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CARTA A MARIANA, CON ARTISTA SUBLIME / ARENILLA

CARTA A MARIANA, CON ARTISTA SUBLIME / ARENILLA
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Querida Mariana: antier conocí a Leydi, tocaya de la princesa Lady Diana. Claro, nuestra Leydi también es princesa, de Ojo de Agua, municipio de La Independencia.
A Leydi la conocí en la Feria del Barro, que se efectuó en San José Obrero. ¿Ya viste qué tiene en su mano? Una obra de arte, un muñeco maravilloso, que ella hizo con sus manitas. El muñeco está hecho con barro (un barro maravilloso, esto me dijo el gran ceramista Manuelito, de Yalumá). Ella, artista sublime, lo modeló con sus manos y lo pintó con tintes naturales.
Estaba argüendeando todas las maravillas que presentaron las artesanas cuando, en medio de unas ollas y tazas, apareció el muñeco. Fue como si de pronto toda mi infancia brotara. Ya me conocés, no pude evitar emocionarme, comencé a llorar, quienes estaban ahí me vieron como si yo fuera un extraterrestre. ¿Y a este tipo qué le pasa? Pasó que supe, antes de conocerla, que Leydi es una niña hermosa, con un tono de piel hecho de un barro divino.
¿Ya viste la carita del muñeco? Casi casi del tono que tiene el rostro de la niña cuando le da la luz. Lloré, porque supe que ahí está el futuro del mundo. Admiro (sin conocer mucho del tema) el avance de la Inteligencia Artificial, pero reconozco la Inteligencia Natural. Mi amiga Leydi hizo este muñequito con sus manos y con su sensibilidad.
Cuando el muñequito apareció como un gatito en medio de una multitud de tigres, dije que yo quería tenerlo, quería llevarlo a mi casa, no soltarlo jamás, colocarlo en un pequeño nicho, en un lugar que me recuerde a cada instante la carita de la artesana y el filón de oro de la nostalgia. ¡No lo vendan!, pedí, mientras buscaba un pañuelo para secarme las lágrimas. Me emocioné. Lo hice porque supe que ella había destinado tiempo en elaborar la figura.
Cuando Leydi se acercó le pregunté: ¿Cómo se llama el muñeco? Ella formó una mariposa en sus labios y dijo: “Saber”. Sí, qué nombre tan bello, pensé. Claro, por supuesto que sí, el muñequito se llama Saber porque eso es lo que representa, el conocimiento de generaciones anteriores. Los mayores de Leydi también jugaron con el barro. Todos hemos visto las grandiosas manifestaciones artísticas en los museos del país. Ahí están las obras de los grandes ceramistas mayas, choznos de esta niña maravillosa. Leydi sigue con la tradición. Por esto, querida Mariana, ya en otra carta te dije que esta Feria del Barro es la feria más importante de Comitán, por encima de la feria de Santo Domingo y de la de San Caralampio. Esta feria honra a la cultura anterior a la Conquista. Leydi bonita, hermosa, es continuadora de la gran tradición de este pueblo, ella, con sus manitas, preserva nuestra cultura y la convierte en juego más inteligente que un video juego.
Su obra me jaló, ella no lo sabe, pero cuando colocó el muñequito en medio de los demás objetos, lo estaba colocando para mí, para mis ojos, para mi sensibilidad. Ella no lo supo, pero sus manitas crearon este muñeco especialmente para mí. Por esto lloré, porque ella, niña linda, se convirtió en bálsamo para el espíritu de un viejo de sesenta y seis años. Ella tiene once años, recientemente concluyó su educación primaria y ahora se prepara para ingresar a la educación secundaria, con los nuevos libros de texto que, dicen, andan escasos en el conocimiento de la literatura y de la matemática. Dios mío. Por eso hay que impulsar el “saber” de nuestra cultura original. ¿Imaginás si los niños y niñas de la región jugaran con barro y crearan lo que su imaginación les impulsa? Vi en la Feria del Barro a varios niños y niñas pintando con acrílico las figuras de barro, los vi personalizando las obras, haciéndolas únicas.
Ahora, querida mía, tengo en casa al muñequito Saber, repaso mis dedos en su carita y veo que también pinta una sonrisa. ¿Ya viste que en la mano izquierda sostiene un vaso, un vaso grande, porque su mano es grande, casi tan grande como la mano del cuento de Julio Cortázar?
Ahora, perdón, mi niña, no dejo de ver la fotografía donde está Leydi con su obra. Me emociona su carita perfecta, su sonrisa luminosa. No sé qué futuro le depara a ella, pero si la sociedad impulsara las creaciones maravillosas de estas personas podría ayudar a que Leydi se dedicara al arte y fuera una gran triunfadora.
Posdata: nuestra gente, qué pena, ignora la genialidad de estos artesanos, compra productos en serie, que vienen de China, Dios mío, cuando tenemos tan cerca el genio de los artesanos locales. Nuestro mundo no alimenta el talento de lo nuestro. ¡Qué pena!
¡Tzatz Comitán!

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