad, y también el gusto por las artes, como la literatura y la música.
NORBERTO BOBBIO.
Su pesimismo contrasta con el optimismo fecundo de Morin. Sobre la vejez dice: “el gran patrimonio del viejo está en el maravilloso mundo de la memoria. Pero la vejez es horrible. Engaña quien dice lo contrario. Con frecuencia, hasta la memoria, la única fortuna se extravía.
Camina despacio, se rezaga, se repite, aburre. Hay una frondosa tradición literaria que elogia la vejez. La publicidad quiere hacer de los ancianos hombrecitos arrugados, sabios y sonrientes, felices de pasear por el mundo. No se les llama ancianos sino “personas de la tercera edad”.
Al hacerlo estos mensajes hacen de la vejez una nueva mercancía, una nueva clientela.
La vejez es terrible. Quien alaba la vejez no le ha visto la cara, dice, parafraseando a Erasmo. Basta ver el dolor en los hospitales, la soledad de los asilos, la desesperanza de los enfermos.
El futuro no le pertenece al viejo. Delante, la muerte. Bobbio la encara sin esperanza. “Como laico vivo en un mundo en el que la dimensión de la esperanza es desconocida. “La muerte es el fin, la entrada al mundo del no ser”.
Usted juzgue estimado lector.