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Giovanni Sartori, La Democracia en 30 Lecciones

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José Antonio Molina Farro
“Construir la democracia nos ha llevado casi dos mil años. Intentemos no perderla. Yo he terminado. Ahora les toca a ustedes. Buena suerte”. Menuda tarea nos ha dejado este inmenso pensador. La Democracia en 30 Lecciones es un instrumento muy valioso y singular para entender el comportamiento de la política y de los políticos, y cómo avanzar en la defensa de los derechos y la libertad ciudadana.
Su invitación a no perder la democracia tiene sustento. Los procesos democráticos, a diferencia de las transiciones que por definición son ruptura hacia adelante, admiten involuciones, regresiones como las que hoy vivimos en algunos estados del país y marcadamente en Chiapas. Y si bien de política nos ocupamos todos, doctos e indoctos, es un asunto que nos atañe a todos porque a todos nos afecta para bien o para mal. La sociedad opina, denuncia, se involucra, y por momentos hace a un lado el endemoniado interés y egoísmo que nos identifica como ciudadanos. En México, por fortuna, cada vez son menos los extremistas de la neutralidad. La sociedad toma partido.
Recuerdo a E. González Pedrero ” la sociedad mexicana es una sociedad conservadora”, el centro como el cero grado de la política ; Sebastián Lerdo de Tejada decía que los términos medios le parecían repulsivos; Hamman pionero del antirracionalismo, quien subrayó las fuentes irracionales del poder creativo del hombre también prefería los extremos.
Con admirable profundidad y claridad meridiana Sartori nos ofrece lecciones que nuestros políticos debieran aprender para asegurarse si las reformas y los instrumentos podrán funcionar. Él propone un cálculo de los medios basado en cuatro reglas para determinar: 1) si los medios son suficientes; 2) si los medios son adecuados (idóneos) para el fin perseguido; 3) si con ello se perturban otros fines (efectos colaterales); 4) si los medios sobrepasan los fines y se vuelven contraproducentes.
Quiero destacar que cuando se refiere a los medios no son solo medios materiales, sino también instrumentales, técnicos y de personal calificado. Una decisión de gobierno puede fracasar porque hay demasiada gente que manda o porque se ha adjudicado a personal incompetente. Chiapas es un ejemplo de gobierno de un niño malcriado que recibe en herencia unos beneficios que no merece y que, por lo tanto, no aprecia.
En Chiapas hemos pasado lastimosamente de la omnipotencia a la ausencia, del gobierno absoluto al gobierno diminuto, de la solemnidad a la frivolidad y del maximato al minimato. Un gobierno de mediocres -con muy contadas excepciones-, faccioso y de compadres, que confunde popularidad con gobernabilidad y administración con la idea de abarcarlo todo. Manuel creyó que su indiscutible bono democrático era un cheque en blanco firmado por la ciudadanía. Insisto en que, salvo que haya una disonancia cognitiva,- a fuer de practicar reiteradamente una conducta te muestras incapaz de evaluarla críticamente- resulta un proceder inexplicable para quien tiene aspiraciones mayores.
Ya lo dije en colaboraciones anteriores, hay funcionarios probos, de buena fama pública como Carlos Morales Vázquez, Luis Manuel García Moreno, Juan Carlos Cal y Mayor y en el ámbito de los Derechos Humanos la ejemplar gestión de Juan Trinidad Palacios. Honor a quien honor merece.
Los mediocres que asesoran a Manuel no hacen más que tenderle el tapete y llenarlo de incienso. Explicable para ellos, buscan diputaciones o alguna senaduría. Estos mediocres rayanos en la abyección y la ineficacia tienen nombre y apellido. Los Zepeda, los Zenteno, los Uvence y un largo etcétera, colaboradores oscuros unos y de dudosa reputación y eficacia otros. El caso de Uvence es patético, es ejemplo de cómo el construir una reputación te lleva toda una vida y tan solo en horas la destruyes con declaraciones públicas insensatas, por no decir estúpidas.
Hoy Manuel juega, y es legítimo hacerlo, con Rutilio, con Castellanos, con ERA a la gazapa, los placea, los subasta. Calcula si irá con el PRI o hará alianzas con el Frente Ciudadano o Morena. Va a esperar quién será el candidato presidencial del PRI para hacer sus amarres con éste u otros partidos, siempre en la búsqueda de dos objetivos, garantizar impunidad y acrecentar sus posibilidades en el próximo gabinete.
Concluyo con Robert Dahl: ” la democracia es también un asunto de información. Un alto nivel de representación con un bajo nivel de información y debate público no es una democracia, es una hegemonía representativa”

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