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De Sabines y otros temas / Al Sur con Montalvo / 

De Sabines y otros temas / Al Sur con Montalvo / 
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Guillermo Ochoa-Montalvo 

QUERIDA ANNA KAREN, 

Amanda llegó a la comida luciendo sus fabulosas piernas con la seguridad de sostenerle la mirada a los fisgones con el mismo descaro de la madre de Sheinbaum luciendo sus piernas desde el departamento que ocupan en Palacio Nacional, como si no conocieran el significado de este edificio histórico. Pero de este tema, no deseo hablar, sino de Sabines a quien ayer le festejamos sus primeros cien años de su natalicio.  

—Oye, la madre de Claudia no se midió al sacar sus piernas en un balcón de Palacio Nacional… 

—Amanda, cambiemos de tema. Tengo suficiente con los efectos catastróficos de la economía propia y de millones de mexicanos. Si. Cambiemos de tema porque esa remodelación costó más de 9 millones y cada mes se gastan una millonada en sus servicios y mantenimiento. Ese dato se le ha preguntado en diversas ocasiones, y siempre se sale por la tangente. Ni siquiera ha respondido a las solicitudes de transparencia. Pero eso si, responde jocosamente recurriendo al pasado, el “pasado pisado”. Y cae en payasadas que nos revuelcan de risa; porque para actuar en su circo, si es buena. Pero Amanda, cambiemos de tema.  

—Pues si, aunque su madre se lució como una real equilibrista desde las alturas nacionales.  

—Cambiemos de tema; hablemos de JAIME SABINES, de cuando abandonó la carrera de medicina para convertirse en vendedor de muebles; de su aislamiento de las élites intelectuales y su apego a la soledad; su recurrencia a la muerte; su vida discreta y secreta de amores y romances, de los cuales, sólo ellas, quienes lo conocieron, guardan memoria, su poesía es tan resonante como sus romances callados…, Amanda suelta un profundo suspiro que le viene de los pies, retumba en su cuerpo y se aloja en la memoria de las mujeres que le conocieron. 

—Tú siempre uniendo la vida de los autores a sus obras. No tiene remedio, sin embargo, lo reconozco; en eso tienes razón, al menos, agradezcamos a Sabines su vida discreta de sibarita, alejado de los escándalos de su hermano y del otro Juan. Jaime nunca asomó los pies, en lugar alguno, que no fuese su propia casa… —Amanda cambiemos de tema; hablemos de la vida mundana de Jaime Sabines, menos conocida que su genial obra poética. Nadie puede escribir poesía sino desde la oscuridad, la angustia y la soledad misma de sus pasiones.  Dejemos en paz a la señora del Palacio quien no pasará a la historia con la gloria de Sabines. 

— Estoy de acuerdo y lamento su corta vida al morir, justo, muere a tu edad y la edad de ya sabes quien; el dueño del circo de la señora donde él es director, aunque le haga creer que ella maneja al elenco circense, en eso se equivoca, todos son personajes del director manejados a su antojo, ella hace payasadas desde la cuerda floja cuidando de no lastimarse al caer… 

—Amanda, por favor, cambiemos de tema y hablemos de esos amores fortuitos e intensos como una flama que nos quema, por pequeña que sea. Hablemos de la vida de los genios tan disipadas, que fueron capaces de convertir sus infiernos en paraísos para deleite de los amantes de la poesía.  Repitamos las palabras de Sabines que son una turbulencia de emociones; pero, ¿en quién piensa cuando escribe “LOS 

AMOROSOS”, en apariencia a su esposa, doña Josefa Rodríguez Zebadúa o cuando escribe: “QUISIERA ESTAR JUNTO A TI, PARA DECIR, SOBRE TU OÍDO TE QUIERO, te quiero, te quiero, te quiero, te quiero, y repetirlo constantemente, infinitamente, hasta que te cansaras tú de oírlo, pero no yo de pronunciarlo”, dime Amanda, ¿quién inspiró tan profundo sentimiento?, acaso su esposa, doña JOSEFA “CHEPITA” RODRÍGUEZ ZEBADÚA DE SABINES, te pegunto, Amanda.  

