
Dr. Roger Heli Díaz Guillén
En continuidad al artículo de opinión publicado en esta columna donde partimos de la llegada a Mesoamérica de Hernán Cortez en 1519 y el trato dado a la población indígena a partir de 1521 con la caída de Tenochtitlan con la existencia de casi 11 millones de indígenas; destacando su destitución siete años después de su llegada, dejando la Encomienda como estructura administrativa y de poder; observando las contradicciones de los resultados censales en contextos históricos del moment; concluyendo con el número de indígenas en México en el primer censo realizado en el gobierno de Porfirio Díaz en 1895 que se tomó como parámetro para concluir con la afirmación que la población indígena a partir de la conquista se redujo en un 70% aproximadamente.
En este marco de referencia hablar de México es asomarse a un abismo temporal donde el pasado y el presente coexisten en una danza constante y continuada. A menudo nuestra historia se narra desde la tragedia de civilizaciones imponentes como la Mexica, Maya, y Zapotecas que fueron diezmados por el choque brutal de la conquista, contagio de enfermedades; castigos, mensajes de terror y; la imposición de una nueva realidad. Sin embargo, reducir el relato mexicano a una imple conquista es ignorar el acto de resistencia más profundo de nuestro continente y: el renacimiento cultural.
Las “cicatrices” de aquel ayer siguen vivas. La imposición colonial intentó borrar cosmovisiones enteras, diezmando poblaciones a través de las guerras y las enfermedades. Durante siglos las culturas originarias fueron marginadas relegadas a un segundo plano en la construcción del Estado-nación moderno. Esta herida histórica nos recuerda que la grandeza de México y Chiapas no está exenta de profundas injusticias sociales y exclusiones como una deuda histórica que aun lacera a nuestras comunidades indígenas.
Pero el verdadero milagro mexicano y chiapaneco radica en su inagotable capacidad de transmutación para entender y comprender que las civilizaciones mesoamericanas no desaparecieron; se mimetizaron, resistieron y florecieron de forma inesperada y con grandeza . El México y Chiapas actual es un mosaico vivo donde el sincretismo cultural es la regla como lo vemos en la gastronomía, que fusiona el maíz y el chile prehispánico con ingredientes del mal llamado viejo mundo. Lo escuchamos en las lenguas originarias que se niegan a extinguirse; lo vivimos en festividades como el día de muertos, donde la visión prehispánica de la muerte se entrelaza con la fe católica.
Renacer no significa olvidar, sino integrarlo como motor de identidad. Las civilizaciones diezmadas viven hoy en cada indígena, en cada artesana, en cada curador, partera, quiropráctico; en cada comunidad y pueblo que defiende su territorio y; en la vasta herencia arqueológica que da sentido de pertenencia en México y Chiapas. Son testimonios vivientes donde incluso tras el colapso de un mundo, las raíces más profundas siempre encuentran y encontrarán las formas y maneras de romper el asfalto y florecer de nuevo.
Concluimos afirmando que las sociedades mayas vivas tras colapsos climáticos, colonización y marginación, han demostrado una resistencia y resilienciaformidable. Hoy en día en regiones de Chiapas los pueblos originarios como los tseltales, tsotsiles, choles y lacandones mantienen su legado , probando que su historia no es solo vestigios arqueológicos, sino una cultura viva y en constante evolución y cambios.
Las sociedades mayas no se extinguieron aun cuando fueron diezmadas severamente como sucedió en tierras de La Española donde millones de indígena se extinguieron; sin embargo, su historia sobre todo es una lección de resiliencia que al igual que la milpa que renace, los pueblos originarios resurgieron adaptándose a nuevas realidades . Hoy en día florecen en la cosmovisión, el sincretismo religioso, las lenguas maternas; las formas de autogobierno, vida autonómica y libre determinación; resumidas en el Lekil Kuxlejal Buen Vivir, donde lejos de extinguirse el espíritu maya sigue vivo demostrando que su cultura es una fuerza viva. activa y en proceso de revitalización continua.


