1. Home
  2. Columnas
  3. Burocracia parasitaria / A Estribor

Burocracia parasitaria / A Estribor

Burocracia parasitaria / A Estribor
0

Juan Carlos Cal y Mayor

Seguramente no le va a agradar a algunos de mis lectores —empleados o funcionarios de gobierno— lo que voy a decir. No es algo nuevo. No es una ocurrencia. Es un mal que se ha ido arraigando y empeorando con el tiempo. Todos lo hemos padecido. Yo también, incluso cuando tuve la oportunidad de ser servidor público y libré una batalla constante contra empleados que no atendían a los ciudadanos o que parecían padecer una especie de esclerosis funcional a la hora de hacer su trabajo.

EL PARASITISMO YA HIZO METÁSTASIS

El parasitismo ya hizo metástasis en todo el aparato gubernamental y se manifiesta con mayor crudeza en estados donde hay empleados públicos de más. No porque se necesiten, sino porque el empleo gubernamental se volvió una forma de gobernabilidad ante la incapacidad del Estado para generar empleos bien remunerados en la economía real. Se administra la precariedad repartiendo plazas, no creando oportunidades.

ENTORPECER PARA MORDER

A esto hay que sumar la corrupción que fluye a todos los niveles para “agilizar” aquello que el propio Estado se ha encargado de entorpecer. El trámite se vuelve laberinto, el sello se convierte en moneda y el derecho termina degradado a favor. Nada avanza si no se aceita la maquinaria, una maquinaria diseñada para frenar, no para servir.

UNA AGENCIA SIN BRAZOS NI PIERNAS

Por eso se entendió —y se aplaudió— la creación de una agencia estatal de digitalización y mejora regulatoria. La iniciativa fue correcta en su planteamiento: atacar de raíz la tramitología inútil, la discrecionalidad y el abuso de ventanilla. Pero crear una dependencia no basta si no se le dan instrumentos reales para ejecutar. No es solo carga de esa agencia; es reflejo de un sistema que se resiste a cambiar porque demasiados viven de que nada cambie.

FILAS, MADRUGADAS Y HUMILLACIÓN

Cientos de personas hacen filas todos los días desde la madrugada para realizar trámites que en otros estados se hacen desde casa. Adultos mayores cargando carpetas, copias y requisitos absurdos, esperando horas bajo el sol o la lluvia. Eso no es humanismo.

TIEMPO ROBADO, PRODUCTIVIDAD DESTRUIDA

¿Cuántas horas y días improductivos pierde un ciudadano para pagar los impuestos de donde salen los sueldos de esa burocracia mal encarada que, al mínimo pretexto, rechaza un trámite y lo manda de vuelta a la cola? No es solo tiempo perdido: es dignidad erosionada, economía asfixiada y hartazgo social acumulado.

BAJEN DE LOS PEDESTALES

Los políticos y los altos funcionarios deberían salir de sus cómodas oficinas y caer de improviso en la realidad cotidiana. Visitar hospitales sin aviso, para que no les maquillen la escena. Ir a las dependencias donde la gente se arremolina desde el amanecer para cumplir requisitos innecesarios. Ver, escuchar, padecer.

La iniciativa fue del gobernador y la intención es correcta. Pero si no hay eco en las dependencias, si nadie ejecuta, si nadie obedece, entonces el problema no es el diseño sino la deslealtad silenciosa del aparato. Los parásitos están cómodos y el gobernante corre el riesgo de vivir engañado por informes que no pisan la calle.

Un gobierno no decae solo por malas decisiones, también decae cuando su propia burocracia lo sabotea por omisión, por comodidad o por miedo a perder privilegios. Y cuando eso ocurre, la factura no se la cobra la historia al burócrata: se la cobra al gobernante.

LEAVE YOUR COMMENT

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *