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Paz interior

Paz interior
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José Antonio Molina Farro

Si la vida moderna nos exige emociones rápidas y reacciones intensas, David Hume pensador histórico clásico nos invita a un enfoque distinto: observar, aprender y educar nuestra sensibilidad. Su mensaje es claro: la paz interior se cultiva desde la comprensión de uno mismo y el desarrollo de nuestro gusto y juicio.

Hum manejaba sus ambiciones literarias y afectos con serenidad. Su amigo Adam Smith padre de la Economía Política, decía que su temperamento estaba “más felizmente equilibrado que el de cualquier otro hombre”, y él mismo admitía que incluso la fama, su pasión dominante no lograba alterar su calma. Esta coherencia entre pensamiento y vida convierte a Hume en un referente para quienes buscan armonía emocional en la vida cotidiana.

EL CAMINO. Nada suaviza tanto el carácter como el contacto con la cultura y las humanidades. La poesía, la música, la pintura o la literatura son herramientas para fortalecer la resiliencia emocional. Aprenderlas nos ayuda a enfrentarnos mejor a los desafíos y decepciones de la vida.

Siguiendo la tradición de Aristóteles, Séneca y Tomás de Aquino, Hume consideraba que el estudio profundo de las artes y del pensamiento clásico “suaviza los modales y no permite ser salvajes”. Dedicar tiempo a leer, escuchar música, visitar exposiciones o reflexionar sobre lo aprendido, creando hábitos que fortalezcan la mente y el temperamento.

Estos pequeños rituales culturales enriquecen la vida, entrenan nuestra capacidad de juicio y nos ayudan a identificar qué nos afecta de verdad y qué podemos dejar pasar. En otras palabras, cultivar el gusto es un gimnasio para la mente y las emociones.

NUESTRA PERSONALIDAD. La definen la pasión y el gusto. Emociones intensas y extremas, alegrías desbordantes o decepciones profundas, y quienes reaccionan con mayor moderación y reflexión.

El gusto, por su parte, se desarrolla con la exposición a las artes y las humanidades. Quienes lo cultivan encuentran placer en la literatura, la música y la poesía, mientras quienes carecen de esta sensibilidad pueden pasar por alto estas experiencias enriquecedoras.

No se trata de eliminar emociones sino de entrenarlas: aprender a reaccionar con sensatez, reducir la ira o la frustración y disfrutar de la vida con mayor estabilidad y disfrute real. El control emocional se aprende y se practica. No podemos manejar la vida ni el futuro, pero sí podemos trabajar sobre nuestras reacciones y hábitos.

BENEFICIOS.

Menos impacto de las críticas o los conflictos cotidianos.

Decisiones más racionales y equilibradas.

Mayor capacidad de disfrutar de lo realmente importante y no engancharse con trivialidades.

El desarrollo de la sensibilidad no solo moldea el carácter: también fortalece la autonomía y capacidad de reflexión, haciendo que la paz interior dependa más de nosotros que de factores externos.

EDUCACIÓN. Hume la ve como el motor principal para moldear nuestro carácter, y la sensibilidad es un aliado para reducir la ira, los reproches y los chivos expiatorios, potenciando la cooperación y la innovación.

Nuestra personalidad oscila entre extremos: la educación, el desarrollo del gusto y la práctica de virtudes son las riendas que nos conducen hacia un equilibrio duradero y una paz interior genuina.

Si luego quieres ajustar solo puntuación, hacerlo más periodístico o prepararlo para publicación en columna, dime y lo vemos con lupa.

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