—No lo sé de cierto; pero su recurrencia a la soledad y la muerte, lo apartan de la idealización del amor; muy distinta a la idealización de un país inexistente que se recita cada mañana desde hace 8 años, mintiendo, engañando a los ignorantes que repiten sus frases como un poema mal escrito, pero eficiente en sus efectos… 

—Cambiemos de tema Amanda no me interesa hablar de esa señora que engañó hasta a las mujeres que le dieron su voto y confianza. Regresemos a Sabines cuando dice:  “¿TE PARECE BIEN QUE TE QUIERA NADA MÁS UNA SEMANA? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada“. Acaso sus amores ¿eran de apenas unos días?, Amanda.  

Te responderé como Sabines lo habría hecho: “YO NO LO SÉ DE CIERTO, PERO SUPONGO que una mujer y un hombre algún día se quieren, se van quedando solos poco a poco, algo en su corazón les dice que están solos, solos sobre la tierra se penetran, se van matando el uno al otro. Todo se hace en silencio. Como se hace la luz dentro del ojo. El amor une cuerpos. En silencio se van llenando el uno al otro. Cualquier día despiertan, sobre brazos; piensan entonces que lo saben todo. Se ven desnudos y lo saben todo. (Yo no lo sé de cierto. Lo supongo).  

—¡Vaya, Amanda! Ya cambiamos de tema. ¿Son amores secretos o silenciosos? Porque la poesía de Sabines en prosa nos devuelve sus palabras con una crudeza genial. Y me quedo con la duda, ¿a quien le escribía ese sabines mundano y poético a la vez? A a su madre, le dedicó el poema “Doña Luz”. 

—¿A quién le importa saber quién quiénes fueron sus musas o inspiraciones?, fue lamentable morir a destiempo por un cáncer inmerecido. Yo reparo en su extensísimo poema, ALGOSOBRE LA MUERTE DEL MAYOR SABINES como sin presagiara su inminente muerte; como una confesión necesaria para ponerse en paz con su propia vida, le dedica ese poema a su padre, que podría destinarse así mismo. Él inicia escribiendo: “DÉJAME REPOSAR, / AFLOJAR LOS MÚSCULOS DEL CORAZÓN / Y PONER A DORMITAR EL ALMA / PARA PODER HABLAR, / PARA PODER RECORDAR ESTOS DÍAS, LOS MÁS LARGOS DEL TIEMPO. No lo trascribo, pero dejo el vínculo para quienes deseen leer entrelíneas, sus palabras escritas de profundis.  

—Amanda, a mi me cimbró el final de ese poema: Pasó el viento. Quedaron de la casa / el pozo abierto y la raíz en ruinas. / Y es en vano llorar. Y si golpeas las paredes de Dios, y si te arrancas / el pelo o la camisa, / nadie te oye jamás, nadie te mira. / No vuelve nadie, nada. No retorna / el polvo de oro de la vida. 

—En ese poema de dos partes y más de 15 estrofas, Sabines se muestra angustiado, temeroso, habitándose en soledad como aferrándose a la vida sabiendo que partirá al Panteón Jardín de la CDMX el 19 de marzo de 1999, unos días antes de cumplir 73 años. El “FRANCOTIRADOR DE LA LITERATURA” como lo apodó Roberto Fernández Retana, fue sepultado conforme a su voluntad, sin homenajes en una ceremonia íntima, como vivió. 

—Amanda, es interesante el apodo propuesto por Fernández Retana al llamarlo el “Franco Tirador de la literatura” por “su capacidad de torcer la realidad y jugar con ella a puntos extremos, destrozando toda la cordura que ella pudiera aparentar.”. Sabines se construyó un estilo propio, y le escucho diciendo: “Yo quería hacer una poesía lo más independiente de las palabras, que resistiera cualquier traducción y es a través de la prosa, -cuyo ritmo es el que más se acerca al de la sangre donde se consigue mejor”.

—En alguna entrevista respondió: Me sentía humillado y ofendido por la vida; ¿cómo era posible que estuviese en aquella actividad, la más antipoética del mundo? Después de dos o tres años comencé a ser humilde, a decirme: ‘que se vaya al carajo el poeta

Como sea, Amanda, la poesía de Jaime Sabines es una cuestión de amor.

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