Manuel Ruiseñor Liévano
LA CAÍDA DEL MERCADO DEL MAÍZ
Desde el inicio de esta misma semana, una noticia de orden global le está dando la vuelta a todo el país, causando revuelo en el golpeado sector agrícola nacional. Se trata de un tema de producción y comercialización; pero también de subsistencia y desaliento para los maiceros mexicanos y, por ende, para los chiapanecos.
El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), dio a conocer datos significativos del comportamiento del maíz. Se trata de cuatro reportes relevantes sobre el desempeño de la producción de cultivos de 2025, en los cuales destaca que la cosecha de granos en dicho país estuvo por encima de las expectativas del mercado, lo cual provocó que, de manera inmediata, el precio de los futuros del maíz en la bolsa de Chicago colapsara, afectando los mercados en México.
De 447.75 dólares por unidad, el precio cayó a 428.2 en cuestión de 5 minutos, en el marco de lo que ya se puede considerar como “la peor caída del precio internacional del maíz desde septiembre de 2024”.
Y es que, acorde al informe del USDA, el inventario estadounidense de maíz es de 6.5 millones de toneladas más de lo esperado por el mercado, de ahí que la afectación al precio, por haber mayor disponibilidad del grano básico, fuera tan marcada.
¿QUÉ SIGNIFICA PARA MÉXICO?
Hurgando en el espacio de la red del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA), nos encontramos que en su opinión esto representa una mala noticia para los productores nacionales, especialmente para la cosecha Primavera–Verano y la de Otoño–Invierno, al combinarse precios internacionales a la baja con la apreciación del tipo de cambio, lo cual reduce el valor en pesos de las cotizaciones.
Un efecto, nos dicen los especialistas, que se prevé aún más intenso debido a que varias regiones del país todavía tienen grano sin comercializar. Sinaloa, por ejemplo, cuenta con cerca de 120 mil toneladas de maíz blanco del ciclo otoño-invierno de 2024, mientras que el Bajío tiene almacenadas entre 600 y 700 mil toneladas del ciclo primavera-verano. A su vez, en Chihuahua se estima alrededor de un millón de toneladas de maíz amarillo pendientes de venta. Acumulaciones que presionan aún más los precios locales e implican menores ingresos por tonelada, por causa de los inventarios sin vender, lo cual reduce el margen de maniobra financiera y eleva el riesgo de endeudamiento para los agricultores.
En el caso de Chiapas, los maiceros aún esperan los apoyos gubernamentales que anunció el gobierno del estado, a efecto de cubrir el precio de garantía exigido y compensar con recursos propios el déficit del apoyo federal.
La cuestión es que la noticia llegó a todas y todos los productores en medio de una etapa delicada para el campo, donde a los bajos precios internacionales se suman problemas estructurales no resueltos, como la falta de liquidez y altos costos de producción. Todo lo cual, como bien recordamos, desde noviembre del año pasado y con alcance nacional, desató una serie de movilizaciones por parte de los agricultores.
AFECTACIÓN QUE TRASCIENDE
A la caída de las cotizaciones internacionales, hay que decirlo, se suma la apreciación del peso frente al dólar, lo cual disminuye el valor de las ventas agrícolas al convertirlas a moneda nacional. Para los productores mexicanos, este efecto cambiario se traduce en menores ingresos, justo cuando los costos de producción continúan al alza.
Un entorno bajista que coincide con la señalada falta de ajustes en los apoyos y en los precios de garantía, porque mientras el precio de referencia se mantiene en 6 mil 150 pesos, los productores demandan 7 mil 200 pesos para compensar el encarecimiento de insumos y sostener la viabilidad de las próximas cosechas.
EL ESCENARIO CHIAPANECO
Sin duda por igual es una mala noticia para los maiceros chiapanecos, los cuales se ya se venían desempeñando en un marco de crisis severa, marcada por sequías intensas, pérdidas significativas de cosechas (más de 8 mil hectáreas afectadas tan sólo el año pasado), falta de apoyos institucionales y problemas estructurales como la migración, la baja productividad y la precaria tecnificación agrícola.
Un panorama que sin duda afecta con mayor impacto a los pequeños productores, los cuales dependen del maíz para subsistir. Lo anterior, a pesar –y vaya paradoja– de que Chiapas es un productor relevante a nivel nacional.
Pero eso no es todo, porque a la problemática endémica de los maiceros con el intermediarismo prevaleciente llamado “coyotaje”, debe agregarse la creciente migración de campesinos y jornaleros jóvenes a las entidades del norte y noroeste del país y así también hacia los Estados Unidos,
Lo anterior –subrayamos– en un contexto que pone en riesgo la subsistencia de miles y miles de familias maiceras, a pesar de que las autoridades federales busquen asegurar el abasto nacional de maíz blanco.
LA CULTURA DEL MAÍZ EN CHIAPAS
Como bien se sabe, el maíz no sólo es el cultivo más extendido en Chiapas, sino que además es baluarte de identidad y base alimentaria de miles de comunidades rurales.
Durante décadas, la siembra de maíz ha sido una actividad de subsistencia que ha permitido a las familias garantizar alimento y, en algunos casos, ingresos complementarios. No obstante, en los últimos años el aumento en los costos de producción, la irregularidad climática y la falta de esquemas de protección, han ubicado a los productores en una situación cada vez más frágil.
Hay que decirlo con todas sus letras: el cierre del ciclo agrícola 2025 puso de relieve la crisis estructural del campo chiapaneco; pero también la ausencia de políticas públicas para el sector cuyo efecto se refleja en incertidumbre y vulnerabilidad para los productores.
Al ser evidente el riesgo económico que se corre en el agro chiapaneco, resulta urgente tomar cartas en el asunto más allá del discurso político tan al uso, porque de lo contrario persistirá el abandono progresivo, la pérdida de conocimientos agrícolas y una creciente dependencia alimentaria.
Los productores —con quienes hemos conversado al respecto— coinciden en que a falta de una estrategia integral que atienda las particularidades de cada cultivo, la crisis agrícola podría profundizarse en los próximos años.
Como ya señalamos en entregas anteriores sobre el tema en este espacio de Alfaro Noticias (“Chiapas: el campo no aguanta más”), sucede que el campo si bien resiste, cada ciclo agrícola lo hace con menos recursos, menores apoyos y mayor incertidumbre sobre su futuro. ¿O no?