
Sr. López
Ya le conté de cuando contrajo nupcias Pepe, el más impresentable primo que tenerse pueda, y toda la familia se compadeció de la pobrecilla doncella que al casarse con él, descendía ‘ad ínferos’, al Tártaro. Los más optimistas decían que ese matrimonio iba a durar meses; las tías decían que la novia se regresaba de la Luna de Miel (quién sabe qué imaginaban). Y no. Este menda en la fiesta de sus bodas de oro, cincuenta sólidos años de buen matrimonio, como había confianza, le preguntó como lo había logrado siendo quien era: -Hago trampa… me porto bien –bueno, como sea.
Ya varias veces este menda le ha comentado que la mentira es una herramienta legítima del político, del gobernante. No bordemos sobre el tema, un jefe degobierno está obligado a mentir si la verdad perjudica a su país; un ejemplo: Churchill sabía que estaba mintiendo cuando aseguraba en sus épicos discursos, que Hitler nunca los derrotaría; ni modo que hubiera salido a decir a lo menso: “Pues Dios nos ampare porque no tenemos manera de defendernos” (y no tenían, sin los EU y la entonces URSS, en Londres hoy estarían hablando alemán).
Fuera de eso, la mentira siempre es reprobable. Sin embargo, sin justificarla, se comprende cuando los políticos niegan cosas que los dejarían como a la Chata, se entiende, no son espíritus puros, ocultan sus pecadillos (y sostiene López -este, hay de otros-, que es inexistente el derecho del público a enterarse de las intimidades de nadie, de ellos tampoco).
Lo que no tiene justificación ni puede ser tolerado, es cuando un gobierno miente sistemáticamente, cuando engañando se sostiene en el poder.
Una advertencia: un gobernante puede estar muy equivocado en sus convicciones políticas y no ser mentiroso; por desatinada que sea su ideología, en la medida que sea su convicción, no miente al proponerla a la ciudadanía, pues sinceramente cree en la babosada que cree, no engaña (otra cosa es que la gente se deje convencer).
De regreso al gobierno: el político, los políticos que mantienen el poder con mentiras, ocultando su verdadera intención y para esconder fracasos, encubrir cómplices, en resumidas cuentas, para falsear la realidad, esos no tienen nunca ninguna excusa, nada puede justificarlos. Y todavía mucho peor cuando esos mendaces, aparte, cometen delitos.
Mentir, trapacear, engañar como método de gobierno, como regla de conducta política, es el caldo de cultivo de la corrupción, la peor, la corrupción ética -manipular la ley, abusar del poder, el tráfico de influencias-, y la otra, la corrupción económica, el soborno, la extorsión, la malversación de fondos, enriquecerse a costillas del erario.
Es infalible, los gobiernos estructurados con la mentira, siempre son corruptos, y la relación entre quienes lo forman, es de complicidad, se tapan unos a otros, no hay lealtad, hay encubrimiento. Y aparte, la corrupción se transforma en un método de control de quienes integran ese gobierno: al que se sale del carril, lo hunden; fidelidad asegurada.
No es esto una lección de moralina. No. Se trata de barruntar cómo es que hemos llegado a esto: a tener un gobierno que sistemáticamente engaña, que se sostiene con mentiras, mentiras en materia grave.
El entonces Pejeremías, antes de transformarse en Pejecutivo, en su tercer intento por lograr su obsesión de ser Presidente, traicionó sus ideales, errados y de chancla pata de gallo porque el señorcito, en la sesera, poco; pero tenía ideales y apremiado por la evidencia de que 2018 era su última oportunidad, cedió, aceptó todo eso de lo que renegaba: los arreglos cupulares, los pactos con la élite del poder y del dinero, con toda la morralla política que aceptara apoyarlo y con ceguera voluntaria, con el crimen organizado, a sabiendas del precio que pagaríamos, él y el país. Nada le importó, tesonero y contumaz, concertó con Peña Nieto su derrota voluntaria a cambio de connivencia, impunidad (y no habla de memoria este menda, de cierto lo sabe). Llegó.
Pero llegó desaforado y convencido de ser elegido de Dios (que no, que no lo dice de memoria su junta palabras, es verdad, otro día le cuento, es un episodio de cuando era chamaco), dispuesto a todo hasta colocarse en los altares de la patria como su principal protagonista moderno. Implantó a trancas y barrancas cuanta necedad se le ocurrió, junto con un muy ambicioso programa social que le asegurara que el mexicano promedio fuera su cliente; su afán de trascender a cualquier precio, incluía la ejecución de obras faraónicas, a cualquier precio como sabemos y por lo mismo canceló el aeropuerto de Texcoco, megaproyecto de infraestructura, que hubiera opacado cualquier cosa que hiciera. El precio también, fue tolerar toda corrupción, toda y de todos, cercanos incluidos. El erario era suyo y así dispuso de él.
Luego, cuando la transición del 2024, lo único importante era que lo sucediera alguien leal a él, por verdadera convicción, que fuera su férreo defensor y que no se arredrara ante el desastre que iba a recibir, ni tuviera la tentación de decir la verdad, derrumbar su imagen y arruinar su presencia mirífica en la historia nacional. Claudia Sheinbaum. No había quien más.
Y aquí estamos, flotando sobre una nata de mentiras en un pantano de corrupción como nunca antes conoció México, con un gobierno federal desvencijado que no da resultados y con la Presidenta atrapada, felizmente atrapada, porque su fe en el Pejestorio, es inamovible. Ya luego con calma podemos entrar en detalles, pero todo es mentira, en seguridad pública, economía, salud, educación, infraestructura y lo demás (el huachicol aumentó el 14.4% el año pasado,respecto del 2024, reporte de Pemex).
Es probable, no cante nadie victoria, que la reforma político electoral, necedad del Pejehová, no se apruebe en el Congreso por oposición de los socios del gobierno, el Verde y el PT, aferrados a la ubre.
Como sea, harán lo correcto, pero no por defender la democracia, eso es mentira, es por seguir retozando felices en su porqueriza.


