
José Antonio Molina Farro
Es considerado el padre de la macroeconomía (1883-1946). Su idea era que los gobiernos deberían estimular la demanda utilizando la política fiscal y el déficit público. En su ensayo de 1930 escribió en “Las posibilidades económicas de nuestros nietos” que la humanidad está resolviendo su problema económico. La acumulación de capital y el avance de la tecnología habían situado el nivel de vida en una trayectoria ascendente que pondría fin a “la lucha por la subsistencia” en el lapso de cien años.
La perspectiva de resolver este problema económico llenaba de pavor a Keynes. La humanidad se verá privada de su propósito original”… “el reajuste de los hábitos e instintos del hombre común, inculcados en él durante incontables generaciones, que podría verse obligado a abandonar en unas pocas décadas. Predijo que la sociedad experimentaría “una crisis nerviosa generalizada”.
Lindsey, vicepresidente senior del Centro Niskanen, sostiene que las predicciones de Keynes se han cumplido: las democracias liberales ricas han resuelto esencialmente el problema del abastecimiento material y ahora están experimentando una crisis nerviosa. Según Lindsey, los individuos en las democracias ricas padecen sobrepeso, son adictos a sus teléfonos y tienen un nivel cada vez más bajo de alfabetización, coeficiente intelectual y puntuaciones en el SAT.
En comparación con generaciones anteriores, experimentan peores problemas de salud mental, tienen menos amigos cercanos, pasan más tiempo solos y tienen menos relaciones sexuales. También son menos propensas a casarse, procrear y asistir a servicios religiosos, mientras son más proclives aa sufrir sobredosis por drogas. Estas sociedades muestran un dinamismo reducido, una desaceleración del crecimiento de la productividad, un aumento en la brecha de clases y una disminución de la confianza en gobierno y del apoyo a la democracia liberal. La sociedad se está desmoronando.
Los argumentos coinciden con los argumentos de comentaristas posliberales de que el capitalismo democrático está agotado, es un experimento fallido y un obstáculo para el florecimiento humano.
SOCIEDADES DEMOCRÁTICAS RICAS.
El capitalismo no está agotado. El argumento de que sí lo está tiene su origen en la ansiedad generalizada durante los últimos años de la década pasada, sobre la capacidad de las economías avanzadas para seguir innovando. Esa preocupación parece totalmente infundada en nuestra era actual de maravillas, con medicamentos GLP-1 para la diabetes y pérdida de peso, así como grandes avances para el tratamiento de enfermedades mortales como el Alzheimer y el cáncer. Además está la IA generativa, que incluso los pronósticos más pesimistas prevén que aumentará notablemente el crecimiento de la productividad tendencial durante los próximos diez años.
La crítica posliberal identifica michos ámbitos de auténtica preocupación, pero no cuenta toda la historia, que las sociedades democráticas ricas están mejor que nunca en muchos indicadores importantes y generales. Por ejemplo en E. U. nuevamente ha aumentado la esperanza de vida, tras un descenso por la pandemia, y ahora es más alta que en la década de 1990, cuando el apoyo al neoliberalismo estaba en su apogeo.
Así mismo, la tasa de mortalidad por enfermedades cardíacas en E. U. se redujo en 66% entre 1970 y 2022, mientras que la tasa de delitos violentos del país ha disminuido a la mitad en los últimos 30 años. En 2021 los hogares estadounidenses contaban con un acceso a la información sin precedentes: el 95% poseía una computadora y el 90% estba suscrito a internet de banda ancha. Los trabajadores tienen mucho más días de vacaciones que antes. Entre 1980 y 2013, las muertes de pasajeros aéreos se redujeron de cien por cada 100,000 millones de millas-pasajero a menos de una.
¿La riqueza masiva ha dado lugar a una sociedad que se desmorona? Difícilmente. La sociedad estadounidense era mucho menos próspera y estaba en una situación mucho peor en la década de 1850, hasta el punto de que, en 1861 estalló una guerra civil. Francia es hoy mucho más estable que durante el Reinado del Terror. A nivel global, la sociedad era mucho más estable y mucho más rica durante la década de 2010 que en la de 1910.
PROBLEMA PERMANENTE.
El “problema permanente” escribió Keynes en 1930, no es la lucha por la subsistencia. Es como liberarse de las preocupaciones económicas apremiantes, cómo ocupar el tiempo libre que la ciencia y el interés compuesto le habrán proporcionado, para vivir con sabiduría, comunidad y bienestar”.
Los comentaristas posliberales piensan que el capitalismo democrático ha fracasado en este aspecto. Lindsey escribe: “Cuando el desafío era combatir la escasez material, el capitalismo lo consiguió; ahora, sin embargo, cuando la tarea es convertir la abundancia material en riqueza espiritual generalizada, también se tambalea”.
SUBSISTENCIA Y VIVIR BIEN.
El grandísimo pensador Keynes y Lindsey cometieron un error conceptual crucial al suponer que la lucha por la subsistencia precede a la lucha por vivir bien, pues ambas ocurren simultáneamente. Al fin y al cabo la filosofía moral seria se remonta al siglo V a. C., aunque los griegos antiguos aún no dominaban la provisión material.
A nivel individual lo vemos en nuestras propias vidas. Las familias jóvenes se esfuerzan por generar y aumentar sus fuentes de ingresos, pero sus vidas no son unidimensionales. “Sienten el peso de las preocupaciones económicas apremiantes”, mientras intentan vivir con sabiduría y bienestar.
Tampoco deberíamos concluir con Keynes y Lindsey que la lucha por la subsistencia ha quedado atrás. Vivir a nivel de subsistencia es mucho más caro en 2026 que en 1799, cuando George Washington un hombre inmensamente rico para su época, (esclavista dueño de más de 100 personas al momento de su muerte que, sin embargo, fue el único padre fundador que ordenó en su testamento la liberación de los esclavos de su propiedad).
Murió a los 67 años de una afección de garganta que hoy día se trataría fácilmente con asistencia respiratoria y antibióticos. En este sentido no hemos resuelto el problema económico y probablemente nunca lo haremos porque los bienes y servicios considerados necesidades básicas crecerán y crecerán con el tiempo.
PUEBLO CAÍDO.
Hay dos cosas que son ciertas: en comparación con nuestros antepasados, vivimos en un mundo de abundancia material. Y no estamos viviendo tan sabiamente ni tan bien como podríamos. Pero lo primero no ha causado lo segundo.
Todas las sociedades se han enfrentado a la cuestión de cómo vivir bien. Somos un pueblo caído en un mundo caído-una condición que nos ha costado explicar desde la expulsión de Adán y Eva del jardín del Edén-. Sabemos que los pensadores posliberales de hoy día también tienen dificultades, porque su argumento es a todas luces erróneo.


