Sr. López
Tío Juan de Dios, se lo he contado antes, era un señor alto, elegante como para rentarlo para entregar novias al pie de altar. Vivía de dar conferencias sobre vida cristiana, matrimonio noviazgo y educación de los hijos. Hablando conmovía y convencía. Parroquias, escuelas católicas, asociaciones pías y algunos obispos, llenaban su agenda. Cobraba bien. Este menda, ya grandecito, le preguntó cómo soltaba esas disertaciones piadosas siendo que era cliente distinguido de establecimientos de esparcimiento masculino y sin enfado, dijo: -Yo digo qué se debe hacer, no que hagan lo que yo hago -¡vaya!
Sin respetos humanos, afirmó el pasado viernes este su texto servidor, que en México, el problema es el gobierno, el actual, sin que eso signifique que no hayamos tenido antes otros gobiernos de pena ajena. Sin embargo, el cuatroterismo en curso se distingue de malos gobiernos pretéritos, en que es el primer gobierno de México que intenta algo imposible: regresar al pasado.
Efectivamente, el gobierno que implantó el Pejehová y continúa su fiel prosélita, enarbola una transformación nacional, sin definirla y pregona el humanismo mexicano, sin ni siquiera darse cuenta de lo risible de decir semejante barbaridad: si es “mexicano”, deja de ser humanismo, que el humanismo es universal o no es… pero, ni intentar explicarles.
Junto con esa cómica propuesta, también sostienen ser un gobierno cuyas prioridades son: la justicia social; la honestidad (el chiste se cuenta solo); la austeridad (en el sector salud… ¡que no hay que enfermarse!); la ética compartida (¡dioses!); y también hablan de amor al prójimo (eso sí han cumplido, empezaron dando abrazos a discreción y siguen ahora dándolos a compañeros de gobierno, de partido, amigos y parentela).
Refuerzan su florilegio de mínimas (no máximas), con su lema favorito “primero los pobres” y su “economía moral”, lo que prueba su levedad intelectual: la economía, la física o la arqueología, no puede ser morales o inmorales, son ciencia. Lo que hay es ética económica… ni intentar explicarles.
Eso de la economía moral sirve para acabar de conocerlos. Jamás han dado crédito al que acuñó en 1971 ese excéntrico concepto, un señor serio, catedrático británico, Edward P. Thompson (no, no fue Amartya Sen el “padre de la economía moral”, no le haga caso a San Google), marxista alejado del marxismo soviético que lo acusaba de estar al servicio del imperialismo yanqui.
Don Thompson, proponía su “economía moral”, como modelo económico fundado en normas de justicia social, antagónico al capitalista y la economía de mercado. Bueno, eso decía el caballero que fue clave en la concepción de la Nueva Izquierda de Herbert Marcuse, opuesta al marxismo fundado en el materialismo dialéctico y la lucha de clases… dejémoslo aquí, se acaban las dos cuartillas reglamentarias. Pero, que quede claro: los cuatroteros mayores, sin dar crédito toman ideas de otros, de hace más de medio siglo porque les dan discurso, que la viabilidad ya se vería después.
Anida dentro de ese muégano de complicidades, Morena, que llaman partido, un núcleo duro de marxistas rayanos en el trotskismo, pero ni se apure, nadie les hace caso y su venerado Enrique Dussel, ese fantasmón, tuvo a bien morir y se le desea descanso eterno (no es uno mala persona).
Así, sin ruborizarse, su discurso de izquierda chancla pata de gallo es retórica para el consumo de los de siempre, los de abajo, los desposeídos, los olvidados que al oírlos (¡primero los pobres!), creen que ya se acordaron de ellos. No es cierto.
Tan no es cierto su perorar, que en los hechos apoyan el neoliberalismo capitalista del libre mercado que dicen detestar, como prueba su vigorosa defensa del tratado de ¡libre comercio!, el T-MEC; como prueba que no cambian una letra de las políticas económicas que consignan en el proyecto anual de ingresos y egresos de la Secretaría de Hacienda, las mismas desde hace varios gobiernos; como prueban las invitaciones al más destacado empresariado a Palacio Nacional; como prueba la visita del Pejecutivo a la Casa Blanca, llamando “amigo” al Trump; como prueba que lo único que le falta a doña Sheinbaum cuando le echa telefonazos al Trump es ponerse un clavel reventón en la boca, según ella siempre platican sabrosito. Son mentira.
Habrá quien sienta alivio… bueno, menos mal, es puro rollo, no vamos al comunismo. Y no. Nadie se equivoque. El verdadero y único proyecto de esta versión Dos del PRI que es Morena, es perpetuarse en el poder.
Habrá otro que piense… ¿y qué?, igual aguantamos 70 años al PRI, ¡ni que fuera para tanto! Y otra vez, no. Estos, quieren reinstalar el cardenismo (de Lázaro Cárdenas, claro), ese que Luis Echeverría en los años 70 del siglo pasado, adoptó como postura ideológica para el consumo interno y para intentar ser líder del resto de América Latina.
Y no se le olvide si lo vivió y entérese si es joven: Echeverría hundió al país, fue populista, represor y autoritario, el país entero alucinaba con que ya terminara su sexenio. Y estos cuatroteros en el poder siguen sus pasos, su caminar y de a poquitos van imponiendo un régimen autoritario… para perpetuarse en el poder, su único proyecto, se lo repito.
Como siempre hay un optimista irredimible al que no preocupe nada de esto, se le solicita si no tiene inconveniente para ello, reflexionar en que NUNCA hemos tenido un gobierno acusado de ser cómplice de la delincuencia organizada. Acusado por los EU.
Es de creerse sin fantasear, que ni el Pejestorio ni la señora Sheinbaum, se sientan a hacer acuerdos con narcos. No, no se concibe. Pero hay complicidad por omisión y los dos, son omisos, lo sabe el mundo.
Este gobierno no cede en nada que pueda estorbarles conservar el poder y no fumiga a la clase política de la influencia de los narcos, para no desbaratar su estructura de captación de votos. Pero esa ralea es insaciable y eso significa que antes de que nos demos cuenta, tendríamos al frente del país a personeros de los barones del mal.