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El reto de Zoe / A Estribor

El reto de Zoe / A Estribor
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Juan Carlos Cal y Mayor

Conocí a Zoe Robledo siendo ya senador de la República donde destacó por su elocuencia y personalidad. Fue una revelación. Sus textos publicados en medios nacionales como Reforma y la antigua revista Siempre nos permitieron identificar a un ser pensante y sensible. Sus elaborados discursos en la cámara de senadores le granjearon popularidad y respeto entre sus contrapartes. Siempre con el poder de la palabra. Su bandera por el otrora famoso tres de tres, le atrajo simpatías entre líderes de opinión.

Me tocó coincidir con él en 2014, durante la entrega de la medalla Belisario Domínguez a nuestro querido escritor Eraclio Zepeda. Zoe fue el orador oficial. Siendo chiapaneco sus palabras adquirían un valor agregado de raigambre y pertenencia. Su discurso me quedó grabado.  “En la obra de Laco Zepeda -dijo Zoe- hay un personaje que puede servirnos para reflexionar en torno a las circunstancias actuales de la Nación. Se trata de Pacífico Muñoz, conocido como don Chico, protagonista del cuento Don Chico que vuela…  era un hombre sencillo y obstinado que se molestaba ante las dificultades para visitar pueblos lejanos… Don Chico pensaba que ir a pie era inútil e ir a caballo era simplemente una tontería. Lo indispensable en esas tierras era volar…  Y puso manos a la obra… construyó sus alas de carrizo y de palma. Cuando quedó todo listo, el navegante hizo saber que volaría al cielo. El problema fue que al saber que don Chico iría al cielo, comenzaron a hacerle encargos. Le pidieron llevara queso, que llevara tragos, que llevara café a los difuntos. Rápidamente creció el volumen… llegó el gran día y don Chico subió al campanario de la iglesia para emprender el vuelo. Pero la carga excesiva lo evitó. El hombre volador se desplomó y la tragedia se consumó de inmediato. Alguien de entre los mirones pronunció una frase misteriosa y lapidaria: —Lo mató el sobrepeso. Si no fuera por los encarguitos, don Chico vuela”.

Dos meses después volví a coincidir con Zoe en Monterrey cuando la Fundación Dr. Ildefonso Vázquez Santos le otorgó -en febrero de 2015- un nuevo reconocimiento a Eraclio Zepeda. Con nuestro querido Laco nos unía ya, una amistad, y tenía por Zoe un cariño especial. Nos fuimos juntos en un taxi a la ceremonia y la cena otorgada en honor a Laco. Al evento asistieron destacados empresarios regiomontanos. Jorge Vázquez un importante empresario, filántropo y promotor de la lectura, fue nuestro anfitrión. Por azares del destino, Jorge vivió parte de su infancia en Tuxtla Gutiérrez en una casa de la colonia Moctezuma. Tenía el deseo de adquirir la biblioteca de Laco para instalarla en Tuxtla en instalaciones adecuadas con el apoyo del gobierno del estado. Por más que insistí en diferentes instancias no pude lograrlo. Es triste que ese acervo que debiera ser un patrimonio cultural de los chiapanecos no haya encontrado cobijo en la tierra de nuestro gran cuentista. Al final del convite Zoe y yo salimos a la calle para pedir un taxi que nos llevara de vuelta al hotel. Nuestro anfitrión, amable y presuroso, salió a ofrecernos un raid. No queríamos molestarlo, pero a esa colonia residencial no llegaban taxis, así que no quedaba mas remedio que aceptar. Sería la primera y única vez que me subo a Rolls Royce blindado y chofereado por su gentil propietario.

Coincidí de nuevo con Zoe. Esta vez para rescatar y reconstruir el auditorio Francisco I. Madero que ahora es un flamante teatro que conserva su fachada y arquitectura. Yo había dado mil vueltas dos años consecutivos para conseguir recursos, pero fue infructuoso. Gracias a Zoe lo logramos. Por eso le tengo afecto y gratitud. Se le quiere en el medio cultural. Mucho hizo y más podría hacer. En el 2018, Zoe ganó la elección como diputado federal. No creo que fuera cercano a López Obrador, pero lo nombró subsecretario de gobernación. Poco tiempo después Germán Martínez tiró la toalla en el IMSS. Advertía la complejidad de administrar un gigante burocrático con muchas deficiencias operativas.

Zoe entró al quite. Recorrió con el presidente instalaciones médicas a lo largo y ancho del país. En enero López Obrador decidió finiquitar el Seguro Popular y echar a andar infructuosamente el INSABI. En eso estaban cuando se nos vino encima la pandemia del coronavirus. Hoy el IMSS enfrenta denuncias por falta de insumos para sus propios médicos que están resultando contagiados. La consolidación y centralización en la compra de insumos y medicinas le han restado eficacia. Por su especialidad en epidemiología el presidente dejó en manos del Doctor López Gatell la conducción de la crisis. El Secretario Alcocer no pinta para nada. Y vaya que ese encargo lo han ocupado prestigiados personajes de la talla de Julio Frenk, Juan Ramón de la Fuente, Guillermo Soberon y José Narro.

Es una carga pesada como en el cuento de Laco, Don Chico que Vuela. Zoe puede volar, pero los encarguitos son grandes y la carga abultada. No le vaya pasar lo que a Don Chico que ya no pudo volar. Le vienen tiempos difíciles. Los sistemas de salud en otros países han sido rebasados y debe ser muy complicado trabajar con este presidente. Tiene dos personajes que no lo sirven para nada, un tal Attolini y Gibrán Ramírez, que más que colaboradores parecen aviadores. Hay quienes desde Chiapas lo ven para la grande, pero aún falta mucho y hay otros tiradores. Es una rara avis en medio de la gerontocracia. Su perfil va más allá de Morena. No se diga entre la paisanada. A ver si logra librarla.  En una de esas se mete a la jugada. Es joven, pero tiene más empaque por su sobriedad política que muchos en un disminuido gabinete. Por delante camina Ebrard, el bateador emergente. Claudia Sheinbaum que es fiel hasta la ignominia. Detrás va Monreal que no piensa cruzarse de brazos. En política nada está escrito. Morena ha sido eclipsado por sus pugnas internas y las que faltan. La popularidad del presidente va a la baja. Los apologistas del régimen son rémoras que vive a la sombra del caudillo. Su vasallaje resta, no suma. Van tener un serio revés si solo le apuestan al repartidero de lana y el clientelismo. Pero eso es harina de otro costal.

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