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Asco / La Feria

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Sr. López

La prima Teté -de las de Toluca-, nunca mentía y la vez que tía Esther (o Teté grande), la acorraló con pelos y señales, de que la habían visto entrar a un hotelito del barrio, lo negó en redondo. Tía Esther se quedó con la duda y el remordimiento de que tal vez la había acusado en falso. Días después, ya tranquilas las aguas, le insistió y Teté, que nunca mentía, le dijo: -No, mamá, ¡que no!, no me vieron entrando… iba saliendo -¡acabáramos!

Contenemos el aliento todos los gallardos integrantes del peladaje nacional: ¡el Noroñas se retira de la política!… sí, el pasado jueves 20 de marzo, el caballero (es un decir, pero empieza igual, con “cab…”), se comprometió por escrito a que si leprobaban que voló a París fue en Business Class, se retiraba: “Dicen que viajé en primera. Mienten. Que lo demuestren y si lo hacen, yo me retiro de la política”.

Y ayer, como las listas de pasajeros no se esfuman, aceptó que sí, pero: “El viaje lo pagué con mi dinero, recibí el equivalente al costo de turista y la diferencia la pagué de mi bolsillo, que para ello trabajo”.

Listo, como cree que es, añadió “Air France ni siquiera tiene primera clase en su vuelo a París”. Es cierto, en Air France se llama ‘La Première’, que según la propia línea, “ofrece una experiencia más premium que la clase Business de Air France”. Le digo, ¡qué listo!

Como sea, primero lo negó y dijo que si hubiera cometido ese pecado de lesa austeridad cuatrotera, renunciaba a la política así que (tratos son tratos), ¡a renunciar, a renunciar! No lo veremos; la entomología niega esa posibilidad a tales bichos.

Y sobre su hilarante afirmación de que trabaja, le tengo noticias al Noroñas: nunca ha trabajado, si trabajar es la ocupación retribuida que produce bienes o servicios. La grilla de pelado de barrio bajo, que se sepa, no es trabajar. En fin.

Como estamos hablando de cinismo extremo, mejor le cuento una de no creerse:

Se supone que los EEUU traen a Venezuela como perico a trapazos, con sanciones que se supone deberían ahorcar y derrumbar a ese régimen de forajidos (el de Venezuela… no sea llevado). Pero ayer, se viene uno a enterar por boca del Trump, que a partir del 2 de abril, “aplicará un arancel del 25% a todos los países que adquieran petróleo o gas de Venezuela”; y peor, que “hace poco, el gobierno estadounidense, otorgó a la petrolera Chevron un plazo hasta el 3 de abril para finalizar sus operaciones en el país caribeño”. ¡Zaz!

Uno se cree que los EEUU hacen cuanto pueden para que caiga ese régimen sin tener que mandar Marines… y no. Según el propio Departamento de Comercio de los EEUU, Venezuela es uno de sus principales proveedores de petróleo; y es el segundo comprador de petróleo venezolano, solo debajo de China. En 2023, sus importaciones de Venezuela, crecieron el 64%.

Lo que hicieron los EEUU fue bloquear la “licencia amplia” al el sector energético, para emitir “licencias individuales” (que es la que tiene la Chevron). Chulada.

Será el sereno: como siempre, el tío Sam hace lo que le conviene y le da la gana, aunque sea financiar al régimen del fétido Maduro. Nadie olvide nunca: el imperio no tiene límites ni escrúpulos a la hora de cuidar lo que le interesa. Si lo duda, ahí le va una peor:

Durante la Segunda Guerra Mundial, la Standard Oil (Exxon), la General Motors (GM), Ford y otras empresas yanquis, apoyaron con amplitud los esfuerzos bélicos nazis.

Las cifras pueden discutirse, pero por ahí del 90% de los camiones blindados y arriba del 70% de los camiones medianos y pesados de la Wehrmacht, el ejército de Hitler, los produjeron GM y Ford. Los soldados aliados, ya invadida Europa después del Día D, se llevaron la amarga sorpresa de que sus enemigos se movían en camiones hechos por la Ford y GM (con marca Opel, su subsidiaria).

Peor: la poderosa Luftwaffe, la fuerza aérea alemana no hubiera podido ni despegar sin el aditivo que necesitaba su combustible, el tetraetilo que le vendían las filiales de Exxon y General Motors (asociada con IG Farben); sin eso no hubiera habido bombardeos a Londres, por ejemplo… ni invasión, ni guerra para acabar pronto. Por cierto, también se lo vendieron a Japón, detallito.

Hicieron muchas trastadas esas tan decentitas empresas yanquis… y no se crea que no lo sabían sus autoridades, desde esos tiempos, en la presidencia de Roosevelt, en 1941, se acusó a la DuPont, GM y Standard Oil, por violar la Ley de Comercio con el Enemigo y al presidente -Walter Clark-, y al director William Farish-, de la Standard Oil, se les acusó de traición a la patria… y se impuso una multa simbólica a la Standard Oil en marzo de 1942. Volvió a salir el asunto de las acusaciones contra GM y Ford en 1974, en las audiencias del Congreso yanqui, pero ambas empresas gastaron carretadas de dinero contratando periodistas e historiadores para negar todo.

Lástima que en los Juicios de Nuremberg, las declaraciones del que fue ministro de Economía de la Alemania nazi, Hjalmar Schacht, soltó la sopa delante de los jueces Aliados y dijo que el Tercer Reich había sido financiado desde el extranjero también por la Ford y la General Motors (se apuraron de declararlo inocente y lo mandaron a su casa, con lo boquita cerrada; cumplió, pero quedó registrado). 

Pero como siempre hay alguien que se aferra y niega por negar, recuerde que James Mooney, director ejecutivo de GM para operaciones en el extranjero, recibió el 9 de junio de 1938 la Orden del Águila Alemana (primera clase) de manos de Adolf Hitler; y el mismísimo Henry Ford, el 30 de julio de 1938, fue condecorado por Hitler con la Gran Cruz de la Orden del Águila Alemana (se la entregó en EEUU el cónsul general de Alemania); y también, Ernest G. Liebold, secretario privado de Henry Ford, recibió esa misma presea en septiembre de 1938. Y Hitler no andaba quedando bien. Condecoraba a los que le ayudaban.

Sirva esta remembranza para que nuestro gobierno se vaya enterando de la calaña del imperio: que se prevengan, hacen lo que les conviene y nada les da asco.

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