
Guillermo Ochoa-Montalvo
Querida Ana Karen,
Quisiera correr tras el viento como lo soñaba de niño. Desearía detenerlo como el Viento sostiene los aviones y hasta el Concorde al verlo zumbar por mi casa. El Viento en la ciudad de México era suave en tierra, debido a los enormes edificios que sirven de rompe vientos, cosa que lamentaba,
Pero los sueños, cuando se desean con fuerza, se hacen realidad.; lo supe al llegar a Comitán. El Viento es como Jehová, nuca lo ves, pero lo sientes en la piel, en la mente y el Alma. Entusiasmado desee detenerlo para escucharlo su ulular; conversar con él a chiflidos, y ronroneos como solía hacerlo en la Ventosa, Oaxaca observando los molinos de viento girar a toda velocidad para producir energía eléctrica. El Viento tiene su parte bondadosa y benéfica.
En ese intento, el Viento me golpea, me atraviesa; lo persigo por el Parque Central; me burla al zigzaguear entre los adornos del día del Día de la Amistad; lo persigo, pero es más veloz. Mis piernas están lejos de ser las de un atleta; deseo abrazarlo, empero, desconfía de mis intenciones.
Viene del Norte, por ello, es tan frío como quienes disfrutan de su soledad recorriendo altiplanos, atravesando mesetas hasta toparse con la Sierra Mariscal; envidio su libertad de viajero. Se carcajea al mirar a la gente abrigarse, porque él sabe colarse entre la ropa, debajo de las faldas cuando alcanzan rachas de 70 kilómetros por hora. Nadie puede evitarlo, la gente, le hacen lo que el Viento le hizo a Juárez.
Ahora, el Viento se eleva para corretear a las nubes. Las obliga a caminar a mayor velocidad y esa vista me agrada al verlas formar figuras en mi imaginación: un perro, mas allá, un caballo cabalgando a rienda suelta; por otro lado, un dragón que, con el Viento, se convierte en un gracioso gatito. ¡Cu{antas figuras puede esculpir el viento moldeando las nubes!
El Viento sube guiñándole un ojo al Sol siguiendo su camino. Llega a la Floresta donde saluda a sus parientes de Teopisca y San Cristóbal. Gira hacia Villahermosa Yumalá; se el siente en San José Yocnajab; ahí saluda a sus amigas alfareras quienes le agradecen atizar los hornos artesanales; la reclaman en Francisco Sarabia, en Cash, Los Riegos, en Guadalupe Yocnajab y Ajayaxch donde las viviendas son frágiles y vulnerables al Viento como otras 350 comunidades, pueblos y barrios de Comitán.
Al anochecer azota puertas, ventanas y se mete hasta por los goznes para llegar travieso a las camas donde las piernas se acalambran al sentirlo.
Saluda coqueto a la Luna. La rodea para besarla en su lado oscuro. Durante la madrugada se abraza a la señora Temperatura para hacerle sentir su intensa frialdad. Tres grados, cuatro, cinco y al amanecer, el Sol coloca a la ciudad en 14 grados y le sonríe de su maldad. Más tarde, el Sol se impone con su calorcito de invierno pintando de rojo las mejillas de tojolabales, tzotziles, tzeltales, mayas, blancos y mestizos quienes habitan la comarca.
Los niños lo festejan al volar sus Cometas, papalotes y rehiletes murmurantes por allá en las zonas arqueológicas de Tenam Puente y Junchavín. El sociable Viento saluda a su medio hermano, el Aire; menos inquieto, quien habita en todas partes esparciendo 78 moléculas de Nitrógeno, 21 de oxígeno y otras sustancias.
El Viento del Norte de pronto extraña a su hermano, el Viento de Sur, entonces decide visitarlo en la Costa del Pacífico esperando encontrarlo de buen humor y gentil, pues sabe perfectamente, que cuando se enfada con la señora Tierra, se transforma en un terrible energúmeno. Ya encabritado, sale tumbando árboles; entonces, así huracanado corre hasta a 250 kilómetros por hora.; se confabula con la señora Lluvia y doña Mar, elevando las olas hasta 8 metros y entre los tres destrozan casas, cultivos y las palapas de los comerciantes a orillas del malecón. El miedo cunde en unos mientras otros, ya acostumbrados, fingen indiferencia con la esperanza depositada en los manglares quienes suelen detenerlo; pero tan contaminados y deforestados, lo dejan pasar con tanta fuerza capaz de destruir puentes, caminos y carreteras desde la costa hasta la Sierra Mariscal. Sonriente de su maldad, el Viento del Sur, se aleja dejándole la tarea a la señora Lluvia. El Viento del Norte a veces también enfurece en la Meseta Comiteca, pero su fuerza no se compara.
Cuando se le siente benévolo avanza a 5 kilómetros por hora; aún así, se siente su frialdad. La señora Temperatura con sus 19 grados, se le percibe a 14. La gente se abriga y más tarde debe desabrigarse con tanto calor; no digamos cuando la señora Lluvia altera el paisaje porque entonces, la gente huye a guarecerse o a sus casas, dejando a la Ciudad con un aspecto de desolación. Quienes se confían resbalan con las aceras y las banquetas de laja y piedra.
El Viento se comparta de manera más agradable en el Verano, esperando paciente el Otoño donde se divierte deshojando árboles y plantas, favoreciendo con ello la polinización. En tanto deja algunos árboles pelones para verlos retoñar con la Primavera o un poco antes. Así es el señor Viento.
Los ecologistas alertan y exhortan a la población para cuidar al Planeta cuando en realidad, es para cuidar a la humanidad, porque el Planeta, en pocos años podría reponerse sin los humanos.
Como sea, Ana Karen el Viento destruye, a veces mata con sus heladas, en especial a quienes viven en las calles desprotegidos. Pero también, nos brinda vida.
Hay muchos que platicarte del Viento quien también mueve veleros y hasta pesadas embarcaciones soplando inflando sus mejillas sobre sus velas, mientras los marineros declaman esta Oda: El viento habla, sopla, se entretiene/ en volteretas/ golpea mi cara y mis mejillas/ con suavidad de niño, con dedos hechos aire se desliza/ surcando eriales en mi pelo, / tierno se mezcla con mis suspiros/ poblando en átomos mi alma, / recoge notas y sonidos/ y los esparce en mi silencio.
El Viento nos lleva por muchos senderos en esta vida; trae el amor, trae el recuerdo; y por ello te digo que el Viento una cuestión de amor.

