1. Home
  2. Columnas
  3. Dar y repartir / La Feria

Dar y repartir / La Feria

Dar y repartir / La Feria
0

Sr. López

Hoy en la noche llegan los Santos Reyes, Melchor Gaspar y Baltasar, para que los niños despierten a abrir regalos. Confiesa este menda que cuando niño, nunca los quiso porque tenían la imprudente manía de dejarle de regalo el uniforme de la escuela y calzones; ya luego comprendió casi con tristeza (casi, no es para tanto), que eran cosas de la magra economía de sus papás. Tampoco pasa nada, en Navidad le iba bien a su texto servidor, pero no por mérito del gordazo del Santa Claus sino del niñito Jesús (cosas del catolicismo 100 grados ‘proof’ de la señora López).

Como sea, qué bueno por los niños. Ya grandes se enterarán que no eran santos, no eran reyes, no eran tres y no se sabe cómo se llamaban (y lo del camello, el caballo y el elefante, se le ocurrió a alguien en la Edad Media y ahora sirve para la bonita foto infantil, nada más).

A los santos reyes solo se les menciona en el Evangelio de Mateo (que no se sabe quién lo escribió, por cierto), pero solo dice “unos magos de Oriente” que llegaron a Jerusalén y metieron la pata (eso no dice el evangelio, pero para entendernos), porque se les ocurrió ir a preguntarle al rey Herodes el Grande, “¿dónde está el Rey de los judíos que ha nacido?”, y como Herodes siempre estaba a las vivas y receloso de que lo fueran a derrocar, porque no era judío y los romanos lo treparon al trono a espadazo limpio, casi le da un soponcio. Preguntó a los sumos sacerdotes y a los escribas, dónde podía ser eso, y le dijeron que si pasaba pasaría en Belén.

Entonces, el Herodes, que era malora, les dijo a los magos para dónde quedaba Belén y les pidió que regresaran a darle la dirección del Rey de los judíos (el niñito Jesús), porque él también quería ir a verlo (lo iba a mandar matar, así era su modito). 

A los magos se les olvidó o les dio flojera (luego contaron que fue un ángel el de la idea), y ya no regresaron con Herodes que muy enchilado mandó asesinar, en lugar de uno, a todos los niños menores de dos años. O sea, sin magos boquiflojos no hubiera habido esa matachina que es lo que la iglesia celebra el 28 de diciembre, el día de los Santos Inocentes. ¡Mecáchis!, la que armaron los magos esos.

Otra cosa de esos reyes que eran magos, son los regalos que le dieron al niñito Jesús: oro, incienso y mirra. Si es cierto, ya podemos imaginar qué pensó de los señores esos la santísima mamá del bebito. De plano no tenían idea de qué se regala cuando nace un niño (aunque el oro le debe haber caído de perlas a san José, que andaba muy corto).

Sea lo que sea, esta celebración hace bien como todo lo que al menos un día, al menos un rato, haga pensar a la gente en cosas santas, buenas y santas. Otra cosa plausible es que forma parte de tradiciones muy arraigas en este nuestro risueño país. Definitivamente no la tienen fácil esos que nos quieren ‘decolonizar’, irnos separando de a poquitos no del ‘eurocentrismo’, sino de España que es lo que en México llegó de Europa, incluida la religión.

Acomoda contarle que siendo las mujeres del lado materno de la familia de este junta palabras, católicas irreductibles, los señores eran masones y ateos (no se aceptan reclamaciones), que ni bautizados fueron y eran en serio: el abuelo Armando, ni para casarse con la abuela Virgen, entró al templo, uno de su confianza lo hizo y se casó por poder, así de ateos eran. Bueno, pues ya grande este menda un día le preguntó porque a todos sus hijos los mandó a colegios católicos y dijo dos cosas; que la religión y el caldo de gallina a nadie le hacían mal; y que para andar por la vida era mejor tener mapa. Bueno, eso dijo.

Por otro lado, es imposible no comentar algo sobre el terremoto del viernes pasado: ¡benditos sean nuestros ingenieros y albañiles! (primero, el Buen Dios, claro).

Con sismos de ese tamaño en otros países suceden tragedias bíblicas. No se minimiza que el viernes fallecieron dos personas, la caída de 70 casas ni los daños a unas 700, pero 6.5 grados Richter y 33 segundos de duración, dan para verdaderamente,dejar todo en ruinas.

No puede uno dimensionar la colosal fuerza exorbitante de los sismos. Pero sí puede recapacitar en su calibre nada más sabiendo que el de este viernes, se sintió con diferentes intensidades, pero se sintió, aparte de en Guerrero, en Oaxaca, Veracruz, Morelos, Puebla, Jalisco, Tabasco, Colima, Hidalgo, Michoacán y la Ciudad de México.

Imagine la enloquecida fuerza ciclópea de los terremotos, este movió poco más de 368 mil kilómetros cuadrados, casi el 20% de la superficie total el país. Otro detalle es que tuvo más de 800 réplicas. No es difícil entender porque la gente en estas, se acuerda de oraciones que no sabía que se sabía… nadie se hace el macho.

No para hacer una comparación infame, cruel, pero para que se entienda la bendición a los ingenieros y albañiles mexicanos, recuerde que el terremoto de 1972 en Managua, Nicaragua, fue de menor intensidad (6.2 grados Richter), y menor duración (30 segundos), y la devastó, la arrasó:

Provocó la muerte de 20 mil personas advirtiendo que no se puede saber el total de fallecidos porque no se sacaron todos de abajo de los escombros, la ciudad apestó por el hedor de los cuerpos en putrefacción durante al menos cinco meses. Los incendios causados duraron dos semanas. En el centro de Managua todas las viviendas se cayeron y la ciudad permaneció en ruinas casi 20 años. 

Ya ni le cuento del terremoto de 2010 en Haití (de 7 grados), que mató a no se sabe si cien mil o 300 mil. ¡Dioses!

Otro comentario es sobre la alerta que sí funcionó en los teléfonos celulares y la respuesta de protección civil, de las autoridades. Por supuesto nada impide ni atenúa un terremoto, pero si esas acciones salvaran una sola vida, ya valieron la pena.

Bueno, estimado colega tenochca, ya nos estrenó a todos el nuevo año. Esperemos que no traiga más sorpresas de estas, que con lo de todos los días, tenemos bastante, más bien dicho, para dar y repartir.

LEAVE YOUR COMMENT

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *