1. Home
  2. Columnas
  3. La gran hazaña / A Estribor

La gran hazaña / A Estribor

La gran hazaña / A Estribor
0

Juan Carlos Cal y Mayor

No hay épica sin proporción, y por eso la vuelta al mundo de la Nao Victoria sigue siendo, cinco siglos después, una de las mayores gestas de la historia humana. No era una nave heroica en sí misma. Era una nao mercante, de madera, velas y fe, pensada para comerciar, no para abrazar el planeta. Y, sin embargo, volvió. Contra todo. Contra todos. En ese regreso no solo cerró un círculo geográfico: inauguró una nueva era histórica.

UNA NAVE MODESTA PARA UN RETO DESCOMUNAL

La Victoria no fue diseñada para una aventura global. No tenía la ligereza de una carabela ni la potencia de un navío de guerra. Tenía lo justo: un casco resistente, velamen suficiente y hombres dispuestos a internarse en lo desconocido. Con Fernando de Magallanes al inicio y Juan Sebastián Elcano al final, la expedición enfrentó océanos sin nombre, tormentas sin pronóstico, motines, enfermedades y hambre extrema. De más de doscientos hombres regresaron apenas dieciocho. Pero regresaron con la prueba material de que el mundo podía rodearse por mar.

DEL ATLÁNTICO AL PACÍFICO

Antes, Cristóbal Colón había cruzado el Atlántico con carabelas ligeras, abriendo la puerta del mundo occidental. Aquella hazaña fue decisiva: demostrar que el océano no era un abismo sin retorno. Pero la empresa de la Victoria fue distinta. No descubrió un punto, sino una continuidad. El Pacífico dejó de ser un mar terminal para convertirse en un espacio navegable, integrado al sistema global que comenzaba a gestarse.

LA NAO DE CHINA

La culminación de esa gesta llegó décadas después con la Nao de China, el galeón que unió de forma regular Asia, América y Europa a través del Pacífico y el Atlántico. Desde Manila hasta Acapulco, sedas, porcelanas y especias cruzaban el océano más grande del planeta; desde la Nueva España partían plata, productos agrícolas y mano de obra organizada. Por primera vez en la historia, un comercio intercontinental funcionó de manera continua y sostenida. El mundo quedó literalmente cosido por rutas marítimas bajo la égida española.

EL RESULTADO: UN IMPERIO GLOBAL, NO SOLO TERRITORIAL

El naciente imperio español no fue únicamente una acumulación de territorios. Fue el primer sistema verdaderamente global: conectó continentes, economías, culturas y saberes. La circunnavegación, el tornaviaje, la Nao de China y las flotas de Indias dieron lugar a un mundo interdependiente. Europa, América y Asia quedaron enlazadas en una misma lógica comercial, política y cultural. La globalización no nació en el siglo XXI; nació en el siglo XVI, impulsada por estas hazañas.

ATREVERSE A CAMBIAR LA ESCALA DEL MUNDO

La Victoria simboliza algo más profundo que una proeza náutica. Representa el salto mental de una civilización que se atrevió a pensar el mundo en grande. Con instrumentos precarios, sin mapas completos ni certezas absolutas, aquellos hombres transformaron la percepción humana del planeta. Una nave pequeña, rutas inciertas y una idea inmensa. La gran hazaña no fue solo dar la vuelta al mundo: fue crear un mundo nuevo, conectado, consciente de sí mismo y, desde entonces, irrevocablemente global.

LEAVE YOUR COMMENT

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *