
Roberto Chanona
A finales de 1687, durante una visita de fray Francisco de la Vega al pueblo de Oxchuc, golpeó su conciencia ver dentro de la iglesia al dios pagano Ik´al Ajaw, el negro supremo oseñor de la noche o del viento. También halló a Poxlom pintado en una tabla en forma de cometa colgada en un tirante del templo. No detalla cómo los encontró, si ocultos en la construcción o disimulados, pero afirma: costó no poca dificultad descolgarlos todos.
La descripción que fray Francisco hace de Ik´al Ajaw es de una escultura tamaño naturalcon los miembros de un negro feroz con cinco zopilotes o lechuzas. Este dios, continúa el prelado, fue muy temido en los altos de Chiapas y era registrado en cuadernillos junto con Coslahuntox y siete negritos empleados para hacer adivinaciones y pronósticos de los días de la semana.
Los cuadernillos eran documentos que, según el obispo, todos los pueblos tenían. Se les consideraba sagrados porque contenían escritos los dioses y sus días de veneración y determinaban naguales de acuerdo con la fecha de nacimiento de las personas. Quizá poreso los oxchuquenses conservan como reliquia sagrada las ordenanzas de Oxchuc del visitador Jacinto Roldán de la Cueva, conocidas con el nombre de “El K’awaltic”, traducido “Nuestro Señor o Libro Sagrado”. Al parecer, nos dice el investigador Víctor Manuel Esponda, fueron primero expedidas para el pueblo desaparecido de Aquespala el 15 de julio de 1674. La copia conservada fue sacada del original el 1 de septiembre de ese año por don Juan Macal de Meneses, escribano de Ciudad Real.
En una ocasión le comenté al filósofo Manuel Aceves acerca de este dios chiapaneco en forma de negro feroz y me dijo que era una representación de Tezcatlipoca en sus viajes al inframundo, porque entre sus nombres tenía Mancebo Negro y Joven del Precipicio, que en sus oraciones es una descripción precisa del Cañón del Sumidero.
Paul Westheim (1886–1963) –escribe Manuel Aceves en su libro– es posiblemente quien mejor ha captado el ambiente en que ha vivido el mexicano durante toda su vida: La carga psíquica que da un tinte trágico a la existencia del mexicano, hoy como hace dos y tres mil años, no es el temor a la muerte sino a la angustia de la vida, la conciencia de estar expuesto, y con insuficientes medios de defensa, a una vida llena de peligros, llena de esencia demoniaca… Westheim llega afirmar que el México antiguo “vive a la sombra de Tezcatlipoca, portador de desdicha, que tiene preparadas para el hombre más de siete formas de infortunio. Y este diablo no deja en paz a nadie –continua el historiador del arte precolombino–: quien hoy se siente seguro, mañana puede ser víctima de su demoniaca naturaleza, que sólo queda satisfecha al causar pánico, desgracia y desesperación.”
En Mesoamérica los pueblos eran gobernados por una casta sacerdotal. Entonces, el rito religioso era inseparable de los hábitos y su orden social. Por eso los españoles sabían queprimero debían destronar a los dioses y quienes los honraban. La persecución de fray Francisco de la Vega, la inquisición en Chiapas, de todas las esculturas, pinturas, danzas, cuadernillos u otro medio de representar a los dioses antiguos fue implacable. Este inquisidor de origen colombiano estuvo en nuestro estado de 1684 a 1712, año de su muerte.
Al destruir la casta sacerdotal quedaron los informantes, personas no iniciadas al grado de los ministros. Así que la reconstrucción de una religiosidad mesoamericana es muy limitada porque estos actos de destrucción ocultaron a los dioses, su significado y, muchas veces, su transmutación.
Ik´al Ajaw representa la noche, lo femenino y, como negro feroz, lo masculino. Eso quiere decir que esta deidad tenía una dualidad solar y lunar, creadora del cielo y de la tierra, lo visible y lo invisible, como el viento. Sahagún señala que asesinos, ladrones, infieles ymalandros temían al Mancebo Negro porque conocía los secretos que guardaban en su corazón, y por eso jugaba con ellos. Todo parece indicar que su nagual era el jaguar u ocelote, porque ese animal representaba al inframundo. La destrucción era una de las cualidades de este dios llamado en ocasiones Corazón del Monte. Quizá por eso Efraín Bartolomé, en el poema con mismo nombre, nos dice:
Las piedras perforaron los techos como balas enormes:
los de carrizo y paja, los de lámina y teja:
todos eran papel.
Cayeron sobre las losas de concreto
como rudos mazazos, como aerolitos locos,
unos sobre otros,
como un estruendo que se iba apagando
a medida que nos iba llegando la lenta muerte.
Durante la sublevación tseltal de 1712 los insurrectos se refugiaron en la montaña Ik-al Ajaw, aún venerada actualmente. Ahí hay una cueva con cruces adonde llegan a poner flores, rezar y encender candelas. Está a unos cuatro kilómetros de Oxchuc, en una localidad llamada igual, según Jorge Morales. También nos dijo que existe una banda de rock metálico llamada así. En San Cristóbal de Las Casas el artista Emilio Gómez Ozuna pintó el mural Ik´al Ajaw en la Universidad Intercultural de Chiapas, con el cual ilustramos este artículo.
Gracias al inquisidor De la Vega sabemos que el Negro Supremo fue quemado en la plaza de Oxchuc en 1687, como narra en su Novena Carta Pastoral, y aparece al margen del textoprincipal en su libro la nota: después fue el caso de la transmutación prodigiosa del santo Cristo de Tila. Con esto deducimos que el famoso Cristo Negro, adorado en Tila, Chiapa de Corzo, Juan Crispín, Zinacantán, Copoya y otras localidades aún en nuestros días, fue la fusión de Ik´al Ajaw con la suprema deidad cristiana después de 1687, o principios del siglo XVIII.


