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Ernest Hemingway

Ernest Hemingway
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José Antonio Molina Farro

La verdadera libertad consiste en ser, al mismo tiempo, tu propio amo y tu más fiel súbdito 

Hamman, pionero del antirracionalismo. Subrayó las fuentes irracionales del poder creativo del hombre 

Hombres y mujeres nos movemos mayoritariamente por objetivos. Perseguimos metas autoimpuestas que tienen un poder fundamental en nuestras vidas. De ahí podemos entender la aparición de un sentimiento de competencia que define a una amplia mayoría de nuestra sociedad. Una ambición irrefrenable por sobresalir más allá de los demás. Y es por ello que puede convertirse en el origen de múltiples problemas para sí mismo. Esto ha sido objeto de múltiples debates en la historia de la humanidad, en los que han participado los autores culturales más influyentes de su generación, tal es el caso de Ernest Hemingway, que dejó como legado una de las frases más impactantes y contundentes sobre esta cuestión.

AUTOSUPERACIÓN. “No hay nada noble en ser superior a tu prójimo; la verdadera nobleza es ser superior a tu yo anterior”. Con ello evidenciaba la falta de valor personal que suponía mostrarse por encima de los demás orientándolo más como necesidad de validación social. 

Lo verdaderamente arduo está en la competencia que mantenemos constantemente con nosotros mismos. La capacidad de aprendizaje y adaptación a las diferentes situaciones que la vida nos tiene preparadas es donde se encuentra  verdaderamente el progreso personal de un individuo en busca de su plenitud. Un sentimiento de obsesión por destacar sobre los demás es el camino directo a la aparición de actitudes envidiosas o celosas. De esta manera, la alegría del resto se acaba de convertir en nuestra frustración por no disponer de algo que pensamos merecer o que nos pertenece. Un enfoque con un pase directo a la perdición. 

P. D. “Nadie es una isla… La muerte de cualquier hombre me disminuye porque soy uno con la humanidad. Por lo tanto, no preguntes por quién doblan las campanas, doblan por ti”. John Donne (1624). La muerte es un recordatorio de nuestra propia mortalidad y nos afecta a todos 

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