
José Antonio Molina Farro
Cuando una mujer entra a la política cambia la mujer; cuando muchas mujeres entran a la política, cambia la política.
Michelle Bachelet
Séneca, uno de los filósofos más influyentes de la antigua Roma escribió reflexiones revolucionarias sobre las mujeres y la virtud en la sociedad romana. Cuestionó los prejuicios de la sociedad romana en el año 50 d. C. “¿Quién osará decir que la naturaleza limitó las virtudes para las mujeres?”. Tan fuertes son como nosotros, tan capaces de acciones honestas. Sostiene que las mujeres poseen el mismo vigor y capacidad moral que los hombres. Una afirmación radical en la Roma del siglo I.
IGUALDAD DE GÉNERO Y EDUCACIÓN UNIVERSAL.
Argumentó que con práctica y costumbre, las mujeres pueden soportar el dolor y la fatiga igual que los hombres. Ahí estaban como ejemplos Lucrecia y Celia, modelos de valentía. Para Séneca la virtud no dependía del género sino de la voluntad individual. La virtud es el bien supremo y todos los seres humanos pueden alcanzarla mediante la razón. Un principio muy avanzado para su época incluyendo la igualdad de género y la educación universal. Lo notable de Consolación a Marcia es que la escribió directamente para mujeres como interlocutoras filosóficas. En la Roma imperial del siglo 1 las mujeres tenían acceso limitado a la educación. Que un filósofo de prestigio les dirigiera tratados filosóficos era excepcional y reconocía su capacidad intelectual y moral.
Por su parte, me parece pertinente citar algunas de sus reflexiones y decir que sus mensajes, lejos de parecer antiguos, encajan con una época marcada por la prisa y la exigencia.
EL PRESENTE COMO LUGAR DE CLARIDAD.
Para Séneca la serenidad no era frialdad sino comprensión. No implica eliminar emociones ni aspirar a una vida sin altibajos. Consistía en observar la realidad sin interpretaciones catastrofistas o expectativas desmedidas. La preocupación excesiva por lo que todavía no ha sucedido es una carga innecesaria. No propone ignorar el futuro sino no entregarle el control de la serenidad. Vivir no consiste en acumular días sino en atender cada uno de ellos. Solo actuar en lo que depende de uno mismo y no desgastarse en lo que escapa a cualquier decisión personal. Y aunque parezca obvio, es una de las partes más difíciles de poner en práctica en la filosofía estoica, y por eso es tan actual.
Séneca entendió que la mente puede separarse del ahora, pero que también la felicidad sólo puede encontrase en él. Disfrutar el presente es, en su filosofía, una forma de libertad y quizá también una manera sensata de vivir. Las ideas del filósofo no requieren interpretaciones complejas, funcionan tal cual:
Volver al presente cuando la mente se adelanta demasiado.
Evitar sufrir por adelantado. Muchos miedos no llegan a materializarse.
Identificar qué depende realmente de uno mismo y actuar solo ahí.
No posponer decisiones importantes esperando un momento perfecto.
Aceptar que la incertidumbre forma parte de la vida.
Valorar lo cotidiano, un paseo, una conversación, una pausa real.
Recordar que el presente no tiene que ser extraordinario para ser valioso.
El futuro es inevitablemente incierto y apoyar toda la estabilidad personal en él, solo genera frustración. En cambio, el ahora, genera un terreno más firme, aunque no sea perfecto.
P. D. Hasta hoy día continúa incesante la batalla por la igualdad sustantiva, para que la igualdad entre hombres y mujeres sea real y efectiva en la vida cotidiana y no solo formal, en la ley. Hay, por desgracia, todavía prejuicios y obstáculos estructurales y culturales que impiden su ejercicio a plenitud.


