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Franco Lázaro Gómez, primer artista moderno de Chiapas

Franco Lázaro Gómez, primer artista moderno de Chiapas
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Noche de Ronda de San Pascualito, La Máscara, El Maíz, grabados en madera. Fotos Cortesía.

Roberto Chanona

Había transcurrido casi medio siglo en el panorama pictórico contemporáneo mundial cuando aparecieron sus primeras obras, mejor dicho, grabados. Su presencia luminosa pronto lo convirtió en nuestro primer artista moderno. Dejó ilustraciones como La carreta de San Pascualito, en las cuales gracias al oficio para dar vida con el buril creó obras únicas.

Nació en Chiapa de Corzo el 15 de enero de 1922. De niño tallaba mascaritas de parachico,como manda la tradición de ese pueblo mágico. Esto me lo platicó su hermana Victoria en una entrevista en su casa: Franco desde muy pequeño su pasatiempo preferido era tallar mascaritas de parachico que luego las vendía y se ganaba unos centavos. Así transcurrieron infancia y adolescencia hasta que en 1946 el maestro Jorge Olvera lo descubre y se lo lleva a la Escuela de Artes Plásticas, de la cual era director.

En un viaje a Tecpatán con el maestro Olvera me platicó que cuando Franco llegó a la dicha escuela dominaba perfectamente el arte de tallar madera y que él nada le enseñóacerca del oficio. Al ver su talento, le tramitó una beca para que fuera a estudiar a la Ciudad de México, pero sólo se dedicó a recorrer galerías de arte y museos. Pronto regresó a Chiapas. Después de ese viaje existe un grabado llamado La vendedora de flores donde podemos apreciar la influencia de Diego Rivera.

El mundo imaginario de nuestro artista estaba poblado por la tradición popular de Chiapa de Corzo. Nada escapaba a sus ojos: los objetos míticos, personajes del pueblo y de las ferias, los miserables, las leyendas. El surrealista, como lo llamaron equivocadamente algunas personas, era un grabador del eterno femenino: la noche, la caída de las hojas, la carreta, María Angulo y la máscara son algunos de los fantasmas en su mente, pero la muerte lo sedujo hasta la tragedia de su vida. Baudelaire diría que era una de esas personas que la traen marcada en la frente. Y Pedro Alvarado Lang hizo de su fenecimiento un mito, concediéndole poderes premonitorios en su libro El surrealismo y el caso de Franco Lázaro Gómez. Lo importante es la obra inspirando a nuevas generaciones porque Franco es una luz intensa, fugaz que vemos algunas noches pasar.

Desde sus inicios nuestro grabador tuvo comunicación con los objetos míticos y creó un lenguaje de símbolos. Un ejemplo es La máscara: en la nariz pone la sonaja del parachico.¿Qué relación? A menos que el chinchín simbolizara el ritmo, la guitarra la música y la nariz el aliento, entonces la música sería el aliento del pueblo. En el ojo izquierdo la barca del combate naval que nos lleva a su elemento; el transcurrir del agua es una pena infinitadecía Bachelard, y Franco lo sabía por sus pláticas con el río. En la ceja grabó una corona de espinas, ¿su relación con el catolicismo? En el ojo derecho están el guante y la montera de ixtle como ceja. La mano poderosa y el chicote también. La boca es el zarape y el tambor. Cierra con la barba morisca de los parachicos

Noche de ronda de San Pascualito inaugura una visión diferente acerca de la muerte. La inspirada en este caso tiene una casqueta militar. En la ronda los bueyes tiran pesadamente de sus huesos el cargamento de fusilados, muertos en combate, testigos. Sólo Franco lo sabe. Ni el cantor se salva. Esa noche, mientras los perros ladran, la persona que se atreva a verla o se cruce por su camino será aplastada. La luna, la casqueta militar y la hoz quedan visibles para recordar el significado.

Esta visión en huesos de la vida que tuvo Franco Lázaro pronto la continuaría Luis Alaminos. Pasará a Reynaldo Velázquez en la obra El viacrucis y a Gabriel Gallegos y otros artistas. Esta tendencia viene desde Gustavo Doré y su célebre grabado Visión del Valle de los Huesos Secos. O nuestro grabador Posada y La Catrina, que Diego Rivera inmortalizó. Pero no se olviden que en el arte prehispánico de México encontramos infinidad de esculturas, murales y dinteles con la muerte jugando un papel primordial. 

El Maíz es una recreación del mito que se encuentra en el Popol Vuh. Conozco tres versiones del mito. La más antigua es La Diosa del Maíz. De las dos siguientes que presentamos aquí, una está realizada en color, es más grande y la última es más chica y se titula El maíz. En ésta el rostro de la indígena luce porque la figura central está sola; las milpas detrás de la noche que amamanta, como aparecen en la segunda versión, ya no aparecen. El ojo también es diferente, indicando que Franco trabajaba el mismo tema muchas veces hasta lograr armonía entre sentimiento, forma y concepto.

La obra de Franco Lázaro Gómez a la luz de sus veintisiete años de vida es muy vasta: La vendedora de flores, El vendedor de cántaros, La feria, La caída de las hojas, La hiladora,María Angulo, Los parachicos, La espera y muchas otras ahora expuestas en el museo consu nombre en el exconvento de Santo Domingo de Chiapa de Corzo. También pintó murales en su casa que agradablemente el INAH rescató cuando la época de los tembloresen ese pueblo. 

Sería bueno que las instituciones de cultura pensaran en un libro serio acerca de este artista chiapaneco que en 1949 murió ahogado en el río Lacanjá junto con Carlos Frey, en expedición a Bonampak. Más allá del mito referente a su muerte: asesinato o poderes premonitorios por un grabado inconcluso que dejó antes de partir hacia el sitio arqueológico, lo valioso es su obra que nos dejó de suma importancia para nuestro acervo cultural en materia de arte.

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