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San Cristóbal, olvidar por decreto / A Estribor

San Cristóbal, olvidar por decreto / A Estribor
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Juan Carlos Cal y Mayor

Hay silencios que no son casuales. Se construyen. Lo dicen todo. Se justifican en nombre de causas supuestamente superiores, pero terminan por borrar lo esencial: la memoria.

Ayer, el 498 aniversario de la fundación de San Cristóbal de las Casas pasó prácticamente desapercibido, como si se tratara de un episodio incómodo, de esos que algunos preferirían arrancar de raíz.

LA HISTORIA BAJO SOSPECHA

El cambio del escudo de Chiapas no fue un hecho aislado. Fue un síntoma. Un gesto cargado de una narrativa que busca reinterpretar —o de plano sustituir— el pasado bajo prejuicios ideológicos contemporáneos. El problema no es revisar la historia; eso es necesario. El problema es pretender juzgarla con categorías actuales y ocurrencias sexenales para decidir qué merece recordarse y qué debe olvidarse.

Porque en ese intento de “corrección”, lo que se termina perdiendo no es un símbolo, sino la continuidad histórica. San Cristóbal no es únicamente una ciudad: es uno de los núcleos fundacionales del desarrollo económico, cultural y social de Chiapas y del sur de México. Ignorar su aniversario es, en el fondo, negar una parte de nosotros mismos.

LOS 500 AÑOS QUE NADIE PREPARA

Para estas fechas, cualquier gobierno con visión ya estaría anunciando un programa ambicioso rumbo a los 500 años de su fundación. No es una cifra menor. Medio milenio de historia no se cumple todos los días. Debería arrancar ya, la cuenta regresiva para una celebración única que pocos en toda América y no solo en México, podemos presumir.

Un aniversario así no es un acto protocolario: es también una oportunidad estratégica. Serviría para repensar la ciudad, rescatar su patrimonio cultural, impulsar su vocación turística, fortalecer su identidad y proyectarla al mundo.

Pocos aniversarios como ese darían lugar a tanto. En dos años deberíamos organizar un gran acontecimiento en el que asistieran mandatarios de todo el país, de países hermanos y la propia presidencia.

San Cristóbal —con su arquitectura, su historia, su diversidad cultural— no solo es un Pueblo Mágico. Es, sin exagerar, uno de los espacios urbanos más bellos y con mayor carga simbólica del país.

Celebrar sus 500 años sería también una forma de reconciliarnos con nuestra propia historia, con sus luces y sus sombras, pero sin complejos ni negaciones.

A casi cinco siglos, San Cristóbal no tienen relleno sanitario y sus ríos están completamente contaminados por aguas negras. Su crecimiento urbano ha sido completamente desordenado con asentamientos que han devorado espacios naturales que el gobierno y las leyes deberían proteger.

LA MEMORIA QUE RESISTE

San Cristóbal sigue ahí y es admirada por propios y extraños que sí valoran su significado.

Pero para el gobierno no. En lugar de eso, se impone el silencio. La omisión como política pública. La historia convertida en campo de batalla ideológico. Y sin embargo, hay algo que no se puede decretar ni borrar desde un escritorio: la memoria viva de la gente. Sus Barrios y sus festividades con cinco siglos de historia. Sus culturas vivas que cada día pierden más identidad en aras de un progreso mal entendido.

Pero la retórica gubernamental no para. La narrativa impuesta por unos cuantos olvida que el problema no fueron los fundadores españoles, sino la invasión cultural que hoy transgrede identidad. La Coca Cola sustituye al pozol porque dejamos de invertir en agua potable para los pueblos. Los grupos de banda norteños ya se volvieron indispensables en las ferias. Pero ahí están los templos y las lenguas autóctonas que los españoles no borraron sino que llevaron a la gramática.

Ahí están los barrios. El de Tlaxcala para recordar que los tlaxcaltecas también fundaron la ciudad y también el barrio de mexicanos en el que se instalaron los mexicas una vez lograda la paz.

Y mientras algunos optan por ignorar, habemos ciudadanos que recordamos. Que caminanos sus calles, que reconocemos en sus muros todos esos años de historia, que entiendemos que una ciudad no empieza ni termina en el relato oficial del momento.

San Cristóbal no necesita permiso para existir en la memoria colectiva. Ni autorización para ser celebrada. Lo vamos a hacer.

CELEBRAR PESE A TODO

Quizá el mayor error de quienes intentan reescribir el pasado es creer que la historia depende de ellos. No. La historia no les pertenece. Permanece y sobrevive por encima de sus ocurrencias.

Y si el poder decide no conmemorar, seremos los ciudadanos quienes lo haremos.

Porque hay aniversarios que no se anuncian desde el gobierno, pero se viven en las calles. Porque hay fechas que no caben en la agenda oficial, pero sí en la identidad de un pueblo. Y porque, al final, lo que no se celebra desde arriba, termina celebrándose desde abajo.

Los 500 años de San Cristóbal van a llegar. Con o sin ellos.

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