
Rodulfo Reyes
La renuncia de Jesús Alí de la Torre a Morena no debe reducirse al simple berrinche de un político cuya carrera se resume en un apetito insaciable por cargos. El episodio, aunque insustancial para el partido en el poder en términos numéricos, deja una enseñanza útil para Morena y, particularmente, para el gobernador Javier May Rodríguez, quien lo integró a su equipo pese a su conocido historial de deslealtades.
El ex alcalde de Centro encarna al político tabasqueño que ya percibe a Morena en la antesala de la derrota. Un operador acomodaticio como él no se atrevería a romper públicamente con el oficialismo —y menos a acusarlo de colusión con el crimen organizado— si no estuviera convencido de que 2027 marcará el comienzo del declive que culminaría en 2030.
Como muchos cuadros formados en el viejo PRI, Alí calcula que el repudio acumulado contra el ex presidente Andrés Manuel López Obrador terminará por arrastrar al partido. Por eso se ofrece ahora como “nueva opción”, como si su propio pasado no cargara con el mismo lastre que dice combatir.
Quien lo conozca, aunque sea de lejos, sabe que no representa ninguna renovación política. Es, más bien, un ícono de lo peor de la vieja política tabasqueña.
¡Actualmente enfrenta un proceso penal grave en el Estado de México! Un empresario lo acusa de secuestro y extorsión, delitos por los que ya existen órdenes de aprehensión contra otros coacusados en el mismo expediente.
Para entender su salida hay que recordar cómo llegó a Morena. En el proceso electoral de 2018, Alí no destacó por votos —apenas obtuvo el 1%—, sino por su papel de esquirol. Se prestó como cuña contra el perredista Gerardo Gaudiano Rovirosa en beneficio del morenista Adán Augusto López Hernández. Durante toda la campaña, y especialmente en los debates, funcionó como el golpeador que Adán Augusto no podía ser abiertamente.
Ese servicio le valió un puesto en el nuevo gobierno, primero marginal y luego como responsable del Infonavit en Tabasco. Aunque negó que el nombramiento dependiera del gobernador, en la práctica ningún delegado federal llega sin el visto bueno del mandatario estatal.
Durante el sexenio de Adán Augusto conservó el cargo hasta que renunció para buscar la candidatura en 2024. Es un patrón que repite desde 2009, cuando ganó la presidencia municipal de Centro y, desde entonces, no ha parado de perseguir cargos de elección popular.
En 2012, pese a que el priista mejor posicionado era Luis Felipe Graham Zapata, Alí se impuso como candidato del PRI y provocó una de las derrotas más dolorosas del tricolor en Tabasco. Ese año, él y su equipo fueron señalados por presuntamente quedarse con recursos de la campaña envíado por el PRI nacional, dinero que, según versiones, se invirtió en una compañía financiera ligada a su entonces coordinador general, Adrián Hernández Balboa, quien también lo siguió a Morena.
En 2018, ya sin espacio en el PRI, se presentó como “independiente”, pero su verdadero rol fue operar la guerra sucia contra Gaudiano. Quedó claro entonces que carecía de respaldo popular: apenas el 1% de los votos en una elección que Adán Augusto ganó con amplitud.
Para 2024, ya como “morenista”, Alí le dio la espalda a López Hernández, quien lo había llevado al partido y se acercó a Javier May Rodríguez, de la corriente opuesta a la de Adán.
Cuando May comenzaba sus recorridos, Alí lo buscó en la colonia Las Gaviotas para ofrecerle su “apoyo”. Existe una foto donde el hoy gobernador sonríe con gesto socarrón mientras Alí le levanta la mano.
Ese respaldo le costó a May nombrarlo primero subsecretario de Gobierno (sin poder real) y luego delegado de Gobernación. Pero Alí, molesto porque no le dieron la Secretaría de Gobierno que ambicionaba, regresó a lo que mejor sabe hacer: traicionar a sus mecenas y saltar de trinchera.
Esta vez, sin embargo, parece que se topará con pared.Javier May no es un político tradicional que se deja presionar y sabe cómo responder.
No sería extraño que cualquier mañana aparezca la noticia de que la Fiscalía del Estado de México ha encontrado elementos suficientes para solicitar orden de aprehensión contra el mismo político que hace apenas unos días acusó a Morena de tener nexos con el crimen organizado.


