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Cuatro Eme / Galimatías

Cuatro Eme / Galimatías
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Ernesto Gómez Pananá

A lo largo de los ya más de diez años de existencia de esta su columna cómico-mágico-musical de cada domingo, hay ocasiones en las que comparto alguna memoria o recuerdo de algún suceso personal, otras en las que algún acontecimiento social nacional o del mundo me provoca alguna reflexión. Otras, en las que la semana transcurre “floja” y el tema no surge tan fácilmente. Otras más, como esta, en la que las opciones de temas a recuperar se acumulan y es complicado jerarquizar y tomar un tema central y dejar al final una, dos, tres o hasta cuatro oximoronas. Hoy es uno de esas semanas de diversidad de temas de los que no quisiera -no quiero- dejar de mencionar alguno. Aquí mi lista, estimades, tolerantes, amables y receptives 29 lectores:

Makarenko I.
Surreal. Difícil de asimilar. Dos maestras asesinadas a manos de un adolescente en una preparatoria de Lázaro Cárdenas en un patrón tan aparentemente de cualquier otro país menos el nuestro, porque acá los asesinatos se dan de otra manera.

Esta vez, ya no fue en Columbine, Uvalde o Santa Fe pero como si lo hubiera sido: un joven posteó fotos y mensajes dejando ver sus intenciones.
Encapuchado y con determinación asesina, arribó al plantel y disparó a quemarropa contra las jóvenes docentes.

Dentro de todo el dolor de la tragedia, saltan dos detalles con amarga ironía:
Por un lado preguntarse qué hacía un arma de ese calibre, sin registro ni permiso, un arma ilegal, pues, en el domicilio del menor, de su madre y su padrastro, quien, así, casual, se ha afirmado que pertenece a las fuerzas armadas. Un arma de alto poder e ilegal, en casa de un miembro de las fuerzas armadas_. Casual._

Por el otro, qué paradoja dramática es que la escuela en la que sucedieron los hechos, lleva el nombre de Antón Semiónovich Makarenko, pedagogo y escritor soviético que dedicó su vida a reeducar a jóvenes delincuentes.

Mímesis II.
Ahí mismo en la tierra de Morelos, desde hace décadas la violencia -y sus generadores– son cosa cotidiana. Guardias comunitarias, cárteles, extorsiones y narcogobiernos son parte de la vida cotidiana: una generación de jóvenes que hoy cursan bachillerato o universidad y que nacieron, crecieron y sobrevivieron en ese ecosistema podrido y contagioso.

En la misma semana de la masacre en la preparatoria Makarenko, circuló en redes el video de un concurso de baile en el colegio de bachilleres de Contepec, Michoacán: un grupo de jovencitas brinca al escenario encapuchadas, con pantalones y botas tácticas y algo que simula un chaleco antibalas. Cada una porta un rifle de asalto de utilería. El número se presenta con narcocorridos de fondo que se combinan con balazos y la voz de un narrador que uno a uno, enuncia nombre y circunstancias de los asesinatos de al menos media docena de alcaldes de ese estado.

Antes que apología, la escenificación busca, muy a su modo, reflexionar sobre lo que pasa en ese estado. La audiencia, jóvenes estudiantes en su enorme mayoría, aplauden y gritan entusiasmados el desempeño de sus compañeras. Los docentes que integraron el jurado pensaron diferente y descalificaron la coreografía para avanzar a la etapa estatal. Complicado, complejo, doloroso. Las chicas sólo reflejaban su realidad. Los docentes sólo intentan frenar la idealización de dichos modelos. Lo que ahí ocurre no es sólo una coreografía. Es mímesis. Una reproducción casi exacta —y ya normalizada— de la violencia que las rodea. No hay salida fácil ni cercana. Nos va a tomar décadas drenar tanta violencia y que la paz empiece de nuevo a permear y a germinar.

Matria III.
Esta misma semana también, Cecilia Flores publicó un video en el que señala que después de siete años de hurgar la tierra bajo el sol, encontró en una fosa clandestina algunos huesos que supone pertenecen a su hijo Marco Antonio, visto por última vez en Bahía de Kino, Sonora, en 2019.

El testimonio de doña Ceci es desgarrador. Además de Marco Antonio, el crimen organizado también le quitó cuatro años antes a Alejandro, su otro hijo, levantado en Los Mochis y en ambos casos, ella ha afirmado que prefiere encontrar un cadáver o unos huesos a no encontrar nada y vivir -morir en vida- sin saber dónde se encuentran. Tan inimaginable el dolor como inconcebible procesar que en un país, el que sea, existe un concepto como el de “Madre buscadora”, espeluznante dimensionar que hoy exista un término para definir a alguien que dedica sus días y sus meses y todo lo que le reste de vida a cavar la tierra en mitad del desierto, que entierra varillas en busca de olores de cuerpos humanos putrefactos enterrados clandestinamente. Personalmente no encuentro un adjetivo adecuado para describir el vacío y el dolor descarnados de Ceci y otras más de cien mil madres que deambulan los caminos de nuestra matria en búsqueda de un rastro, una señal, un recuerdo, aunque sea un hueso. Paz para las madres. Castigo para los asesinos por acción y también por omisión.

Mark Zuckerberg IV.
También, en esta saturadísima semana, un jurado en esa ciudad californiana declaró a Meta-Facebook y Youtube culpables por negligencia en el caso de la demanda de una mujer de 20 años que los demandó por haberle causado adicción desde varios años atrás. Los abogados de la demandante se centraron en el diseño de las plataformas y demostraron que más que diseñadas para socializar, tienen por objetivo el que la persona no pueda escapar de su consumo. Fuera máscaras. Un pago de tres millones de dólares de indemnización y un precedente judicial para normar a estos nuevos señores feudales del contenido y el conocimiento. Enhorabuena.

Oximoronas 1. Circulan versiones no confirmadas que explican clara y contundentemente el derrame de petróleo en el golfo de México: No es ecocidio. Las tortugas muertas al verse nadando en petróleo, decidieron conscientemente suicidarse frente a la playa de Coatzacoalcos.

Oximoronas 2. Hechos son amores y no buenas razones, solía decirme mi madre cuando me portaba mal. Veo la reforma electoral deslavada que fue posible empujar, veo la foto de los coordinadores legislativos sonrientes y levantando las manos. Repaso lo sabido del costo altísimo en el que el PT y el Verde -los “aliados”, tasaron su apoyo y chantajearon a la presidenta como los peores mercenarios.

Enseguida viene a mi mente una imagen del primero de octubre en San Lázaro. Recuerdo esa foto tan promovida del beso en la mano. Sigo sintiendo la misma repugnancia ante personajes que debajo del traje fino y el zapato reluciente, esconden lo más ruin, lo más burdo, lo más sucio y nauseabundo en esto que llaman política.

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