Manuel Ruiseñor Liévano
En el marco de la llamada austeridad republicana; es decir, sin pena ni gloria, el pasado 24 de enero se conmemoró el DÍA INTERNACIONAL DE LA EDUCACIÓN, en un país como el nuestro en el cual esta asignatura —que es un derecho constitucional de todos los mexicanos— aún sigue siendo uno de los grandes pendientes que lastran el desarrollo nacional.
Hablamos del orden que actualmente guardan indicadores como ejercicio del gasto, inversión, calidad, infraestructura accesibilidad, sólo por mencionar algunos tópicos.
Pero vayamos por partes y comencemos reconociendo, tal y como lo dijera en El laberinto de la soledad el maestro Octavio Paz, que México es la suma de muchos Méxicos, es un país de claroscuros y contradicciones profundas, donde conviven luz y sombra , alegría y desesperación, apertura y hermetismo, aunque nos cobije la luz de la cultura y la sombra de nuestra soledad histórica.
CARENCIA Y REZAGO
Acotan las cifras del INEGI que, con corte al año 2024, 24.2 millones de mexicanos presentaban alguna carencia por rezago, lo cual significa que tenían un nivel educativo inferior al esperado para su edad.
Lo que en otros términos equivale a que del total de la población, el 18.6 % del total presente tal condición. Motivo por el cual la persistencia de este rezago es ya un reto determinante para el bienestar social, toda vez que incide directamente en las oportunidades laborales, el ingreso y la movilidad social de millones de compatriotas.
Se conmemora esa fecha del calendario de la ONU y su agencia para la educación, la ciencia y la cultura (UNESCO), en un escenario en el cual y de acuerdo con estimaciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE), a la que pertenece México, en este país se destina 4.3 % del PIB a educación, por debajo del promedio de 4.7 de la OCDE.
También se evoca la efeméride, ante el indicativo de que sólo el 60 % de los jóvenes de 15 a 19 años está matriculado en algún programa educativo, cifra que en ese organismo internacional promedia 84 %.
Se celebra en México esta fecha del calendario internacional, con un porcentaje de 69 % de niños de 3 a 5 años inscritos, que por igual es inferior a la media de la OCDE, con 85 %.
Se recuerda el Día Internacional de la Educación, cuando en materia de inversión en nuestro país el gasto por estudiante disminuyó de 76 mil 512 pesos a 68 mil 465 pesos en el 2025.
Se rememora cuando en términos generales, somos el segundo país que menos invierte en educación de toda la organización. Y basta decir que tan sólo Chile invierte casi el doble que nosotros y la bien ponderada Dinamarca hasta cinco veces más.
Naciones con menor PIB per cápita —como Colombia, Bulgaria, Turquía, Hungría, Lituania y Rumania— asignan más recursos por alumno que México, lo que confirma el rezago estructural existente en inversión para infraestructura, personal docente y operación escolar.
No sale sobrando remarcar que, a pesar de que los niveles educativos que más recursos concentran son la primaria y la secundaria, la mayor parte de este gasto se destina en sueldos, salarios, infraestructura y mantenimiento de las unidades escolares.
Pertinente es también aclarar, que los datos consignados en el Panorama de la Educación 2025 de la OCDE, no son resultado de una encuesta sino de los datos aportados por los propios gobiernos.
Pero al decir del inmortal Hamlet de William Shakespeare, no todo está podrido en Dinamarca, porque de acuerdo con el más reciente informe de la OCDE (ya referido en entregas previas en este espacio de Alfaro Noticias), entre 2019 y 2024 la proporción de adultos jóvenes (25-34 años) que no completaron la educación media superior disminuyó de 49% a 41 por ciento.
A pesar de los pesares, el rezago educativo en México en el nivel obligatorio, aún está muy por encima del promedio de la OCDE, que es del 13 por ciento.
EL CASO DE CHIAPAS
Ya lo hemos reiterado en este espacio, si buenas notas hay en materia educativa en la entidad, estas se derivan del programa de alfabetización “CHIAPAS PUEDE”, acreditado al gobierno del estado, en virtud de su organización, estrategia, programa y, especialmente, por la capacidad de convocatoria al conjuntar un auténtico “ejército” de voluntarios y servidores públicos, cuyo trabajo es menester reconocer por los resultados y alcances.
No obstante la enorme cobertura de los programas sociales de becas del gobierno federal —y de los cuales Chiapas es tal vez el mayor recipiendario del país— las carencias y el rezago prevalecen con impactos negativos para el desarrollo del estado.
Si no, veamos los siguientes indicadores 2024-2025 del “Informe Chiapas. Pobreza 2024 de la Secretaría de Hacienda del Estado, el cual señala la existencia de un rezago educativo de 34 % (primer lugar nacional); 3 de cada 10 personas de 15 años y más carece de estudios de educación básica;11 % de inasistencia escolar en menores de 6 a 14 años, y 57.5 % de aulas saturadas, entre otros referentes.
A MANERA DE COLOFÓN
Los resultados anotados en este espacio,nrevelan la imperiosa necesidad de fortalecer las políticas públicas orientadas a la educación en rubros tales como inversión y distribución del gasto; permanencia escolar; educación para jóvenes y adultos, entre muchos otros, con el propósito de reducir de modo sostenido las carencias en el mediano plazo.
No se puede dar carpetazo al estado actual de la educación, ni en el país ni mucho menos en Chiapas; las cifras hablan por sí mismas. De modo tal que, dejar prevalecer el orden de cosas o hacer de cuenta que no pasa nada metiendo cual avestruz la cabeza en el agujero, significaría cancelar nuestro futuro.
Invertir en educación siempre será la mejor estrategia, si lo que en verdad se desea es tener a favor su efecto multiplicador como motor de crecimiento, factor de rentabilidad y bienestar social y reductor de desigualdades.
Y para el logro cabal de estos fines, se impone la participación corresponsable de todos los actores sociales, económicos y políticos sin excepciones.
*En memoria de Guillermo Enríquez