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De la campaña al olvido: cuando la nueva era desafina en la “secretaría de pesca y acuacultura”

De la campaña al olvido: cuando la nueva era desafina en la “secretaría de pesca y acuacultura”
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Juan Carlos Toledo

En política, los aplausos suelen tener fecha de caducidad. Hay quienes acompañan el proyecto desde que era promesa, cargan bocinas, organizan eventos, operan territorio y hasta barren simbólicamente el camino hacia el poder. Pero una vez que se corta el listón institucional, algunos descubren que el escenario cambió… y que ya no están invitados a tocar.
Se comenta —porque en política todo se sabe— que ese grupo fue clave en la operación territorial. Fueron quienes organizaron eventos, promovieron y hasta “limpiaron” el terreno alrededor del edificio que hoy alberga la secretaría de pesca y acuacultura. Trabajo hubo. Lealtad también. Lo que parece haberse extraviado es la reciprocidad.
Hoy el discurso institucional suena impecable: “Trabajamos para las familias de los pescadores”. Frase correcta, políticamente rentable y socialmente necesaria. Pero la política no solo se mide en declaraciones; también en memoria. Y ahí es donde empiezan las grietas.
Porque cuando quienes confiaron, operaron y defendieron un proyecto hoy no existen ni administrativa ni políticamente, el mensaje es claro: la campaña terminó… y con ella, las lealtades.
El caso del grupo musical “La Nueva Era” es simbólico. Durante la campaña eran parte del ambiente, del ánimo y hasta de la presión política en eventos de proselitismo. Hoy, silencio. Resulta irónico que, siendo la titular aficionada y ejecutante de diversos instrumentos musicales, no haya espacio ni para un “palomazo” con quienes alguna vez acompañaron el ritmo de la campaña.
La política suele tener memoria selectiva. Se recuerda lo que conviene y se olvida lo que estorba. Pero los equipos desplazados no olvidan. Tampoco lo hace la opinión pública cuando detecta contradicciones entre el discurso social y las prácticas internas.
No se trata de exigir cuotas ni favores eternos. Se trata de coherencia. Si se habla de compromiso con las familias del sector pesquero, también debería existir compromiso con quienes creyeron en un proyecto antes de que fuera gobierno.
Porque al final, el poder no solo revela carácter: también revela gratitud. Y esa, cuando falta, hace más ruido que cualquier instrumento musical.

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