Tapetes multicolores de Tuxtla Chico: tradición viva que resiste la lluvia y honra a la Virgen de la Candelaria

- La comunidad mantuvo la peregrinación del 2 de febrero pese a la lluvia, reafirmando el valor cultural y colectivo de esta tradición tuxtlachiquense.
Alvaro Indili
Tuxtla Chico, Chiapas. – Más allá de su herencia arqueológica representada por Izapa, Tuxtla Chico resguarda una riqueza cultural que se expresa en sus tradiciones vivas. Cada 2 de febrero, durante la peregrinación de la Virgen de Santa María de Candelaria, las calles del municipio fronterizo con Guatemala se transforman en lienzos efímeros gracias a los tapetes multicolores elaborados por familias y artesanos, una práctica que suma más de cuatro décadas como expresión de fe, arte popular e identidad comunitaria.
Este 2 de febrero de 2026, un fuerte aguacero modificó el desarrollo habitual de la celebración, al arrasar en minutos con los tapetes hechos de aserrín, flores y diversos materiales. Sin embargo, lejos de suspender la tradición, la comunidad respondió con resiliencia: algunos artesanos trabajaron a marchas forzadas para reconstruir las alfombras, mientras otros se sumaron a la iniciativa municipal de encender veladoras a lo largo del recorrido de la Virgen, manteniendo viva la peregrinación.
El esfuerzo colectivo quedó registrado en imágenes y videos, pero también en la memoria de quienes participaron y cumplieron sus promesas de adornar las calles. La lluvia no logró borrar el sentido profundo de esta manifestación cultural, que volvió a reunir a vecinos, creyentes y visitantes en torno a un mismo propósito: honrar a la patrona del pueblo y preservar una tradición transmitida de generación en generación.
La elaboración de los tapetes multicolores representa mucho más que un acto religioso: refleja la organización social, la creatividad popular y el arraigo comunitario. Por ello, existe el impulso para que esta práctica sea reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial del estado de Chiapas, al ser una expresión que ha proyectado a Tuxtla Chico a nivel regional y nacional, con la participación activa de la comunidad católica y el acompañamiento de las autoridades municipales.
Aunque la lluvia impidió cerrar la celebración como en años anteriores, la jornada dejó una enseñanza clara: el agua puede llevarse los tapetes, pero no la fe ni la identidad de un pueblo. La experiencia de este 2026 se convierte ahora en un reto y una motivación para fortalecer, el próximo año, una tradición que confirma que la cultura también se construye desde la esperanza, el trabajo colectivo y el amor por las raíces.


