
Rodulfo Reyes
En lo que le está pasando a la llamada Cuarta Transformación y a su fundador, Andrés Manuel López Obrador —y también a su principal operador, Adán Augusto López Hernández—, no se ha valorado que en el origen de todo esto subyace la respuesta de la prensa mexicana ante la forma casi criminal en que el oriundo de Macuspana intentó desaparecer a los periodistas que no se le plegaron.
La animadversión del expresidente contra los medios y comunicadores que lo cuestionaban era enfermiza. Ahí está el caso de Carlos Loret de Mola, a quien desde Palacio Nacional, la principal tribuna pública del país, AMLO exhibió criminalmente al revelar información sobre sus propiedades y cuentas bancarias.
Villano favorito de López Obrador, el reportero de origen yucateco igual fue blanco de Adán López, quien como secretario de Gobernación hizo alarde de la fuerza del Estado para intentar aplastarlo, al grado que llegó a acusarlo de gatillero.
Con sarcasmo, el conductor de Latinus le respondió que ni siquiera su patrón Andrés Manuel había llegado tan lejos en insultos en su contra.
Loret y Latinus fueron piezas fundamentales para exhibir a los López, los principales exponentes de la 4T.
Antes de que borbotearan las denuncias mediáticas de los escandalosos casos del huachicol fiscal en los que aparece como principal involucrado el senador tabasqueño, Loret documentó las empresas fantasmas de su fallecida hermana Rosalinda, que recibieron transferencias millonarias del gobierno de Chiapas encabezado por su cuñado, Rutilo Escandón Cadenas.
Perseguida hasta la ignominia por el régimen de López Obrador, la prensa crítica ha sido reivindicada por las acciones de la justicia del gobierno de Donald Trump contra figuras relevantes de la 4T presuntamente vinculadas al narcotráfico.
La prensa mexicana ha jugado un papel relevante: muchos de los datos que hoy utilizan las autoridades estadounidenses fueron revelados primero por reportajes de medios nacionales.
Fueron periodistas aztecas quienes documentaron en Sinaloa el presunto operativo del narcotráfico y Morena para instalar en el Ejecutivo estatal a Rubén Rocha Moya, y así ha quedado acreditado en la Corte de Nueva York que ha pedido su detención con fines de extradición junto con otros nueve funcionarios y ex funcionarios sinaloenses.
También fueron comunicadores como Ramón Alberto Garza —en su momento muy cercano a López Obrador— quienes revelaron, antes que las autoridades del vecino país, que durante el sexenio pasado existió un operativo de Estado para introducir de contrabando el llamado huachicol fiscal.
El caso de Adán López es similar al de López Obrador: apenas llegó a Plaza de Armas de Villahermosa, en 2019, ordenó desaparecer la Coordinación General de Comunicación Social del estado.
Previo a lograr el poder había dicho que cuando llegara a la gubernatura los periodistas tabasqueños tendrían que irse a Guatemala, lo cual soltó cuando le comentaron que algunos reporteros locales realizaban trabajos de comunicación para el gobierno de Campeche de Alejandro Moreno.
Como gobernador de Tabasco y como secretario de Gobernación, Adán respondía con frecuencia de manera prepotente a los medios.
Nada que ver con el actual Adán López, que luce avejentado y enfermo, y que cada vez que es entrevistado responde que él no acostumbra a dar declaraciones, cuando de todos eran conocidos sus desplantes ante comunicadores.
Era otro cuando tenía el poder en sus manos y contestaba con burla, como cuando dijo que los periodistas tabasqueños tendrían que exiliarse en la nación centroamericana o cuando llamó gatillero a Loret.
Ahora, cuando —según diversos analistas— se encuentra cerca de enfrentar procesos judiciales en Estados Unidos por casos que antes denunciaron los periodistas a los que injurió, aquel Adán Augusto arrogante parece haberse esfumado.
Lo que queda es un político decrépito con la mirada extraviada, al que de nada le serviría en una celda gringa la insultante fortuna que se le atribuye por las decenas de empresas constituidas desde su notaría para presuntamente desviar recursos públicos.
Y que la prensa lo destruyó da cuenta la última encuesta para el diario El País, de España, de Enkoll: Adán López es el político más repudiado de México, lugar del que desbancó al líder priísta Alejandro Moreno.


