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La Crisis Silenciosa en el Cobach: Una Institución al Borde del Colapso

La Crisis Silenciosa en el Cobach: Una Institución al Borde del Colapso
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Juan Carlos Toledo

La brutal golpiza que un alumno del Cobach propinó a su compañero es un reflejo alarmante de la creciente descomposición dentro de nuestros sistemas educativos. No solo es condenable la violencia entre los estudiantes, sino que esta situación pone en evidencia una grave falencia en la estructura que debería estar velando por su bienestar: las autoridades educativas del plantel. La violencia no surge de la nada; es el resultado de un entorno que, en muchos casos, ha fallado estrepitosamente en ofrecer el apoyo y la guía necesarias para evitar que lleguemos a este punto.

Uno de los problemas más serios que enfrenta el Cobach son los directores y la falta de liderazgo real y el compromiso en cada uno de sus planteles. Muchos de estos directores parecen haber llegado por obra y gracia de un milagro de la virgen del dedazo, sin una preparación adecuada, sin experiencia pedagógica y, lo peor de todo, sin conciencia de la enorme responsabilidad que conlleva estar al frente de una institución educativa. Parecen más preocupados por mantener su puesto que por la formación integral de los estudiantes a quienes deberían guiar y proteger.

Algunos de estos directores no tienen ni la más mínima idea de cuántos alumnos están bajo su cargo. Ni siquiera se dan el tiempo de recorrer las aulas y entender las necesidades reales de los educandos. Se limitan a firmar papeles y asistir a reuniones que no llevan a ningún lado. Esta desconexión con la realidad de los estudiantes es alarmante, y es justamente lo que permite que ocurran situaciones tan graves como la mencionada.

Aunado a eso la falta de preparación no se queda ahí. Algunos directores ni siquiera conocen lo básico: hay quienes no saben qué es un software o un hardware, ni mucho menos cómo funcionan las partes de una computadora. Estos son detalles fundamentales para quienes deben liderar una institución educativa en esta nueva era, especialmente cuando las herramientas tecnológicas son esenciales para el aprendizaje y la formación de los estudiantes. Esta ignorancia técnica no solo es inaceptable, sino peligrosa, porque impide que los planteles puedan adaptarse a las demandas educativas modernas. ¿Cómo pueden guiar a los alumnos si ni siquiera entienden los recursos de los que deberían disponer para una educación actualizada?

Pero no solo los directores están exentos de responsabilidad. Muchos docentes, por su parte, se han convertido en una extensión de esta incompetencia. Existen maestros que, lejos de ser guías y formadores de jóvenes, son acosadores que ejercen poder sobre los estudiantes, creando un ambiente de miedo y sumisión. Este comportamiento, si bien no es la norma, está presente y no se combate, sino que, en algunos casos, se tolera. ¿Cómo es posible que, en esta nueva era un docente pueda no solo no tener la capacidad de enseñar, sino también faltar al respeto a sus alumnos sin consecuencias?

La Dirección General del Cobach y la Secretaría de Educación tienen la responsabilidad de tomar cartas en el asunto de inmediato. No se puede seguir permitiendo que esta negligencia se perpetúe. Es urgente implementar acciones concretas que involucren tanto a los docentes como a los directores. No solo deben garantizar que los alumnos reciban una educación de calidad, sino que también se les proteja de cualquier forma de abuso o violencia. Los directores que no estén preparados o que no cumplan con los estándares mínimos de competencia pedagógica deben ser cesados sin dilación. No podemos permitir que la incompetencia siga al frente de nuestras instituciones educativas.

Es hora de que la educación en Chiapas reciba la atención que merece. No basta con imponer nuevos programas y metodologías; lo que se necesita es un cambio real en la forma en que se lidera y se gestiona el sistema educativo. Si las autoridades no toman medidas urgentes, la violencia, la negligencia y la falta de compromiso seguirán siendo el pan de cada día.

Es momento de hacer un alto y exigir lo que corresponde: educación de calidad, liderazgo capacitado y, sobre todo, un respeto absoluto por la integridad de los estudiantes.

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