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Santos toma el timón interno de Morena en Chiapas / Sumidero

Santos toma el timón interno de Morena en Chiapas / Sumidero
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Edgar Hernández Ramírez

Hace unos días, Morena dio en Chiapas un primer paso firme para ordenar el tablero político rumbo a las elecciones de 2027. No fue una reunión más de cortesía partidista ni un encuentro protocolario para la fotografía. Fue, sobre todo, un mensaje interno: antes de repartir candidaturas, hay que ordenar la casa; antes de administrar aspiraciones personales, hay que fijar reglas; antes de que la disputa municipal y distrital se salga de cauce, hay que recordar dónde está el centro político del movimiento.

La reunión convocada por Antonio Santos, delegado político nacional de Morena en Chiapas, reunió a consejeros, presidentes municipales, diputados locales y federales. La presencia del gobernador Eduardo Ramírez Aguilar como invitado especial tuvo un valor político evidente. Fue un gesto de cortesía, sí, pero también un reconocimiento práctico de que en Chiapas no se puede conducir ningún proceso electoral ignorando los factores reales de poder. El gobernador no fue el convocante, pero su asistencia confirmó que el proceso interno morenista deberá caminar en equilibrio entre la conducción nacional del partido, la fuerza territorial del gobierno estatal y las aspiraciones de los grupos locales.

El eje público de la reunión fue la defensa de la soberanía nacional, de la Cuarta Transformación y de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo frente a las acciones injerencistas del gobierno de Estados Unidos, de la derecha internacional y de los sectores de oposición nacional que buscan convertir la relación bilateral en un campo de golpeteo político.

Pero lo más importante de la reunión no estuvo únicamente en el discurso nacionalista. Lo decisivo apareció en los otros objetivos: fortalecer la cohesión interna, generar certezas de tiempos y reglas para el proceso de selección de coordinaciones distritales y municipales, y establecer acuerdos básicos de coordinación para la defensa y consolidación del movimiento. Traducido al lenguaje crudo de la política, Morena quiere evitar que la abundancia de aspirantes se convierta en guerra de facciones.

Chiapas será una plaza estratégica en 2027. No sólo se renovarán espacios legislativos y ayuntamientos; se disputará el control territorial de la política cotidiana. Las presidencias municipales no son cargos menores: son estructuras de operación, administración social, interlocución comunitaria y construcción de lealtades. En un estado con municipios política y socialmente complejos, donde pesan las redes comunitarias, los liderazgos regionales, las organizaciones sociales, los grupos económicos y los operadores locales, la selección de candidaturas puede convertirse en un campo minado si no existen reglas claras.

Por eso la reunión debe leerse como una operación preventiva. Morena sabe que su principal riesgo no está necesariamente afuera, sino adentro. La oposición chiapaneca llega debilitada, dispersa y sin una narrativa capaz de disputar de fondo la hegemonía de la 4T. Pero la fuerza electoral de Morena puede convertirse en su propia fragilidad si todos los grupos creen tener derecho automático a una candidatura, si los alcaldes buscan imponer sucesores, si los diputados quieren brincar de cargo, si los liderazgos locales se sienten desplazados o si los aspirantes derrotados deciden cobrar venganza en las urnas. En política, la división interna suele hacer más daño que el adversario externo.

De ahí el peso de la frase dicha por Antonio Santos: “más allá de las aspiraciones personales, lo importante es el proyecto de transformación”. No se trata de una consigna decorativa. Es una advertencia. El mensaje va dirigido a quienes creen que Morena es una marca electoral disponible para proyectos personales; a quienes confunden popularidad local con derecho de paso; a quienes suponen que la fuerza presidencial, la estructura territorial y el voto obradoristabastan para ganar sin disciplina, sin organización y sin lectura política.

También hay un mensaje metapolítico de fondo: Claudia Sheinbaum es la cabeza indiscutible del movimiento. Esa definición no sólo ordena el discurso nacional; también baja una línea de autoridad para los procesos locales. En Morena, la legitimidad ya no puede sostenerse únicamente en la memoria de Andrés Manuel López Obrador. El segundo piso de la transformación exige que la conducción de Sheinbaumsea reconocida como centro del proyecto. En Chiapas, eso significa que las candidaturas no podrán construirse al margen del nuevo equilibrio nacional ni de la agenda política que la presidenta representa: soberanía, continuidad, territorio, programas sociales, obra pública, seguridad y defensa de los logros federales.

La reunión también dejó ver otra preocupación: la comunicación política. Santos pidió respuesta inmediata y contención eficaz del golpeteo contra la 4T, además de mayor proactividad para comunicar los logros del gobierno federal. Ese punto revela una autocrítica necesaria. Morena gana elecciones, pero no siempre gana la conversación pública local. Muchas veces sus gobiernos comunican tarde, mal o con lenguaje burocrático; sus legisladores aparecen sólo en coyunturas convenientes; sus alcaldes administran beneficios sin construir relato; y sus cuadros territoriales descansan demasiado en la popularidad presidencial. En 2027, esa comodidad puede costar caro.

La defensa de la 4T no puede reducirse a repetir consignas. Implica explicar obras, programas, decisiones, conflictos y resultados con lenguaje cercano. Implica disputar sentido en barrios, ejidos, colonias, plazas digitales y medios locales. Implica entender que la derecha no necesita ser mayoría para instalar percepciones de desgaste, desorden o imposición. Le basta con aprovechar errores internos, pleitos por candidaturas y silencios comunicativos.

Por eso la reunión de Tuxtla Gutiérrez tiene una lectura mayor. Antonio Santos ha tomado las riendas del proceso electoral interno de Morena en Chiapas, pero lo ha hecho sin desconocer al gobernador Eduardo Ramírez ni los factores de poder que inevitablemente entrarán en juego. Ese equilibrio será clave. Si Santos logra construir reglas creíbles, contener ambiciones, articular a los grupos y alinear al partido con la conducción nacional de Sheinbaum, Morena llegará a 2027 con ventaja estructural.

La política electoral no empieza cuando se registran candidatos. Empieza cuando se decide quién conduce, bajo qué reglas, con qué narrativa y con qué disciplina. En Chiapas, Morena acaba de mandar su primera señal: antes de competir por el poder, hay que ordenar el movimiento. Y antes de repartir el futuro, hay que recordar que ningún proyecto personal vale más que la fuerza colectiva que lo hizo posible.

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