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Entre montañas, cañones y a la luz de la luna

Entre montañas, cañones y a la luz de la luna
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  • Conoce el legado ancestral de Tuxtla Gutiérrez “el lugar donde viven los conejos”.

Noé Juan Farrera Garzón

En el mero corazón de Tuxtla Gutiérrez, el Museo del Café fue el escenario de la primera de tres pláticas dedicadas a la historia ancestral de la capital chiapaneca, denomidada “Echemos un Cafecito y Hablemos de Tuxtla”, la primera de tres charlas impartidas por el historiador Roberto Ramos Maza.

Al aroma del café, los asistentes fueron transportados a través del tiempo para descubrir los hitos de la ciudad, su pasado prehispánico y su identidad como asentamiento zoque. Ramos Maza subrayó la importancia de reconocer que Tuxtla, pese a la incompleta imagen de modernidad que hoy la caracteriza, es una ciudad con siglos de existencia y un legado que se pierde en el tiempo.

Uno de los aspectos más relevantes de la charla fue la ubicación geográfica de la ciudad. Situada en un valle rodeado de cañones como el del Sumidero, La Venta y El Boquerón, Tuxtla Gutiérrez es la única capital del sur de México enclavada entre montañas. Además, se destacó su fundación, la que estuvo vinculada al río Sabinal y sus afluentes, como el Jotipak, Potinaspak y el San Roque, elementos naturales que influyeron en el desarrollo del asentamiento.

Asimismo, Ramos Maza destacó la riqueza natural de Tuxtla, evidenciada en su flora característica con árboles como el primavera, el cuchunuc, el sospó, el cupapé, el matilisguate y el exótico flamboyán, cuya floración embellece la ciudad y forma parte de su identidad paisajística. Esta charla amena, tuvo como propósito destacar también la riqueza histórica de la antigua Coyatoc Mo, también conocida como Tochtlán o Tuxtlán.

El origen de su nombre también fue un tema central de la conferencia. La lengua Zoque que la reconoce como Coyatoc Mo, que en español significa “lugar donde viven los conejos”, revela la importancia del conejo dentro de la cosmovisión de los antiguos pobladores que va más allá de la comprensión simple.

Ramos Maza explicó que esta representación trascendía lo meramente faunístico, vinculándose con el “conejo de la luna”, una figura que los antiguos habitantes asociaban con la deidad lunar. De ahí que Copoya, o “Copoyá”, signifique “la luna arriba del valle”, y que las diosas lunares se transformaran en advocaciones religiosas como las vírgenes de Copoya, conocidas también como “las copoyitas”, una actividad espiritual de gran arraigo que aún se preserva.

Los pueblos zoques de Tuxtla tenían una profunda relación con la luna, no solo como deidad, sino como un referente fundamental para la medición del tiempo y la predicción estacional. Observaban los ciclos lunares para determinar el mejor momento para la siembra y la cosecha, vinculando sus actividades agrícolas con las fases del satélite natural. Creían que la luna influía en la fertilidad de la tierra y en la abundancia de las lluvias, por lo que los rituales en su honor buscaban garantizar buenas cosechas y el equilibrio con la naturaleza. Esta conexión con los astros demuestra la avanzada comprensión que los zoques tenían del entorno y su dependencia de los ciclos naturales para su supervivencia.

Otro de los hitos históricos destacados fue la creación del pueblo de San Marcos Tuxtla entre 1550 y 1560, cuando los frailes dominicos establecieron el pueblo de indios zoques y promovieron la construcción del templo de San Marcos, una edificación del siglo XVI que comparte similitudes arquitectónicas con los templos de Santo Domingo en Chiapa y San Esteban en Suchiapa.

Ramos Maza también recordó los cuatro barrios originarios de Tuxtla: San Miguel, San Andrés, San Jacinto y Santo Domingo, de los cuales los dos últimos siguen existiendo en la actualidad.

Un dato fundamental que resalta la antigüedad de Tuxtla Gutiérrez es la existencia de vestigios arqueológicos prehispánicos en la región, los cuales evidencian que su poblamiento antecede a la fundación de San Cristóbal de Las Casas en 1528. Mientras que San Cristóbal nació como una ciudad española planificada, Tuxtla ya era un asentamiento consolidado con una población indígena establecida, estructuras arquitectónicas y un sistema de organización social.

Esto la convierte en una de las poblaciones más antiguas de Chiapas junto a la antigua Soctón Nandalumí, la capital del pueblo soctón, también conocidos como chiapanecas, cuyo desarrollo histórico ha sido opacado por la narrativa colonial que privilegió los centros fundados por los conquistadores.

La charla concluyó con una reflexión sobre cómo la modernidad ha transformado el paisaje urbano y la identidad de Tuxtla Gutiérrez. La expansión urbana y las políticas de desarrollo han dejado en el olvido muchos elementos de su historia y tradiciones, lacerando la esencia de un pueblo ancestral que alguna vez fue el centro de una civilización, que veneraba a la luna y daba significado a su entorno natural.
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Créditos a fotografías antiguas a quien corresponda.

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