
Sr. López
Aunque usted no lo crea, en la lejana infancia de este su texto servidor, cuando no había televisión y en la XEW radio -que oíamos todos-, se anunciaba una canción de Agustín Lara, la abuela materno-toluqueña, Virgen, o cualquier otra señora presente, decían: -Que se salgan los niños –y nos sacaban porque la letra era muy impropia, por ejemplo “vende caro tu amor, aventurera” o peor, “tu párvula boca que siendo tan niña, me enseñó a pecar” (pero ellas la oían). Pleistoceno mexicano.
Solo hoy, no se entusiasme, este menda dejará en paz la política nacional, para comentar el espectáculo de medio tiempo del Súper Tazón del futbol americano que su junta palabras se precia de jamás haberlo visto, ni ningún partido de ese deporte tan peculiar en el que los jugadores se dan a matar rodeados de árbitros. Así les han de pagar.
El comentario es por la presentación de Benito Antonio Martínez Ocasio, conocido por los que lo conocen como Bad Bunny, que dicen es cantante y compositor, y que ameritó la más severa descalificación del Trump, cosa menos importante que saber la temperatura en invierno de la tundra siberiana (70 grados centígrados bajo cero, por si le picó la curiosidad).
Confiesa este López que ignoraba la existencia del Bad Bunny y por eso, buscó alguna canción del tal y ratificó lo bien que había hecho en no oírlo jamás; escuchó la que san Google le dijo que era su más popular canción (‘Dáikiti’) que en uno de sus versos, dice: “Tú muevе el culo fenomenal/ pa’ yo devorarte como animal”.
No se entiende cómo se le pudo escapar tal rima a Neruda, García Lorca, Machado o Bécquer. Y conste que no es uno persignado que el gigante ese, Francisco de Quevedo, tiene poesía soez, nada más que bien escrita, no haciendo (con respeto), rimas de camionero: fenomenal con animal, ¡ay, cuánto ingenio!
Casi toda la prensa nacional mencionó en primera plana el espectáculo de este señor, con comentarios elogiosos –“memorable espectáculo”… “pase de lista de los países latinoamericanos”… “fue el Benito ‘bowl’”… “defiende Bad Bunny orgullo latino”-, y para anticiparse a cualquier crítica adversa, se le hizo saber a nosotros los del peladaje, que ‘Dáikiti’, ha sido reproducida en redes 2,300 millones de veces… ¡súper áchis!
Sin embargo, en algunas columnas (y muchos mensajes por redes), se habló de que eso ratificónuestra crisis cultural y que la decadencia de la culturase enseñorea del mundo (del mundo, no en el mundo, que es pronominal). Y francamente no, eso es llevar las cosas demasiado lejos. Ya desde hace 550 años, don Manrique dejó claro en las coplas por la muerte de su papi, que eso es solo parecer (“Como, a nuestro parecer, cualquiera tiempo pasado fue mejor”).Además, este provecto menda se niega a repetir las cosas que decían sus abuelos para los que un danzón era un baile de léperos, hágame usted el favor.
Igual no se puede negar que la vulgaridad, lo grueso, lo basto, se ha instalado en los medios de comunicación y que en la televisión de ogaño, se oyen barbaridades taberneras, cierto.
Pero hablar de decadencia cultural es pasar por alto que en ese pasado añorado por algunos, la élite cultural era como la mafia y si mucho, dos grupos cerrados en los que era proeza entrar porque acaparaban privilegios y favores oficiales.
Esa supuesta decadencia cultural de estos tiempos, también ignora, tal vez sin mala intención, que a diferencia de los ateneos culturales del México del siglo pasado (el de la Juventud, el Español y el Mexicano), compuestos por unos cuántos, ahora la cultura está al alcance de multitudes por obra y gracia de los sitios de internet que tienen cientos de miles sino millones de visitantes; que hay diariamente suplementos y secciones de cultura en la prensa impresa y la digital; que ya no hay dos o tres revistas culturales como hasta los años 90, sino al menos 355 (reporta la Secretaría de Cultura), y que -¡sorpresa, sorpresa!-, la actividad cultural mexicana, contribuye con cerca del 3% al PIB.
Otra cosa que importa decir es que en este nuestro país con tantos y tantos problemas y tanta y tanta sangre malgastada, tenemos ya en casi cada estado una orquesta sinfónica (y de calidad), cosa impensable hasta hace no mucho, cuando solo teníamos tres en la CdMx (la Nacional; la de la Ciudad de México; y la de Bellas Artes), y dos en el interior, la de Veracruz y la Guanajuato. Como que decadencia no parece.
Mención aparte, en México y el mundo, es la popularización de la ópera, antes propia de un minúsculo número de aficionados y hoy se agotan las localidades en todos los teatros. Solo ‘Nessun dorma’, tercer acto de Turandot de don Puccini, registra más de 300 millones de reproducciones en internet. Y aquí acomoda una observación: este menda se come en taco las 2,300 millones de reproducciones de ‘Dáikiti’ del Bad Bunny:
La principal empresa de difusión digital de música en el mundo es la sueca Spotify, por encima de Apple y Amazon, y es la que reporta miles de millones de reproducciones, pero a fines del año pasado reventó la cosa: fue demandada en EU por fraude masivo, por inflar con miles de millones de reproducciones falsas (bots, lo que sea que eso sea), a algunos artistas en beneficio mutuo: el artista recibe millones de dólares y la empresa incrementa su valor comercial, al reportar números siderales de usuarios… y sí, francamente está difícil creer que casi la tercera parte de la humanidad ya escuchó “Tú muevе el culo fenomenal/pa’ yo devorarte como animal”.
Un detallito (chéquelo, es cierto), la NFL no paga a los artistas del medio tiempo de su Súper Tazón. Ni un quinto. El artista a cambio de la inmensa difusión del juego, paga todo menos bailarines y músicos que reciben el pago establecido por el sindicato de cada sector, unos mil dólares.
En resumen, opina este López que ni tanta decadencia cultural y de Bad Bunny, ni que fuera obligatorio oírlo, que gane su dinero, la envidia es cosa fea y además, ni lo corriente ni lo vulgar, son ni delito ni pecado.


